“Los políticos suelen omitir la otra parte del presupuesto, los ingresos. No solo los candidatos, sino también los actuales congresistas”. (Foto: Andina)
“Los políticos suelen omitir la otra parte del presupuesto, los ingresos. No solo los candidatos, sino también los actuales congresistas”. (Foto: Andina)

Continuando con sus informes sobre los ofrecimientos de los candidatos en la presente campaña electoral, Y para estar en línea con el tema, las agrupaciones políticas en pugna por la presidencia de la República –y el control del Congreso, que les sería más apetecible, políticamente hablando–, están planteando “megapromesas”. En muchos casos, se trata de proyectos que figuran en el Plan Nacional de Infraestructura, que maneja el MEF, ya avanzados o con aprobación para arrancar, pero en otros, los candidatos han dejado volar la imaginación.

Figuran desde reactores nucleares modulares, para abastecer de energía a zonas aisladas de la Amazonía, cuando lo más eficiente y menos oneroso sería la instalación de paneles solares; un puerto aeroespacial (¿?); un satélite, enfocado en cerrar la brecha digital rural (no es necesario tener uno propio); así como “megacárceles” para albergar 10,000 y hasta 60,000 reos, es decir, números que sería imposible manejar. También se ofrece una planta de baterías de litio en Puno. Este metal es básico tanto para la transición energética como para las ambiciones de políticos. Por ejemplo, ya existen iniciativas en el Congreso que buscan estatizar la explotación y procesamiento del recurso –con planta de vehículos eléctricos incluida–.

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Los políticos suelen omitir la otra parte del presupuesto, los ingresos.  Foto: GEC
Los políticos suelen omitir la otra parte del presupuesto, los ingresos. Foto: GEC

En vista que trenes y metros están de moda en el ambiente político, hay aspirantes al poder que se han subido al vagón y prometen metros para ciudades como Arequipa, Piura y Trujillo, así como diversidad de ferrocarriles a lo largo y ancho del territorio nacional. Todo esto costaría decenas de miles de millones de dólares, en especial si el financiamiento tuviese como fuente el tesoro público, vía esquemas Gobierno a Gobierno (G2G). Sin embargo, las asociaciones público-privadas (APP) también contienen un componente de gasto estatal, sobre todo en el levantamiento de interferencias y en la forma de retribución a los operadores de la infraestructura cuando es puesta en operación.

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Los políticos suelen omitir la otra parte del presupuesto, los ingresos. No solo los candidatos, sino los actuales congresistas, que parecen creer que el dinero es maná que cae del cielo (menos de US$ 20,000 millones), porque hay restricciones presupuestales, las mismas que no desaparecerán en el mediano plazo. La gran pregunta es si los electores creerán en las fantasiosas megapromesas de esta campaña.

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