
María vende ropa en un mercado de Lima. Lleva doce años vendiendo y cobra y paga con el celular, que sabe más de su negocio que cualquier entidad. Pero para el sistema casi no existe. Según el IPE, solo 1 de cada 4 microempresas accede a financiamiento. A María le falta información que el sistema pueda leer, y eso cambiará con las finanzas abiertas: podrá autorizar que sus datos (pagos, ingresos, historial) viajen seguros a la entidad que elija. El camino ya empezó: la SBS aprobó el Reglamento de Banking as a Service y, recientemente, prepublicó el proyecto de Reglamento de finanzas abiertas, y el BCR lanzará la plataforma Tapp a fin de año.
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Hoy, María difícilmente obtiene un crédito por falta de historial crediticio, aunque su celular sí lo tiene. Mañana, autorizará compartir esa información, la evaluarán en minutos y obtendrá una tasa según su riesgo real. Hoy paga alquiler, luz y proveedores en apps distintas; con Tapp (y un iniciador de pagos) autorizará una vez y los pagos se debitarán de forma automática y recurrente. Si su hijo trabaja en el extranjero, los nuevos rieles de pago para transferencias transfronterizas, como los activos de la blockchain, harán que el dinero llegue más rápido y barato a esa misma app, donde verá sus cuentas.
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A María le basta saber que puede acceder a mejores servicios y protegerse: qué autoriza, cómo revoca y cómo reconoce un fraude. Esa educación financiera debe llegarle cuando y donde la necesita. Aquí las microfinancieras tienen una ventaja competitiva respecto al resto: su cercanía con María y su conocimiento de ella, sumados a los datos que obtendrán.
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Esa ventaja se trabaja. En un ecosistema abierto, María compartirá su información con quien le ofrezca mejores condiciones, y la competencia será por quién tenga la mejor experiencia para María. Se necesitarán capacidades: legales (buen compliance y contratos que gestionen bien los riesgos con terceros), tecnológicas (APIs listas y una arquitectura segura que no dependa de un solo proveedor) y comerciales (productos pensados desde las necesidades de María). También gobernanza, que defina cómo se gestiona la innovación y las responsabilidades asociadas; y gestión de riesgos, incluidos la ciberseguridad y los riesgos de los terceros con los que la entidad se alíe, pues ellos siguen siendo responsables. Y personas que acepten el error si se corrige rápido y se aprende de él, con la “mente de principiante” que, como destacó David Vélez, fundador de Nubank, en el Latam Fintech Market de Barranquilla, permite retar el actual statu quo.
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Estas capacidades toman tiempo; quien espere a que la norma esté vigente llegará tarde. Cuando María reciba un crédito en minutos, programe sus pagos y reciba el envío de su hijo en su celular, sentirá que alguien, por fin, “la vio”. La pregunta para las microfinancieras es si quieren estar ahí para María.
Ljubica Vodanovic es socia de Vodanovic.







