
En 1993, funcionarios del condado de Shanghang, en la provincia suroriental china de Fujian, encargaron a Chen Jinghe, un geólogo, liderar el desarrollo de una mina local de oro. Así nació Zijin Mining. El señor Chen, que se retiró este año, convertiría la empresa en un gigante global. Valorada hoy en unos US$ 150,000 millones, es la cuarta minera más valiosa del mundo. El alza del precio del oro (del que es el sexto productor mundial) y del cobre (ocupa el quinto lugar) ha impulsado su capitalización bursátil un 150% en el último año.
Gran parte del crecimiento de Zijin se ha producido en la última década, tras adoptar una ambiciosa estrategia de expansión internacional. Sus operaciones mineras abarcan hoy 18 países. Entre 2015 y 2025 invirtió US$26,000 millones en gasto de capital y destinó US$ 15,000 a adquisiciones. En enero anunció su mayor operación hasta la fecha: la compra por US$4,000 millones de Allied Gold, minera canadiense.

Zijin aspira a situarse entre los tres mayores productores mundiales de cobre (que representa dos tercios del valor neto de sus activos) y de oro (una cuarta parte) para 2028. En febrero presentó un plan para aumentar hasta en un 50% su producción de ambos minerales en los próximos tres años y multiplicar por más de diez la de litio. Su historial de cumplimiento de metas es sólido. Ejecutivos que han trabajado con la firma destacan su notable eficiencia operativa. Mientras Occidente busca reducir la dependencia de minerales chinos, el éxito de Zijin ilustra la magnitud del desafío.
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La estrategia de Zijin
Según James Whiteside, de Wood Mackenzie, Zijin ha “ido donde otros no quieren ir”. Incluso en 2016, cuando el precio del cobre tocó mínimos tras la crisis financiera global, la empresa adquiría participaciones en minas en la República Democrática del Congo que otros vendían. Tras comprarlas, solía multiplicar su producción. Hoy, cerca de la mitad de su extracción de cobre y oro se realiza fuera de China. La mayor calidad del mineral en sus yacimientos internacionales ha sido un factor clave.
La compañía también se ha expandido más allá de la extracción. Ha construido un vasto negocio de refinación y fundición que genera alrededor de una cuarta parte de sus beneficios operativos. Muchos competidores occidentales han evitado estas actividades por su complejidad, impacto ambiental y márgenes limitados. Además, las plantas de procesamiento son costosas de detener y reactivar.
Para Zijin, sin embargo, la integración vertical ha dado frutos. Al adquirir minas de alta ley, ha hecho más rentable el procesamiento. Además, al realizar etapas iniciales de procesamiento en el extranjero y enviar material semiprocesado a China, reduce costos logísticos. También procesa cobre y oro de terceros, aprovechando economías de escala, y comercializa productos finales —cátodos de cobre y lingotes de oro— a través de su brazo comercial.
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La expansión no ha sido barata. La empresa ha incrementado su endeudamiento: la relación deuda/activos pasó del 21% en 2010 al 38% en el primer semestre de 2025, por encima de las grandes mineras occidentales. En septiembre listó en Hong Kong el 15% de una filial que agrupa sus minas internacionales de oro, captando US$3,200 millones.
Los retos incluyen el impacto ambiental. En 2010, un vertido tóxico en Fujian dañó su reputación local. Más recientemente, residentes en Serbia han denunciado perjuicios ambientales (acusaciones que la empresa niega). Estas críticas podrían dificultar su expansión futura.
Zijin también enfrenta tensiones geopolíticas. Aunque el Estado chino no controla la mayoría, el condado de Shanghang mantiene una participación relevante. El año pasado fue incluida en la “lista de entidades” de Estados Unidos por presuntos vínculos con trabajo forzado en Xinjiang (acusación que rechaza). Ello complica sus negocios con firmas estadounidenses. El sucesor del señor Chen no carecerá de desafíos.

The Economist, con sede en Londres, publica sobre la economía desde un marco global.









