
En las últimas semanas, el regreso de el fenómeno de El Niño volvió a poner en alerta a los peruanos. No es para menos: Cenepred estima que cerca de ocho millones de personas están expuestas a un riesgo alto de inundaciones, y el Banco Central de Reserva ya advirtió que será un problema importante para la economía.
Pero todos sabemos que El Niño no es una amenaza abstracta. Quienes crecimos en los ochentas escuchamos sobre el famoso ‘meganiño’ de 1982-1983, las inundaciones de 1997 y las familias dejando sus casas con el agua hasta la cintura. Son imágenes que nos recuerdan lo frágil que puede ser el progreso cuando nos encuentra desprevenidos.
Y, por supuesto, está El Niño Costero del 2017. Todos recordamos a Evangelina Chamorro, el puente Solidaridad y la ciudad de Piura inundada. Aquel año murieron 169 peruanos y más de 1.6 millones resultaron afectados. Pero también quedó una lección: cuando el país se organiza, puede responder mucho mejor de lo que solemos creer.

Así, que El Niño regrese ahora no significa que sus consecuencias tengan que ser las mismas. Aquí se divide el ‘fue’ del ‘puede ser’. El Perú ya no es el mismo: el Estado entiende mejor el fenómeno, ha pasado de reaccionar a prevenir y cuenta con instituciones como Cenepred y ENFEN. El sector privado también ha incorporado monitoreo, planes de continuidad y mecanismos de contingencia que antes no existían. Hoy hay más herramientas, más información y más capacidad instalada para anticipar impactos.
Aun así, siguen existiendo zonas vulnerables, obras inconclusas y brechas de coordinación. Y el problema es más delicado porque las nuevas autoridades subnacionales recién estarán instalándose. Pensar que el aprendizaje acumulado basta sería un error.
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Por eso, esta no debería ser solo una temporada de reacción, sino una oportunidad para trabajar juntos antes de que llegue el daño. Tenemos pocos meses hasta el verano y ese tiempo puede marcar la diferencia si el Gobierno, las empresas, las Fuerzas Armadas y la sociedad civil se alinean desde ya para prevenir, prepararse y responder mejor. La prevención no puede seguir siendo un anexo: tiene que ser la prioridad.
Ya vimos lo que ocurre cuando el país se alinea. En el 2017, la respuesta en el COEN mostró el valor de coordinar capacidades, compartir información y actuar como un solo equipo. En esos momentos formé parte de ese esfuerzo y fui testigo cercano de cuánto puede cambiar todo cuando las instituciones empujan en la misma dirección.

Esa experiencia dejó una lección simple: lo de entonces puede replicarse ahora, pero con mayor énfasis en la prevención. No se trata solo de limpiar lo inundado, sino de anticiparse, proteger infraestructura crítica, preparar a la población, descolmatar ríos, ordenar la logística de respuesta y asegurar una gestión integral. Cuanto antes se haga, más preparados estaremos.
Y esta idea de trabajar juntos no es nueva en el Perú. En los 90 y los 2000, distintos actores se unieron alrededor de una meta común y construyeron un modelo que terminó sacando a millones de peruanos de la pobreza. Esa memoria importa, porque los grandes avances no nacen del desencuentro, sino del acuerdo, la disciplina y el trabajo compartido.
Hoy tenemos otra oportunidad para hacer las cosas de manera distinta. No se trata solo de responder mejor cuando lleguen las lluvias y los huaicos; se trata de aprovechar estos meses para avanzar a un ritmo diferente en nuestra preparación. Esta puede ser la ocasión para demostrar que todavía sabemos unirnos para hacer las cosas bien.
Si este verano logramos anticiparnos mejor, cuidar a los más expuestos y responder coordinadamente, habremos demostrado que el aprendizaje del 2017 no quedó en el recuerdo. Y, más importante aún, este podría ser un primer ejercicio de trabajar juntos que luego se replique para sacar al país adelante en todas sus dimensiones.
El Niño podrá ser el mismo de otras veces, pero la historia no tiene por qué serlo. Depende de nosotros.

Es CEO de Yape desde el 2022 y miembro del Comité de Gestión del BCP. Anteriormente fue Socio de McKinsey & Company Perú durante 13 años, donde lideró proyectos y acompañó iniciativas de transformación digital y lanzamiento de negocios digitales en bancos de Perú, Chile, Colombia, Ecuador, Jamaica y Argentina.








