
En el Perú, decir “patria” es gratis. Demasiado gratis.
Se dice en discursos, en mítines, en entrevistas, en debates. Se dice con emoción, con solemnidad, con épica. Se dice tanto que ha dejado de costar. Y cuando una palabra tan importante no cuesta, empieza a valer cada vez menos.
En plena contienda electoral, con 36 candidatos repitiéndola como mantra, apareció una idea que hace algo tan simple como incómodo: ponerle precio.
“Deuda a la Patria” propone que cada vez que un candidato diga “patria”, pague S/250. No como obligación, sino como un gesto mínimo de coherencia. Porque si todos hablan de la patria, ¿por qué no convertir esa palabra en una oportunidad concreta para ayudar a un lugar que, literalmente, se llama así?
Sí, Patria existe.

Es un pueblo en Kosñipata, Cusco. Y no es metáfora. Es un lugar donde solo dos de cada 10 niños saben leer, donde el 94% de la población no tiene acceso a agua potable, donde tres de cada 10 adolescentes se embarazan de manera precoz y donde el 60% de los padres considera válida la violencia para educar.
Esa es la patria que no sale en los discursos.
La campaña, impulsada por la Fundación Oli, la asociación Qoyllur Q’ente e IP Noticias, hace algo que incomoda porque es evidente: convierte la retórica en algo medible. Hemos creado una plataforma —deudaalapatria.com— que monitorea en tiempo real cuántas veces los candidatos mencionan la palabra “patria” en sus intervenciones públicas. Y, con cada mención, la deuda crece.
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Porque sí, ya hay varios que deben.
El monto no es arbitrario. Los S/250 soles se basan en el costo promedio referencial de un segundo en medios. Es decir, si la palabra “patria” tiene valor cuando se pauta, también debería tenerlo cuando se pronuncia.
Pero lo más interesante no es lo que pasa con los candidatos. Es lo que pasa con nosotros.
Mientras ellos siguen hablando —y hasta ahora, en su mayoría, en silencio frente a la iniciativa—, miles de personas sí han reaccionado: ciudadanos, periodistas, medios, la calle. Incluso Rubén Blades, que lleva años cantándole a la patria, decidió compartir la campaña en sus redes.
Y no solo se han sumado con palabras.
Medios de comunicación han amplificado la campaña sin cobrar un solo sol: el spot protagonizado por los propios ciudadanos de Patria ha corrido en prime time en televisión; la prensa ha hecho seguimiento con un estado de cuenta llamado “el patriómetro”, ha sonado en las principales radios del país; y, en la hora punta del tráfico en Lima, el mensaje tomó simultáneamente cientos de paneles durante diez minutos. Como si, por un instante, la ciudad entera decidiera mirar a Patria de frente.
El dinero recaudado será administrado por la Fundación Oli para que Qoyllur Q’ente implemente programas educativos para las familias de Patria, a través de la restauración ecológica. Porque aquí no se trata solo de evidenciar una deuda, sino de empezar a saldarla.
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El problema no es que los políticos digan “patria”. El problema es que nosotros dejamos que no signifique nada.
Nos hemos acostumbrado a escuchar sin exigir, a indignarnos un rato y seguir, a convivir con una desconexión tan grande que ya no sorprende. Como si el país fuera ruido de fondo. Como si la palabra “patria” no tuviera que rendir cuentas.
“Deuda a la Patria” no busca solo recaudar dinero. Busca algo más difícil: reconectar una palabra con la realidad que debería representar.
Porque tal vez la patria no es lo que se dice en un discurso, sino lo que somos capaces de cambiar cuando dejamos de repetirla…y empezamos, por fin, a hacernos cargo de ella.

CEO de Boost y directora de Women CEO. Una de los 100 líderes con mayor reputación del país, según Merco. Autora de cinco libros de marketing.









