
PRESIDENTE. La sesión extraordinaria del pleno del Congreso hizo algo que se ha convertido en ordinario: destituir a un presidente de la República. Tras haber aprobado las siete mociones de censura presentadas en contra de José Jerí, quien desde el 10 de octubre pasado y hasta ayer, ejercía el cargo de presidente interino del Perú, el pleno aprobó la censura con 75 votos a favor, 24 en contra y tres abstenciones. Lo curioso es que ese proceso solo está contemplado por la Constitución para cargos ministeriales, así que Jerí fue censurado como presidente de la mesa directiva del Congreso, en virtud del Artículo 68 del Reglamento de ese poder del Estado –pero por irregularidades cometidas cuando fue mandatario–.
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Los congresistas que buscaban deshacerse de Jerí habrían optado por la censura porque la vacancia requería más votos (87 en lugar de mayoría simple) y no era seguro que los obtuviesen pues Fuerza Popular anunció que no apoyaría la destitución, en aras de la “estabilidad”. Lo irónico es que ese partido es en gran parte responsable del caos político, que se inició el 2016. El correspondiente periodo presidencial y parlamentario (2016-2021) tuvo cuatro mandatarios, número que se repetirá en el actual periodo, que culmina el próximo 28 de julio.
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La remoción “express” de Jerí, a poco tiempo de las de las elecciones generales (12 de abril), se explica en parte porque se había convertido en kriptonita para candidatos presidenciales y para muchos de los 88 congresistas que quieren continuar, ya sea como senadores o diputados. Así que, para ellos, será útil reforzar sus campañas argumentando que destituyeron a un presidente cuya popularidad estaba en picada por sus reuniones clandestinas con empresarios chinos y con señoritas que luego eran contratadas por el Estado.
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Pero hay que recordar que fue este mismo Congreso el que ungió a Jerí, tras vacar a Dina Boluarte, a sabiendas de sus antecedentes, incluida una denuncia por violación sexual, cuya investigación fue archivada en agosto por el ahora fiscal de la Nación, Tomás Gálvez, así como acusaciones por corrupción cuando presidía la Comisión de Presupuesto del Congreso.
Jerí duró cuatro meses y una semana. Su sucesor (o sucesora), que el pleno elegirá hoy, durará cinco meses y la gran pregunta es si mantendrá lo poco que se avanzó, como la reestructuración de Petroperú y el refuerzo de ProInversión, o será borrón y cuenta nueva, como siempre ha ocurrido. En seguridad ciudadana, en cambio, tendrá mucho por hacer, porque la gestión de Jerí no pasó de los anuncios y medidas aisladas e inconexas.







