
La función tiene todos los atributos del poder, pero carece de autoridad real. Un solo paso en falso puede derivar en una destitución pública y sin ceremonia, y posiblemente en una pena de cárcel.
Perú se está ganando la reputación de ser el peor lugar del mundo para ser presidente.
“Ya no quiero ponerlo en mi biografía”, dijo el expresidente Pedro Pablo Kuczynski. “Ser presidente de Perú es un chiste”.
El poder Ejecutivo alcanzó nuevos niveles de impotencia la semana pasada cuando las Fuerzas Armadas impusieron un contrato por US$ 2,000 millones para 12 aviones de combate pese a las objeciones del líder interino del país. Fue solo el último revés para un cargo en el que todas las personas elegidas en las últimas tres décadas han sido destituidas, encarceladas o investigadas penalmente.
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Los votantes decidirán en una segunda vuelta en junio quién sucederá al presidente interino, José María Balcázar, de 83 años, si es que aún ocupa el cargo para entonces. El ganador heredará una economía que ha seguido creciendo pese a la turbulencia política, pero tendrá un margen de maniobra muy limitado frente a un Congreso poderoso, lo que restringe la capacidad de aplicar políticas reales y duraderas.
“Se ha perdido todo el respeto a la figura presidencial, el Estado ya ha perdido su rumbo”, dijo la ex primera ministra Mercedes Aráoz. La saga de los aviones de combate, añadió, demuestra cómo la presidencia rotativa de Perú solo conduce a decisiones improvisadas una tras otra.
Balcázar accedió la semana pasada a comprar el lote de aviones F-16 a Lockheed Martin Corp. tras la presión de Estados Unidos, así como de su propio Ejército, gabinete y liderazgo del Congreso. Previamente había anunciado en varias ocasiones que dejaría la decisión en manos de su sucesor, lo que generó especulación en el Congreso sobre una posible destitución.

Exlíderes y expertos afirman que la presidencia peruana se ha debilitado en los últimos años en múltiples frentes, con la destitución siempre en el horizonte. Un mecanismo constitucional permite al Congreso remover a los presidentes si han mostrado “incapacidad moral permanente”. Lo que eso significa queda a criterio de los legisladores.
“Es una invención, nadie sabe definir que cosa es y crea inestabilidad”, dijo Kuczynski, cuya presidencia marcó el inicio de la actual etapa de tensiones políticas en Perú. Renunció en marzo de 2018 tras dos intentos de destitución por parte del Congreso controlado por la oposición debido a sus presuntos vínculos comerciales con Odebrecht SA, una constructora conocida por sobornar a líderes políticos en América Latina.
Desde entonces, ningún presidente peruano ha durado siquiera tres años, algunos apenas unos meses y uno incluso menos de una semana.
Bajo presión
Los planes de Perú para comprar nuevos aviones de combate comenzaron en 2024 y abarcaron tres presidencias. Balcázar asumió el cargo recién en febrero y tiene previsto dejarlo en julio tras las elecciones generales.
Todo estaba listo para firmar el contrato con Lockheed el 17 de abril. Pero el presidente canceló la ceremonia de firma apenas horas antes de su inicio, lo que irritó a Washington. El embajador de Estados Unidos en Perú, Bernie Navarro, dijo que su país usaría “todas las herramientas disponibles” contra quienes “traten con Estados Unidos de mala fe y socaven sus intereses”.
En los días siguientes, Balcázar realizó una ronda por medios locales para negar los rumores de que el acuerdo estaba cerrado. El legislador de un partido de extrema izquierda dijo que una decisión de tal magnitud, que implica endeudamiento, debía ser tomada por un presidente elegido por voto popular, no por alguien que ocupa el cargo de forma temporal por designación del Congreso.

El 20 de abril, Balcázar había afirmado que “no se ha firmado nada”. Sin embargo, ese mismo día funcionarios de defensa firmaron el contrato, pese al rol del presidente como comandante en jefe de las Fuerzas Armadas.
Los ministros de Defensa y Relaciones Exteriores renunciaron temprano el miércoles, mientras algunos legisladores comenzaban a discutir mociones de destitución. Horas después, y tras una visita del embajador Navarro a la oficina del primer ministro, el gobierno cedió. El Ministerio de Economía y Finanzas confirmó lo que el presidente había negado: pagó US$ 462 millones para cumplir con el primer plazo del contrato.
Al parecer fueron los ministros de Balcázar quienes intervinieron para imponer orden, subordinados a las coaliciones parlamentarias que los ratificaron apenas dos semanas antes, dijo el analista político Carlos Meléndez.
“Perú es sistema presidencialista en el papel, pero en la práctica un parlamentarismo de facto”, afirmó. “El Congreso termina tomando decisiones, poniendo gobernantes”.
Súper Congreso
El Congreso de Perú designa a los principales jueces que deciden sobre la constitucionalidad de las leyes. También puede aprobar normas que imponen grandes gastos al poder ejecutivo, una práctica que antes estaba prohibida, pero que fue habilitada en un fallo de la Corte Suprema en 2022.
Solo en los últimos meses, los legisladores han aprobado una docena de regulaciones que le costarán a Perú, durante mucho tiempo elogiado por su bajo endeudamiento, más de US$ 3,000 millones al año, según el Consejo Fiscal, un organismo público de supervisión.
La creciente influencia del Congreso, la debilidad del presidente y los choques constantes entre ambos poderes no muestran señales de terminar pronto. En un país con profunda desconfianza política, el próximo presidente tendrá poco respaldo popular. La candidata conservadora Keiko Fujimori ganó la primera vuelta con solo el 17% de los votos. Su rival, aún por definirse para la segunda vuelta del 7 de junio, obtuvo incluso menos.

La autoridad electoral de Perú revisa ahora cientos de miles de votos impugnados que definirán si Fujimori se enfrenta al izquierdista Roberto Sánchez o al populista de extrema derecha Rafael López Aliaga.
El próximo presidente también enfrentará un Congreso más fuerte, ya que el país volverá al bicameralismo por primera vez en más de tres décadas. La restauración del Senado busca elevar el umbral para destituir al presidente al requerir apoyo de ambas cámaras. Pero sin una mayoría parlamentaria, el nuevo líder probablemente enfrentará las mismas dificultades de gobernabilidad que han afectado a todos los líderes recientes de Perú.
Solo una victoria de Fujimori podría abrir paso a una situación más estable, dijo Meléndez, ya que su partido tendría una de las mayores minorías en ambas cámaras. De lo contrario, “el presidente va a ser esclavo de quien controle el Congreso”.







