
Hay vinos que nacen de la generosidad de la tierra y otros que parecen conquistarla centímetro a centímetro. Vinos que llevan en su interior algo más que fruta, aromas y taninos: la memoria de un paisaje extremo, el esfuerzo de quienes lo cultivan y la obstinación deciden explorar territorios difíciles.
Agustín Lanús pertenece a esa última categoría. En los Valles Calchaquíes, al norte de Argentina, ha orientado su trabajo a descubrir cómo la altitud, el clima y las particularidades de cada parcela pueden expresarse en una copa. Durante una master class que compartí con él, la conversación giró en torno a esa búsqueda: comprender el territorio antes de intentar interpretarlo.
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La montaña como maestra
En los Valles Calchaquíes, la viticultura exige adaptarse a condiciones particulares: intensa radiación solar, grandes diferencias de temperatura entre el día y la noche, escasez de agua y dificultades de acceso. Cada parcela plantea sus propios desafíos y obliga a observar con atención el suelo, la exposición solar y la disponibilidad de agua.
La formación de Lanús como ingeniero agrónomo, sommelier y especialista en viticultura y enología se combina con la experiencia de trabajar sobre el terreno. Porque ninguna preparación sustituye el aprendizaje que surge de enfrentarse a las condiciones reales de un viñedo.
Cuando descorchamos una botella, pocas veces pensamos en los caminos difíciles, la logística o la incertidumbre de una cosecha. Sin embargo, ese esfuerzo forma parte de la historia del vino. Eso no significa que producir en condiciones extremas garantice una calidad superior. El mérito está en transformar las particularidades de un lugar en un vino equilibrado, con identidad propia.
La montaña no se conquista imponiendo la voluntad humana; se comprende mediante la observación, el conocimiento y el respeto. Esa es una de las lecciones que deja el trabajo de Lanús.
El Malbec y una identidad por descubrir
Argentina ha convertido al Malbec en uno de sus grandes embajadores vitivinícolas. Pero una variedad no tiene una sola voz: cambia con el paisaje, el suelo, el clima y las decisiones de quienes la cultivan y elaboran.
En los Valles Calchaquíes, Lanús explora distintas expresiones de esta uva, sin limitar su trabajo a una fórmula única. La altitud, por sí sola, no garantiza un gran vino. Lo interesante es descubrir qué aporta cada lugar: cómo se expresa la fruta, qué textura adquieren los taninos y qué equilibrio alcanza el conjunto.
Su trabajo también incluye variedades criollas, vinculadas a la historia vitivinícola del norte argentino. Recuperar ese patrimonio recuerda que innovar no siempre significa inventar algo nuevo; a veces, consiste en mirar de otra manera aquello que hemos heredado.
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Los vinos y sus distintas expresiones
Durante la degustación, algunas etiquetas permitieron explorar esa diversidad. Chaski, con su Torrontés, ofrece una aproximación a una variedad emblemática de Argentina desde la viticultura de altura. Sunal Exploración Blanco de Pieles, por su parte, se adentra en la elaboración de blancos con mayor estructura y textura, mientras que Sunal Iconográfico Malbec pone el foco en la expresión de esta variedad en el paisaje calchaquí.
La propuesta se amplía con Bad Brothers, una línea que explora otros estilos y combinaciones. Más que asumir que todos estos vinos responden a una misma idea de excelencia, la degustación permite apreciar cómo distintas decisiones de elaboración pueden dar lugar a perfiles diferentes.
Catando algunos vinos de su colección
El legado de Agustín Lanús en los Valles Calchaquíes no se mide en metros sobre el nivel del mar, sino en la precisión con la que embotella la hostilidad y la belleza de un terruño indomable. Su propuesta no busca la complacencia, sino la trascendencia a través de microterruños que desafían los límites de la viticultura global. El portafolio de la bodega es un manifiesto de esta filosofía, consolidando marcas que ya son referentes de culto para los mercados más exigentes.
Chaski abre el juego como un tributo a la pureza; un Torrontés de hierbas de extrema altura que redescubre la variedad con una frescura vertical, despojada de excesos y cargada de tensión mineral, el vermut Sunal Chaski es el testimonio líquido de una elaboración que sale del corazón. Agustín Lanús ha logrado una verdadera alquimia en los Valles Calchaquíes, donde la precisión técnica se rinde ante el sentimiento y la memoria del suelo. Beber este mensajero de los cerros es comulgar con el pulso de la altura y la pureza de sus hierbas nativas; una maravilla en el paladar que transforma el instante del aperitivo en un ritual de pura emoción. Por su parte, la línea Sunal eleva la apuesta hacia la experimentación pura: Sunal Exploración Blanco de Pieles se presenta como un blanco de alma texturada, complejo y profundamente gastronómico que desafía los cánones convencionales del norte argentino, mientras que el Sunal Iconográfico Malbec se erige como la cumbre del proyecto, un tinto de una concentración sutil, donde la fruta negra y la fineza de los taninos de altura demuestran un potencial de guarda monumental.
Finalmente, la audacia comercial y enológica se materializa en la gama Bad Brothers, un proyecto que equilibra la irreverencia con la maestría técnica. Bad Brothers Mataca despliega una estructura sofisticada y un ensamble de gran carácter, mientras que Bad Brothers Tovio entrega una vibrante frescura que cautiva al paladar contemporáneo. En conjunto, las creaciones de Agustín Lanús no solo representan el éxito de un modelo de gestión basado en la diferenciación extrema, sino que redefinen el verdadero valor del vino de montaña: una alquimia perfecta entre la audacia humana y la fuerza indómita del paisaje.
Carpe Vinum. “Aprovecha el vino”.








