
Escribe: Pedro Pablo Kuczynski, expresidente de la República
Seguimos viendo cuáles son los grandes proyectos de inversión que necesita el país. Ya hemos hablado de la vivienda; ahora nos toca tratar el tema del agua y del saneamiento. Sin agua no hay vida.
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El Perú está sentado sobre una de las fuentes más grandes de agua del mundo. Aquí nace el río Amazonas y tenemos la única cordillera de nevados en el trópico. Lamentablemente, la historia ha hecho que el agua esté en un sitio y la población, en otro. La cuenca del Amazonas, con todos sus ríos aledaños, atraviesa una zona con relativamente pocos habitantes, mientras que la mayor parte de la población vive en la costa, lejos de las fuentes de agua. Hasta ahora hemos logrado, con la construcción de trasvases desde la sierra hasta la costa, poner agua en la costa, pero esto es un paliativo temporal.

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¿Por qué? Porque la mayor parte del agua que abastece la costa proviene de los glaciares de la sierra, desde Áncash hasta el sur del país. Los glaciares están disminuyendo aceleradamente por el alza de la temperatura ambiental. En 50 años, el 50% de la masa de glaciares se ha derretido y, en 50 años más, probablemente ya no quede casi nada de estos.
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¿Qué podemos hacer? Lo primero es tener una política de manejo de las empresas de agua que sea profesional y prudente, ya que actualmente estas 51 empresas pierden la mitad del agua que procesan porque no pueden cobrar lo que venden y porque los sistemas necesitan mucha inversión y rehabilitación. En segundo lugar, podemos mejorar el flujo del agua que baja desde la sierra poniendo plantaciones de árboles en la cercanía de las alturas para atraer la lluvia. También podemos escalonar los ríos para que no se vaya más del 40% del agua al mar, como ocurre hoy. Finalmente, necesitamos una política tarifaria razonable que cubra los costos y deje un margen para la inversión y el mantenimiento, que son permanentes en este tipo de infraestructuras.
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El gran problema de suministro está en el sur del Perú, donde los Andes, por su amplitud, dificultan la construcción de trasvases. Hasta ahora no se ha construido ningún trasvase de agua significativo en dicha zona. Hace ocho años dejé andando la tuneladora para realizar el trasvase de Cusco a Arequipa, con aguas que desembocarían en el proyecto Majes Siguas, etapa II. Es triste decirlo, pero desde entonces la tuneladora no se ha movido ni un metro debido a las disputas y leguleyadas que, lamentablemente, abundan en el Perú.
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El tema del agua no es solo para la costa, sino también para las ciudades de la sierra y de la Amazonía. Por ejemplo, en Bagua, San Martín, el río Utcubamba pasa al lado de la ciudad, pero sigue su curso sin detenerse. En Iquitos, que está virtualmente encima del río Amazonas, hay desde hace años una crisis de agua y saneamiento. El problema es que no tenemos, ni tampoco le hemos dedicado tiempo, a fortalecer las empresas de agua y saneamiento. Estamos presenciando hoy una batalla entre el supervisor del sector (SUNASS) y la empresa de agua para Lima (Sedapal), que necesita más ingresos para abastecer a todos los habitantes de esta urbe de 12 millones de habitantes. La privatización, en general, es difícil y poco factible por ahora y corre el riesgo, además, de dejar abandonadas a las zonas pobres de las grandes ciudades, que son las que más necesitan inversión en saneamiento.
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Entonces, la única solución es una reforma de todo el sector, con controles financieros reales y con políticas de eficiencia e ingeniería responsables. Se privatizarán algunas cosas, como la cobranza, la supervisión técnica y algunas otras. Pero la experiencia de la privatización plena en el principal país donde se intentó, Inglaterra y el Reino Unido, nos dice cuáles son los verdaderos límites de esta solución.
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El agua potable, o mejor dicho, su carencia, es la gran causante de varios males que azotan al país, entre ellos la anemia juvenil, causada por mala nutrición e insuficiente suministro de agua limpia. ¿Cuál es el costo de esta inversión y reforma? Alrededor de US$ 10 mil millones a lo largo del decenio 2026–2035, más inflación y el costo de ir reemplazando viejos tubos e instalaciones que datan de la década de 1960. En total, alrededor de US$ 15 mil millones será la factura final.








