
Casi todo el mundo ha dado su opinión sobre si el delantero de Estados Unidos, Folarin Balogun, merecía o no la tarjeta roja, excepto quienes realmente importan: la FIFA.
El domingo, la FIFA revocó la suspensión de un partido impuesta a Balogun, lo que le permite jugar el lunes por la noche ante Bélgica en el duelo de octavos de final en Seattle. Sin embargo, el organismo todavía no ha explicado por qué anuló la tarjeta roja, una decisión que no solo no tiene precedentes en una Copa del Mundo, sino que además parece contradecir su propio reglamento.
“Si se va a dirigir una organización basada en reglas y no una organización autoritaria”, dijo Alastair Campbell, socio de Level Law, “es necesario explicar cómo se toman las decisiones”.
Balogun fue expulsado en el partido del miércoles tras pisar con fuerza el tobillo derecho del defensor de Bosnia y Herzegovina Tarik Muharemovic. En los días siguientes, tanto la Federación de Fútbol de EE.UU. como el presidente Donald Trump presionaron al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, para que revocara la decisión.
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La FIFA, que desde hace tiempo defiende su supuesta neutralidad política, enfrentó una fuerte presión durante los últimos días. En declaraciones desde la Casa Blanca el lunes, Trump confirmó que llamó a Infantino después de que el árbitro suspendiera a Balogun y afirmó que, a su juicio, el delantero no había cometido ninguna falta. Previamente, el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, había pedido que existiera un proceso de apelación.
Infantino emitió un comunicado el lunes por la tarde en el que aseguró que, aunque recibió una llamada de Trump, el Comité Disciplinario de la FIFA actuó de manera independiente.
“Dadas las conocidas relaciones cercanas entre el presidente Trump y Gianni Infantino, así como los comentarios de Marco Rubio sobre la expulsión de Balogun, esta decisión deja una mala imagen”, afirmó Sam Kasoulis, abogado de Morgan Sports Law. “Habría sido mucho mejor para todos que la FIFA hubiera publicado de manera clara y transparente las razones de su decisión”.

Si Balogun cometió una falta o no deja de ser relevante desde el momento en que el árbitro mostró la tarjeta roja. Según el artículo 9, párrafo 1, del Código Disciplinario de la FIFA: “Las decisiones adoptadas por el árbitro en el terreno de juego son definitivas y no pueden ser revisadas por los órganos judiciales de la FIFA”.
Esta norma busca evitar que la FIFA se convierta en un tribunal de apelaciones de las decisiones arbitrales, especialmente durante un torneo intenso. Sin embargo, el organismo recurrió a otra disposición. El artículo 27 permitió a la FIFA suspender total o parcialmente la sanción de Balogun durante un año, en lugar de hacerla efectiva de inmediato. Una medida similar se aplicó anteriormente a Cristiano Ronaldo para permitir que la estrella portuguesa disputara los primeros partidos del Mundial pese a una suspensión de tres encuentros.
“En la práctica, la FIFA permitió que una norma interna prevaleciera sobre otra para favorecer al máximo goleador del país anfitrión”, dijo Simon Leaf, socio de Three Points Law.

A pocas horas del inicio del partido, y ante la falta de explicaciones, Bélgica prácticamente no tiene elementos concretos sobre los cuales presentar una apelación.
Cualquier apelación —que cuesta 1,000 francos suizos (unos US$ 1,200)— debe presentarse dentro de los tres días posteriores a la decisión. Según documentos de la FIFA, Bélgica debe aportar “una exposición de los hechos, las pruebas, una lista de los testigos propuestos (con un breve resumen de lo que declararían) y las conclusiones del apelante”.
“Hasta este momento, la Real Asociación Belga de Fútbol (RBFA) sigue sin recibir ninguna decisión ni explicación de la FIFA sobre este asunto”, señaló el organismo en un comunicado el lunes. “Por lo tanto, no tiene otra alternativa que impugnar la elegibilidad del jugador para el próximo partido”.
La RBFA dispone de muy poco tiempo para elevar el caso ante el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS), el principal organismo internacional encargado de resolver disputas deportivas. Para empezar, necesitaría una resolución del Comité de Apelaciones de la FIFA que pudiera impugnar.
La RBFA solicitó más información a la FIFA y aseguró que no la ha recibido. En un giro confuso, la FIFA consideró esa solicitud como una apelación y notificó a la federación belga que “se había designado un juez y que disponía de solo unas pocas horas para completar ese proceso”.
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La decisión también provocó una fuerte reacción en Bélgica, un país conocido por sus divisiones lingüísticas y sus complejas coaliciones de gobierno. Políticos de todo el espectro político coincidieron en sus críticas a la decisión de la FIFA. La RBFA añadió que “seguirá luchando en las próximas horas, días y meses en defensa de los principios fundamentales de la ética, la competencia justa y los intereses del fútbol en su conjunto”.
Actualmente, Balogun es el segundo favorito para marcar en el partido de Seattle, solo por detrás del delantero belga Romelu Lukaku.
“Respetamos la decisión del Comité Disciplinario y nos complace que Folarin Balogun esté habilitado para competir”, señaló la Federación de Fútbol de EE.UU. en un comunicado.







