
Perú está en medio de una pugna comercial que lo obliga a fortalecer su postura: la soberanía. La reciente controversia en torno al puerto de Chancay ha colocado al país en el centro de un enfrentamiento geopolítico entre Estados Unidos y China, abriendo interrogantes sobre el impacto que este episodio podría tener en las relaciones diplomáticas con ambas potencias.
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Desde Washington, la Oficina para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de Estados Unidos expresó su preocupación por “últimos reportes” que indicarían que el Perú podría quedar sin capacidad de supervisar uno de sus principales puertos, Chancay, bajo la jurisdicción de propietarios chinos.
“El dinero chino barato cuesta soberanía”, advirtió el gobierno estadounidense, al tiempo que señaló que apoya el derecho soberano del Perú a supervisar la infraestructura crítica en su territorio. El mensaje fue presentado como una advertencia para la región.
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La reacción de Beijing no tardó. Lin Jian, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, rechazó las declaraciones estadounidenses.
“China se opone firmemente a las falsas acusaciones y desinformación de Estados Unidos contra la cooperación de China con Perú en el puerto de Chancay”, sostuvo.
El intercambio evidencia que el caso ha trascendido el plano jurídico o comercial para instalarse en el terreno político-diplomático.
La Embajada de China en Perú, también se pronunció:

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¿Cómo impacta en la política exterior?
Para el excanciller Óscar Maurtua, el Perú está en la obligación de preservar su autonomía.
“No podemos estar dependiendo de nadie, somos una nación soberana”, afirmó. A su juicio, el país no debe alinearse con ninguna de las potencias ni involucrarse en la pugna comercial entre ambas, sino garantizar reglas claras y una política exterior independiente.
“No es alinearnos con nadie, que simplemente esta situación no nos involucre. En la pugna comercial que llevan a cabo Estados Unidos y China, el Perú no debe involucrarse”, añadió el también presidente de la Sociedad Peruana de Derecho Internacional.

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En la misma línea, aunque con mayor preocupación, el internacionalista Óscar Vidarte advierte que el manejo de la relación con Washington y Beijing exige “hilar muy fino”. Recuerda que la Cancillería hablaba de una “neutralidad activa”, orientada a no comprometer al Perú en los conflictos entre ambas potencias y mantener un equilibrio.
Sin embargo, considera que señales recientes del Gobierno -como acercamientos públicos a Estados Unidos y declaraciones polémicas- podrían interpretarse como un alineamiento innecesario, lo que provocaría reacciones de China.
“El Perú tiene que estar al margen, tratando de mantener una relación equilibrada y diplomática con ambos países”, sostiene.
Por su parte el internacionalista Óscar Schiappa-Pietra sostiene que “es muy preocupante, pero no debe llamar a sorpresa”. Considera que es un reflejo de la actual realidad del escenario global.
“Somos un protagonista algo accidental. Preferiríamos no vernos afectados por la rivalidad entre Estados Unidos y China, pero es inevitable que estemos involucrados. Y la jurídicamente torpe decisión de un juez peruano, que implica sostener que el puerto de Chancay es un enclave extraterritorial extranjero dentro del territorio peruano, nos ha empujado aún más hacia el ojo de la tormenta", dijo a Gestión.
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Un delicado equilibrio
El riesgo, según los especialistas, es doble. Por un lado, que China reduzca su interés o inversión en el Perú si percibe hostilidad o falta de garantías. Por otro, que Estados Unidos incremente su presión para limitar la presencia china en sectores estratégicos, colocando al país en una encrucijada compleja.
Maurtua agregó que el foco debe estar en el marco interno: “Que la legislación dé garantías, pero con reglas claras y puntuales”. Y remarcó que la postura peruana debe ser la de una política “autónoma e independiente”.
Por su parte, Vidarte considera que el país se está metiendo “innecesariamente en los dilemas entre China y Estados Unidos”.
“El Perú tiene que estar al margen de eso, tratando de mantener una relación equilibrada, diplomática, al más alto nivel. Lo que estamos haciendo puede afectar mucho nuestras relaciones con los dos países, con alguno o con ambos”, enfatizó.
Schiappa-Pietra opina bajo la misma línea: “Perú tiene que afinar más su postura de ambigüedad estratégica en medio de esa confrontación bipolar, para lo cual es indispensable tener claridad sobre cuáles son nuestros intereses nacionales, para que esa sea la base de nuestra interrelación tanto con China como con Estados Unidos. Pero el caos político e institucional interno que atravesamos impide generar consensos para identificar cuáles son nuestros intereses nacionales”.
Además indica que nuestra postura ha sido oficialmente definida como una de ambigüedad estratégica: somos amigos de ambas potencias sin alinearnos rígidamente con ninguna de ellas.
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El caso Chancay expone un desafío estructural para la diplomacia peruana: cómo garantizar soberanía regulatoria y reglas claras para la inversión extranjera sin convertirse en terreno de confrontación entre las dos principales potencias del mundo.
Mientras Washington advierte sobre soberanía y Beijing denuncia desinformación, el Perú enfrenta la tarea de sostener una política exterior autónoma, pragmática y equilibrada.

Escribo sobre política, economía, defensa y afines. Nueve años contando historias y analizando problemáticas en prensa escrita, radio y televisión.







