
Bélgica reaccionó con una mezcla de indignación y desafío ante la inusual decisión del organismo rector del fútbol mundial, la FIFA, de revocar la suspensión del delantero estadounidense Folarin Balogun, lo que lo dejó habilitado para disputar el partido del lunes.
“Pueden anular todas las tarjetas rojas del mundo”, escribió en X Georges-Louis Bouchez, líder del MR, uno de los cinco partidos que integran la coalición de gobierno del país. “Los belgas son los más valientes y van a ganar”.
El domingo, la FIFA autorizó a Balogun a jugar el partido del Mundial contra Bélgica tras una apelación personal del presidente Donald Trump al presidente de la FIFA, Gianni Infantino. La Real Asociación Belga de Fútbol dijo estar “asombrada” por la decisión e informó que está evaluando sus opciones “para salvaguardar los derechos legítimos de todos los equipos participantes y proteger los principios fundamentales del juego limpio en nuestro deporte”.
La última vez que se revocó una tarjeta roja durante un Mundial fue en 1962, cuando gestiones políticas permitieron que el mediocampista brasileño Garrincha disputara la final. The Athletic informó que la FIFA otorgó a Bélgica el derecho a apelar la decisión.

En un país conocido por sus divisiones lingüísticas y sus complejas coaliciones de gobierno, el fútbol es uno de los pocos factores de unidad nacional. Dirigentes políticos de todo el espectro reaccionaron con indignación y desafío ante la decisión de la FIFA.
“¡Qué vergüenza! Cuando el dinero impone las reglas, el Mundial pierde toda credibilidad”, escribió el opositor Partido Socialista de Bélgica.
“Es asombroso cómo una tarjeta roja de pronto pasa a ser ‘injusta’ cuando interviene Trump”, escribió Yvan Verougstraete, líder de Les Engagés, otro de los partidos de la coalición de gobierno, en una publicación en redes sociales. Verougstraete también compartió un video generado con inteligencia artificial en el que Balogun mostraba una fotografía de Trump después de que un árbitro le sacara la tarjeta roja.
La selección nacional de Bélgica, conocida como los Diablos Rojos, Diables Rouges o Rode Duivels, es una poderosa fuente de orgullo nacional en un país de 12 millones de habitantes, profundamente dividido tanto en términos lingüísticos como culturales entre la región flamenca de Flandes, en el norte, y la región francófona de Valonia, en el sur.
Durante la última década, Bélgica logró resultados muy superiores a lo que sugería su tamaño gracias a una denominada generación dorada de futbolistas, cuyo punto más alto fue el tercer puesto obtenido en el Mundial de Rusia 2018. Sin embargo, pese a su calidad, el país no ha conquistado un gran título, por lo que deposita aún más esperanzas en el torneo actual, que probablemente represente la última oportunidad para figuras como Kevin De Bruyne y Romelu Lukaku.
Bill White, enviado de EE.UU. a Bélgica, defendió la decisión y la participación de Trump, al afirmar que el presidente “nunca interferiría en el funcionamiento interno de la FIFA”.
“Hay demasiado en juego como para permitir una decisión equivocada”, escribió White en una publicación en redes sociales.







