
La narrativa del tipo de cambio en el último año se ha visto marcada por varios factores, principalmente externos. La reducción de tasas de interés por parte de la Fed y el incremento de los términos de intercambio impulsado por el precio de los metales son parte de los motivos por los cuales la moneda local tuvo una fuerte apreciación, bordeando los niveles de 3.3450 a fines de enero.
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Esta fortaleza de la moneda mostró cierto blindaje ante eventos políticos que en el papel generan incertidumbre y volatilidad. Sin embargo, hace mucho tiempo que estas circunstancias han sido de alguna manera normalizadas y vemos cómo un nuevo cambio de presidente tiene un modesto impacto sobre nuestra moneda.

En este contexto, la reciente volatilidad resulta particularmente relevante de analizar. Tras varios meses sin mayores fluctuaciones, el martes de esta semana el Sol registró una depreciación de 1.60% en el mercado interbancario. Para ponerlo en perspectiva, esta variación diaria se ubica en el percentil 99 de los últimos diez años. Es decir, si ordenamos las variaciones diarias desde 2016, el 3 de marzo se situaría entre las jornadas de mayor ajuste cambiario.
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Es importante puntualizar que en este caso la volatilidad se origina debido a un evento externo. El reciente conflicto entre Estados Unidos e Irán ha incrementado la incertidumbre global afectando de manera relevante el precio de los activos financieros. En escenarios de esta naturaleza, los inversionistas tienden a buscar activos refugio, siendo el dólar el principal beneficiario, lo cual presiona a las monedas de economías emergentes. En línea con ello, varias monedas latinoamericanas registraron depreciaciones incluso superiores a la del Sol.
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Observamos además cómo parte del movimiento local fue atenuado debido a la intervención del Banco Central. Resulta interesante que esta venta de dólares ocurriera pocos días después de una participación activa en compras en el mercado spot, conteniendo lo que hasta hace poco era una tendencia apreciatoria. Este comportamiento es consistente con la misión del BCR de contener aquellos movimientos abruptos, especialmente en episodios donde los mercados tienden a sobrerreaccionar y actúan sin certeza sobre si se trata de un evento transitorio o de un cambio de la dinámica de mercado.
Estas circunstancias dejan algunas lecciones a futuro sobre la importancia de una adecuada gestión de riesgos y sobre la reacción que puede adoptar el tipo de cambio en momentos de mayor incertidumbre.
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Si bien el panorama geopolítico internacional sigue siendo incierto y su impacto final sobre las variables financieras es difícil de anticipar, el Sol también enfrenta un evento relevante el próximo mes en las elecciones presidenciales. A medida que avance el calendario político, movimientos atípicos del tipo de cambio son de esperar, así como un Banco Central de Reserva activo.
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Para los distintos agentes económicos, y en particular para el sector corporativo, resulta fundamental evaluar y mantener una política activa de gestión de riesgos cambiarios frente a este tipo de escenarios. Aunque la estabilidad reciente ha contribuido a normalizar niveles bajos de volatilidad, episodios como el observado esta semana evidencian que la dinámica del mercado puede modificarse con rapidez. Ante esto, el mercado cambiario ofrece diversas herramientas —forwards y opciones— que permiten cubrir balances y flujos con distintos niveles de cobertura.
Escenarios como los de esta semana son un ejemplo claro de cómo la gestión de riesgos financieros es parte esencial del manejo responsable en cualquier rubro de actividad económica.
Marco Merino es Head FX de BBVA en Perú







