
Escribe: Rodrigo Isasi, Partner & Managing Director de Empathy
Año 1976, entrega número 18 de los premios Grammy. Suben al escenario dos leyendas del jazz: Ella Fitzgerald y Mel Tormé. Mel, apodado “The Velvet Fog”, bromea con Ella: comenta que le preguntan seguido qué es el jazz y no sabe cómo explicarlo. Ella no responde con palabras. Responde con un gesto vocal, su icónico scat. Mel entra en el juego. Lo que empieza como una broma se convierte en una co-creación mágica, una improvisación que aún se usa en escuelas de música para mostrar lo que realmente es el jazz: un lenguaje vivo, donde uno propone, el otro responde y juntos crean algo nuevo.
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Volvamos al presente. Un clásico del fútbol peruano: Alianza Lima versus Universitario. Las barras cantan sin parar, se gritan, se insultan. Cada una quiere sonar más fuerte que la otra. Si llevamos esa lógica a una conversación en un bar, el tono cambia, pero la esencia es la misma: nadie escucha realmente. Solo se lanzan estadísticas sesgadas para demostrar que el propio equipo es mejor. Nadie espera convencer al otro. Solo se busca expresar, imponer, reafirmar la propia verdad.

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Estos dos ejemplos ilustran dos formas radicalmente distintas de comunicarnos. Otto Scharmer, autor de la Teoría U, las describe como los extremos de un espectro: la descarga y la co-creación. En la descarga, no hay escucha real ni apertura. Solo repetimos lo que ya pensamos. En la co-creación, en cambio, los participantes están presentes, atentos a los otros y al momento, como Ella y Mel. Entre ambos extremos se encuentran el debate —donde se escucha solo para responder— y el diálogo —donde se escucha con empatía para entender.
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Estamos entrando a un año electoral. Aunque muchas veces digamos “no se habla de política ni de fútbol en la mesa”, sabemos que lo haremos. En espacios donde todos piensan como nosotros, y en otros donde no. En reuniones presenciales y, sobre todo, en redes sociales.
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La pregunta es: ¿Esas conversaciones a qué se parecerán más: all jazz o a las barras de los compadres?
La polarización ha tomado gran parte del espacio público. Escuchamos a líderes de opinión perder los papeles, subir el volumen, atacar al otro antes que cuestionar sus propias ideas. En cambio, ejemplos del otro tipo, del diálogo generativo, son escasos. Pero existen.
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El año pasado, participé en dos espacios especialmente diseñados para combatir la polarización. El Encuentro Anual Escucha, Diálogo y Consenso, organizado por Es Hoy y facilitado por Mosaico y ProDiálogo, donde confluyeron líderes empresariales y de sociedad civil con visiones políticas diversas. Y el programa Voces contra la polarización de Recambio, donde junto a periodistas y líderes regionales aprendimos a reconocer nuestros sesgos, a cuestionar nuestras reacciones automáticas y, sobre todo, a escuchar sin perder nuestras convicciones.
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¿Qué pasaría si cultiváramos más conversaciones jazzísticas? ¿Si pasáramos del intercambio de monólogos al diseño compartido de ideas?
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Seamos catalizadores que en vez de subir el volumen, ayudemos a subir la calidad de nuestras conversaciones. Especialmente en nuestras organizaciones, nuestros equipos y nuestro entorno inmediato. Como líderes, tenemos la responsabilidad de modelar formas más empáticas y valientes de dialogar. No se trata de estar de acuerdo. Se trata de estar presentes. Y permitir que algo nuevo emerja.








