
La migración de estudiantes peruanos hacia universidades extranjeras podría incrementarse hasta en 16% durante el 2026, impulsada principalmente por la creciente demanda de carreras tecnológicas y vinculadas a sostenibilidad, así como por decisiones familiares de planificación educativa en un contexto político preelectoral.
De acuerdo con proyecciones de GSG Education, la especialización en áreas con alta empleabilidad global inmediata está redefiniendo el perfil de los jóvenes que optan por cursar estudios fuera del país.
En los últimos años, el Perú se ha posicionado como el país de Sudamérica con más jóvenes que eligen estudiar en el extranjero, con más de 679,000 peruanos que migraron en condición de estudiantes, según cifras del Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI).
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Tecnología y sostenibilidad, las nuevas prioridades
A diferencia de periodos anteriores, cuando predominaban carreras tradicionales, hoy la demanda se concentra en programas con mayor especialización técnica y proyección internacional.
Entre las carreras de pregrado con mayor interés destacan el de Ingeniería en Ciberseguridad, Ciencia de Datos, Bioingeniería y Negocios Digitales.
En el ámbito de posgrado, la demanda se orienta hacia MBAs con enfoque en innovación, así como maestrías en Inteligencia Artificial aplicada, Marketing Digital y Gestión de la Sostenibilidad (ESG).
“El perfil del estudiante que migra ha cambiado. Hoy vemos jóvenes que buscan carreras altamente especializadas y con empleabilidad global inmediata. Tecnología y sostenibilidad concentran la mayor demanda”, señaló Ernesto Ortega, Head of College Counseling de GSG Education.
Más información, más decisiones internacionales
El aumento de estudiantes que buscan formación fuera del país también responde a transformaciones más profundas en el acceso a la educación global.
Carla Fernández Corrales, Ph.D. y Directora Senior de Educación Ejecutiva e INCAE Online, explica que el proceso está vinculado a la democratización de la información y a un cambio en el poder de decisión del estudiante.
“Lo que estamos viviendo es una transformación profunda en quién tiene el poder en la educación. Durante años las barreras eran enormes: acceder a información sobre programas internacionales, postular o financiarse era difícil. Hoy la digitalización ha democratizado el acceso al conocimiento y a las oportunidades”, afirmó en conversación con Gestión.
Según Fernández, este fenómeno no solo refleja carencias en los sistemas educativos de la región, sino también una mayor autonomía del estudiante latinoamericano para tomar decisiones sobre su formación.
“La migración no es solo un síntoma de lo que falta en la región; también es una señal de que el estudiante latinoamericano tiene más agencia que nunca”, añadió.
Un mercado laboral en transformación
El auge de programas vinculados a inteligencia artificial, ciencia de datos o ciberseguridad responde en parte a la transformación digital global, aunque el valor diferencial ya no se limita al conocimiento técnico.
Para Fernández, la abundancia de cursos y certificaciones ha vuelto más accesible el aprendizaje técnico, lo que cambia las competencias que realmente distinguen a los profesionales.
“Estas áreas se han vuelto commodities. La accesibilidad a cursos y contenido técnico es tan amplia que el conocimiento por sí solo ya no diferencia. Lo que diferencia es cómo se usa ese conocimiento”, sostuvo.
En ese escenario, habilidades como el pensamiento crítico, el liderazgo, la toma de decisiones en tiempo real y la adaptabilidad adquieren mayor relevancia en el mercado laboral global.

El factor político también influye
Las decisiones educativas también están vinculadas al contexto político y económico del país.
“En períodos preelectorales, las familias tienden a anticipar decisiones de formación internacional como parte de su planificación de mediano plazo, priorizando sistemas educativos con mayor estabilidad institucional y empleabilidad global”, explicó Fernando Matute, gerente regional de GSG Education.
Este comportamiento se produce en un contexto donde el 94% de universitarios peruanos afirma que consideraría emigrar si tuviera los medios, según estudios recientes del Centro de Investigación en Opinión Pública de la Universidad de Piura (UDEP).
Además, solo en 2024 más de 600,000 peruanos dejaron el país, muchos de ellos jóvenes entre 18 y 35 años, de acuerdo con información compartida por Migraciones.
Destinos que combinan estudio y trabajo
La elección del país de destino también responde a las oportunidades de experiencia laboral durante o después de los estudios.
Entre los principales destinos para estudiantes peruanos destacan Estados Unidos, Canadá, España y Australia. Estos países mantienen sistemas educativos consolidados y, en algunos casos, políticas que permiten combinar estudios con empleo.
En particular, Canadá y Australia han ganado atractivo en los últimos años por sus facilidades para trabajar mientras se estudia y acceder posteriormente a permisos laborales tras la graduación.
¿Estudiar afuera es realmente más caro?
Una percepción extendida es que estudiar en el extranjero implica costos mucho mayores que hacerlo en el país, pero la brecha podría ser menor de lo que se piensa.
Mientras que la matrícula anual en universidades privadas de élite en Perú puede oscilar entre US$10,000 y US$18,000, las universidades públicas en varios países de Europa tienen costos que van desde prácticamente gratuitos hasta unos 7,000 u 8,000 euros al año, dependiendo del país y programa. Las instituciones privadas europeas, en cambio, suelen ubicarse entre 10,000 y 20,000 euros anuales.
A ello se suman programas de apoyo financiero. En países como Alemania e Italia existen esquemas de educación subvencionada, mientras que en Estados Unidos algunas becas por mérito pueden cubrir hasta un gran porcentaje del costo académico.
Más que notas: el perfil integral
Otro de los mitos asociados al proceso de admisión internacional es la necesidad de contar con calificaciones perfectas.
Desde GSG Education señalan que, en muchos sistemas educativos (especialmente en el modelo anglosajón), el proceso de evaluación considera el perfil integral del estudiante, incluyendo liderazgo, actividades extracurriculares, impacto social y coherencia vocacional.
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Según la institución, un postulante con un promedio competitivo y una narrativa personal sólida puede tener mayores probabilidades que un perfil centrado exclusivamente en el rendimiento académico.
Para Fernández, además, la clave no está necesariamente en elegir la carrera “correcta” del momento.
“No sabemos cuáles serán las carreras del futuro. Lo importante es construir una base sólida que desarrolle una forma de pensar adaptable”, concluyó.

Licenciado en Ciencias de la Comunicación, con especialidad en Periodismo, por la Universidad Tecnológica del Perú, con más de 12 años de experiencia en medios de comunicación. Actualmente escribo sobre política, economía y actualidad.








