
Escribe: Enrique Castillo, periodista.
Desde el inicio del nuevo año, dos han sido los temas que han dominado los principales espacios de casi todos los medios informativos en sus diferentes plataformas: uno internacional y otro nacional, la situación en Venezuela y Petroperú.
Ha pasado a un tercer plano, a pesar de lo grave y dramático de la situación, el hecho de que, desde los primeros días del año, los asesinatos se han incrementado considerablemente, y de que las modalidades de extorsión y los ataques delincuenciales nos están mostrando que la criminalidad ahora actúa con total impunidad y salvajismo, sin el más mínimo pudor ni temor. Es más, se ha vuelto a prorrogar el estado de emergencia, y ya nadie repara en ello.
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No sabemos si esta situación se debe a que ya quedaron atrás todas las promesas de enfrentar a la delincuencia pasando a la ofensiva o si, frente a la incapacidad de luchar eficazmente contra la criminalidad, se ha optado por pasarle también esta “papa caliente” al próximo gobierno; o si ya nos estamos “acostumbrando” tanto a este tipo de noticias que, en un afán de buscar un escape, le damos más importancia a otros temas más “espectaculares”.

La misma campaña electoral, que hasta antes de fin de año tenía como principal eje justamente la seguridad ciudadana, va tomando un giro que por ahora puede parecer poco perceptible, pero que seguramente irá adquiriendo mayor cuerpo un poco más adelante, y que está relacionado con las dos noticias a las que nos hemos referido en el primer párrafo.
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No es ninguna novedad para los peruanos, desde hace un par de décadas, vivir en medio de una polarización política. Mucho menos cuando se trata de una campaña electoral. De hecho, ya en esta campaña hacia el 2026 se abrió de manera franca la lucha entre la derecha y “los rojos”.
El recientemente inscrito candidato presidencial de Avanza País lanzó, en los últimos días del 2025, su proclama en la que señaló: “Vamos a reformar el país, caiga quien caiga. Enfrentaremos a los rojos sin miedo para que no sigan generando pobreza”, mostrando a su potencial electorado quiénes serán el objetivo de sus iras.
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Y ha sido la misma plancha presidencial de ese partido la que en las últimas horas ha señalado abiertamente al país que va por la privatización de Petroperú. Y este es uno de los giros de los que hablamos líneas arriba.
Las medidas que el Gobierno ha dictado sobre Petroperú, justo al inicio de la campaña electoral, traerán al presente un debate que fue muy fuerte en el pasado, el de la privatización de las empresas públicas o “estratégicas”, y permitirán que varios candidatos traigan de regreso los fantasmas de la privatización de servicios públicos esenciales, como el agua, por ejemplo.
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Tendremos frente a frente a “los privatizadores” y a los “estatistas”, lo que se complementará con quienes quieren reducir el Estado fusionando o eliminando ministerios, y quienes plantearán “más Estado”. Un debate que nos recordará las épocas del Fredemo y del fujimorismo primigenio.
La pregunta puede ser: ¿cuántos de los partidos que se consideran o son considerados de derecha van a apostar públicamente por la privatización?
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La privatización dividió al país durante un buen tiempo y de manera muy marcada. La resistencia se dio en Lima, pero en mayor medida en las regiones del interior del país. Es verdad que los tiempos pueden haber cambiado y que los dogmas ideológicos ya casi no existen, pero no deja de ser una apuesta riesgosa promover abiertamente la “privatización”, porque la ola derechista de otros países no necesariamente se vive con la misma intensidad en las regiones peruanas.
El otro giro será el del plano internacional. La intervención norteamericana en Venezuela todavía no muestra claridad sobre el futuro de ese país, y ha abierto un debate muy fuerte sobre las posibilidades y los límites de las acciones de Estados Unidos en Latinoamérica.
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Obviamente, el mismo debate se ha abierto sobre el comportamiento de los gobiernos de países como Venezuela, donde el correr de los días nos dirá si Delcy Rodríguez seguirá el camino marcado públicamente por Donald Trump y Marco Rubio, o si buscará seguir junto a Diosdado Cabello leal a Maduro; Colombia, cuyo Presidente acaba de tener una larga conversación con el presidente de Estados Unidos, luego de semanas de entredichos, insultos, y amenazas; Cuba, cuyas cartas de intervención militar en América Latina ya quedaron abierta y expuestas en la mesa; y otros.
Este asunto no pasará desapercibido en la campaña electoral peruana, y será aprovechado por varios partidos políticos para plantear un debate sobre la relación de Estados Unidos y Latinoamérica, y para tratar de desacreditar las posiciones derechistas que apoyan el accionar norteamericano.
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Y como parte de este último tema está el de la situación de los venezolanos y el “corredor humanitario” que también dividirá al país.








