
A pocos meses de las elecciones presidenciales en el Perú, la cautela vuelve a instalarse entre inversionistas y familias empresarias. Aunque el escenario no alcanza los niveles de tensión de 2021, la experiencia de ese proceso dejó una lección clara: ante la incertidumbre política, parte del capital privado opta por salir del país como mecanismo de protección.
En aquel momento, la caída de las reservas internacionales —cercana a US$ 9,000 millones— generó preocupación. El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) precisó entonces que no todo correspondía a fuga efectiva de capitales, ya que una porción significativa permaneció en efectivo dentro de los hogares.
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Hoy, sin embargo, el contexto global es distinto. Los estándares de transparencia fiscal, el intercambio automático de información y la mayor supervisión internacional han reducido las ventajas de trasladar activos al extranjero mediante estructuras offshore.
“Durante años, sacar activos al exterior ofrecía una sensación de mayor estabilidad jurídica, pero implicaba costos elevados, complejidad legal y menor eficiencia para negocios que seguían operando en el Perú”, señala Geraldo Arosemena, managing director de TMF Group para Perú y Bolivia.
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En ese escenario, los fideicomisos locales se consolidan como una alternativa para proteger el patrimonio sin deslocalizar capitales, indicó Arosemena. Esta figura permite separar jurídicamente determinados activos del patrimonio del constituyente y asignarlos a un fin específico bajo la administración de una entidad fiduciaria independiente.
Los bienes transferidos a un fideicomiso no forman parte del riesgo directo del constituyente y cuentan con reglas claras de administración y destino, dentro del marco legal peruano. Además, reducen la complejidad fiscal internacional y permiten que el capital continúe operando e invirtiendo en el país.
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Entre sus principales ventajas destacan la protección patrimonial efectiva, el control y la transparencia en la gestión, la eficiencia operativa y la flexibilidad para distintos fines, como garantía, inversión o sucesión.
“Frente a un entorno donde la incertidumbre ya no es excepcional sino recurrente, la sofisticación financiera pasa por estructurar mejor, no por huir”, sostiene el ejecutivo. En tiempos electorales, la estrategia ya no se limita a sacar el dinero del país, sino a ordenarlo y blindarlo de manera inteligente.








