
Francia y Alemania volvieron a evidenciar este jueves sus discrepancias en torno a la futura norma que busca dar preferencia a la industria “made in Europe” en el uso de recursos públicos. Mientras París considera la medida clave para reforzar la competitividad del bloque, Berlín apuesta por actuar con cautela frente a una iniciativa que mantiene divididos a los Veintisiete.
Las dos principales economías de la Unión Europea reflejan así la falta de consenso sobre un giro que matiza la tradicional defensa del libre comercio por parte del bloque. La propuesta ha ganado impulso en un contexto marcado por la competencia de China y la política arancelaria impulsada por la Administración de Donald Trump en Estados Unidos, factores que han tensionado las reglas del comercio internacional.
Las divergencias internas han provocado sucesivos aplazamientos en la presentación de la denominada Ley de Aceleración Industrial, que incluirá esta “preferencia europea” y cuya divulgación está ahora prevista para la próxima semana. Aun así, el debate marcó la reunión de ministros de Industria celebrada este jueves en Bruselas, donde quedó patente la falta de acuerdo.
LEA TAMBIÉN: India y Francia acuerdan rebaja fiscal para impulsar inversiones bilaterales
“Necesitamos un ‘hecho con Europa’ y no solo un ‘hecho en Europa’”, afirmó a su llegada la ministra alemana de Economía e Industria, Katherina Reiche, quien advirtió que un enfoque demasiado restrictivo podría cerrar la puerta a nuevas alianzas comerciales.
“Estoy muy a favor de garantizar que protegemos la producción sensible europea y de mantener fuera de la UE prácticas injustas como el ‘dumping’, pero no podemos invitar a socios como Canadá o India a comerciar con nosotros y al mismo tiempo decir que sólo compramos productos europeos”, dijo, haciéndose eco de una de las principales críticas vertidas contra este modelo.
En contraste, el ministro delegado francés para Industria, Sébastian Martin, defendió que la medida no supone un obstáculo para los aliados internacionales confiables y urgió a acelerar su aprobación ante las dificultades que enfrenta el tejido industrial europeo.
“Nuestra prioridad es que el dinero público europeo respalde a las industrias europeas”, sostuvo, al tiempo que planteó establecer un marco específico que contemple también la cooperación con terceros países considerados de confianza.
Los últimos borradores contemplan priorizar bienes producidos en la UE en licitaciones públicas y en la concesión de ayudas en sectores estratégicos como tecnologías limpias, además de introducir exigencias de contratación local o transferencia tecnológica a grandes inversionistas extracomunitarios.

El debate gira en torno a la definición concreta de qué debe entenderse por “made in Europe” y qué naciones pueden ser incluidas como socios fiables. También se discute el alcance sectorial de la preferencia, que inicialmente abarcaría tecnologías limpias, automoción, acero y cemento, según explicó el vicepresidente de la Comisión Europea encargado del expediente, Stéphane Séjourné.
Tras el consejo, Séjourné calificó las diferencias como parte de un intercambio “saludable” y restó dramatismo al retraso en la presentación del texto, al señalar que un mayor trabajo previo permitirá evitar bloqueos cuando la propuesta sea debatida por el Parlamento Europeo y los Estados miembros. Indicó que su intención es presentarla el 4 de marzo, aunque dejó abierta la posibilidad de extender el plazo si fuera necesario.
LEA TAMBIÉN: Francia endurece las condiciones para personas que buscan la residencia: ¿qué se exigirá?
En tanto, España expresó su respaldo a la idea de fortalecer la manufactura europea, pero pidió una implementación equilibrada. El ministro de Industria, Jordi Hereu, aseguró que Madrid no apoyaría un viraje proteccionista, aunque sí considera necesario impulsar la relocalización de actividades productivas en Europa.
Más crítica fue la posición de Suecia. Su ministra de Industria, Ebba Busch, planteó acotar el alcance de la propuesta y advirtió que la preferencia europea podría aliviar ciertos síntomas, pero no resolver los problemas estructurales de la industria europea, entre ellos los elevados costos de la energía y al exceso de regulación.
Con información de EFE.








