
La reorganización del Ministerio de Salud (Minsa) por 90 días es, en principio, una decisión positiva. El propio ministro Luis Dyer ha reconocido que el problema no es únicamente presupuestal, pues el Minsa arrastra atraso tecnológico y serias deficiencias de administración y gestión. Fusionar áreas y simplificar un organigrama excesivamente grande parece razonable. Pero sería un error confundir una reorganización con una reforma. Y lo que el país necesita es esto último.
LEA TAMBIÉN: Tres errores contables que pueden hacer que tu negocio pierda el rumbo
Las señales de deterioro son demasiado severas como para conformarse con un rediseño burocrático. Dyer ha señalado que el tiempo promedio que espera un paciente para ser atendido en los establecimientos de salud de Lima es actualmente de cuatro meses y medio, mientras que una intervención quirúrgica tarda, en promedio, ocho meses y medio. Su gestión plantea reducir en 50% el primer plazo y llevar el segundo a cuatro meses y medio. A ello se suma un Minsa que, según el ministro, pasó de alrededor de 15,000 trabajadores en el 2021 a unos 23,000, mientras las remuneraciones elevaron su participación en el presupuesto de 30% a 52%.
LEA TAMBIÉN: ¿Se puede exigir pagos a todas las empresas de un grupo solo por haberles prestado servicios?
Ese contraste nos lleva a mirar cómo se refleja en servicios esta distribución del gasto. Las deficiencias aparecen en cuestiones elementales como pacientes que esperan meses por atención, equipos médicos fuera de funcionamiento, problemas de abastecimiento y procesos que todavía dependen de procedimientos manuales. La brecha tecnológica también es enorme: el 54% de los 7,400 establecimientos administrados por el Minsa no tiene acceso a internet.
LEA TAMBIÉN: Pesimismo regresa a minería e hidrocarburos: expectativa para invertir en terreno negativo
La reorganización puede contribuir a ello, pero no debería convertirse en el objetivo. El propio plan de gobierno de Fuerza Popular ofrece una meta bastante más exigente. Allí se diagnosticó la fragmentación entre Minsa, EsSalud, sanidades y privados, y se prometió llevar la telemedicina al 100% de los establecimientos del primer nivel y reducir en 30% los tiempos de espera hospitalaria e integrar al 80% del sistema mediante una historia clínica electrónica vinculada al DNI.
LEA TAMBIÉN: ¿Puede una empresa exigir trabajo presencial tras efectos de una emergencia climática?
El propio Dyer ha dicho: “Hoy la población nos pide resultados”. Y esos resultados no deberían medirse por cuántas direcciones se fusionan, cuántos contratos se reducen o cuántos cargos cambian de lugar o desaparecen en un organigrama. Habrá que mirar cuánto disminuyen realmente las esperas, si hay medicamentos disponibles, cuántos equipos vuelven a funcionar y si mejora la atención que recibe el paciente. Reorganizar el Minsa es un buen comienzo, pero el verdadero reto del Gobierno es demostrar que puede convertir esa reorganización en la reforma que el país necesita.







