
El panorama global parece haber entrado en una fase de permacrisis, donde los focos de tensión geopolítica se relevan unos a otros sin darnos respiro. Recientemente, la escalada de tensiones en Irán ha vuelto a poner a los mercados financieros en una posición de alerta máxima. El estrecho de Ormuz, una arteria vital por donde circula cerca del 20% del suministro mundial de petróleo, se mantiene como el gran punto de inflexión económico. La continuidad de su interrupción no solo seguiría disparando los precios de la energía, sino que actuaría como un impuesto directo al consumo global, amenazando el crecimiento económico mundial y complicando la tarea de los bancos centrales en estabilizar la inflación.
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Sin embargo, el comportamiento reciente de los mercados nos ha dejado una lección de humildad y prudencia. El comportamiento futuro del crudo del petróleo auguraba desde la semana pasada una semana teñida de rojo con los precios de la energía tocando los US$ 120 durante la apertura del domingo por la noche. No obstante, lo que parecía una tormenta inminente terminó convirtiéndose en un episodio de impacto acotado: menor presión en Estados Unidos y efectos más significativos en Europa y los mercados emergentes, pero lejos de constituir un cambio de tendencia.
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Para entender por qué no debemos sucumbir al pánico, es imperativo revisar la evidencia histórica. Al analizar los principales shocks geopolíticos desde la Segunda Guerra Mundial hasta la actualidad, observamos un patrón de resiliencia notable. Según datos históricos del S&P 500 frente a eventos de crisis, como el ataque a Pearl Harbor, la crisis de los misiles en Cuba o incluso ataques terroristas recientes, la caída promedio del mercado en el primer día de un evento es de apenas -1%. Si bien es cierto que el mercado puede continuar bajando hasta alcanzar un suelo promedio de -6% en las semanas posteriores, la recuperación total suele ser rápida.
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Por otro lado, en promedio, el mercado tarda solo 23 días en tocar fondo tras un evento geopolítico y apenas 50 días en recuperar todo lo perdido. Esta recuperación en forma de V es la que castiga severamente a quienes intentan hacer market timing. El inversor que decide salir del mercado ante el ruido de volatilidad suele perderse los días de rebote más potentes que se dan precisamente en estos escenarios, los cuales ocurren cuando la incertidumbre comienza a disiparse, pero el sentimiento general sigue siendo pesimista. La historia es clara: el impacto de la geopolítica en los retornos de largo plazo es, a menudo, una anécdota comparada con los fundamentos financieros.
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Ante este entorno, la respuesta no debe ser la parálisis ni la huida, sino el fortalecimiento de la estructura del portafolio. La importancia de la diversificación, ajustada siempre al perfil de riesgo y al horizonte de tiempo de cada inversor, es nuestra mejor defensa. En la configuración de activos, la renta variable de Estados Unidos debe seguir siendo el núcleo estratégico de la cartera. EE.UU. no solo ha demostrado una resiliencia superior, sino que ofrece la mejor relación riesgo/retorno en el largo plazo debido a su profundidad de mercado y capacidad de innovación. No obstante, una estrategia robusta debe incluir exposición a Europa y mercados emergentes, que pueden ofrecer valoraciones atractivas y capturar ciclos de crecimiento diferenciados.
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En conclusión, el entorno geopolítico actual exige una vigilancia constante, pero sobre todo, calma. Estar atentos no significa reaccionar a cada titular o noticia en redes. La disciplina y la paciencia son los activos más escasos y valiosos en el mundo de las inversiones. Aquel que logra mantener el rumbo, respetando la estrategia y evitando las decisiones impulsivas de corto plazo, es quien finalmente logra capitalizar su portafolio de manera exitosa en el largo plazo. En el ajedrez financiero y geopolítico global, el tiempo en el mercado siempre termina ganándole al intento de adivinar el momento del mercado.
Jorge Castro Uriol es Gerente de asesoría de inversiones en Scotiabank y docente de Geopolítica de la Ucsur.







