Lo trascendental es la política del Gobierno, esa que, lamentablemente, no ha llenado las expectativas durante la presentación del premier en el Congreso.
Lo trascendental es la política del Gobierno, esa que, lamentablemente, no ha llenado las expectativas durante la presentación del premier en el Congreso.

Sería realmente injusto pedirle a un nuevo gobierno que, recién a los veinte días de haber asumido el control del Ejecutivo, solucione ya los problemas más graves que enfrenta el país. Resulta imposible que, en un período tan corto de tiempo, cualquier administración pueda ofrecer resultados y cumplir con las promesas de campaña.

Los problemas que sufre el país y que impactan directamente en la población de toda condición y lugar han crecido exponencialmente mientras el Estado no solo no ha estado presente, sino que, además, en la última década ha retrocedido y, en muchos casos, se ha convertido en cómplice del abandono y del deterioro de la situación social y económica de muchas zonas y de millones de peruanos.

Y cuando decimos Estado, nos estamos refiriendo a muchas de las autoridades de los últimos gobiernos nacionales y/o subnacionales y, por supuesto, a la gran mayoría de los congresistas que solo buscaron su beneficio personal a través de una actividad parlamentaria muy parecida a la que se vive en un mercado persa y de cuotas de poder en ministerios e instituciones públicas.

Aún ahora, y aplastados por el rechazo electoral, siguen persiguiendo desesperadamente esas cuotas a través de la vía electoral regional o municipal, o de aquella que les permita mantener o “insertar” en el nuevo gobierno a gente de su confianza.

En paralelo, la naturaleza también participa y abre otro frente de batalla que ataca de diferentes formas: El Niño, sus preliminares y sus posibles dramáticas consecuencias; y la siempre latente, y hoy más que nunca atemorizante, posibilidad de un gran terremoto, que se anuncia con temblores y sismos de diferente intensidad en varias partes del territorio.

No es fácil enfrentar todo eso cuando uno recién se está sentando en el sillón de un cargo.

Pero, comprendiendo toda esa situación en el frente externo, sí hay algo que preocupa sobremanera y que se refiere al frente interno.

Toda institución y/u organización exitosa o que quiere tener éxito requiere una visión, que generalmente es concebida y transmitida por un líder que la convierte, luego, en una visión colectiva y compartida con todo el grupo que lo acompaña, lo que convierte al grupo en un equipo sólido, con cohesión interna, con una ruta clara, objetivos definidos y acciones consistentes con la visión y los objetivos.

Muy poco de eso hemos visto en los primeros días del Gobierno. Por el contrario, en ese breve plazo de 20 días, lo que el país ha visto son objetivos poco claros y hasta contradictorios, muy poca coordinación, escasa sintonía entre posiciones ministeriales, enfrentamientos abiertos y sendos y públicos jalones de orejas de la presidenta a los ministros. Y nada de eso es invento o “narrativa” de la oposición o de los enemigos del Gobierno. Se trata de hechos nacidos al interior del Ejecutivo.

Las filtraciones desde el Gobierno; la permanente postergación de la solicitud de facultades; el enfrentamiento entre el Minjus y el Mincul, incluida una carta abierta a la presidenta; la desautorización de la presidenta al titular del MTC por el caso de los trenes y el llamado público de atención al ministro de Economía y Finanzas; la referencia a la situación catastrófica del país, pero con la ratificación o el nombramiento de personas que participaron en la generación de esa catástrofe; la acusación de que las anteriores gestiones fracasaron en materia de lucha contra la inseguridad, pero con la ratificación de la confianza en quienes “lideraron” esa “lucha” anterior desde la PNP y señalando que nos están matando menos; las “estrategias” de comunicación de la presidenta y de varios ministros; y podríamos seguir. Y todo en 20 días.

Si esto lo trasladáramos a una empresa, podríamos decir que casi todo esto tiene que ver con la falta de una visión clara y compartida, con una deficiente selección de personal o una mala inducción, con una mala priorización, con la ausencia de objetivos claros, con una mala comunicación interna y externa, con la poca experiencia y capacidad para alinear posiciones, y todo ello por el deficiente trabajo o la ausencia del gran coordinador y líder que es el gerente general.

Con todos los problemas graves que tiene el país, ¿la administración del Lugar de la Memoria es un gran objetivo nacional en este momento? ¿La duda de si los trenes fueron comprados o donados debe ser motivo de un gran debate nacional? Lo trascendental es la política del gobierno, esa que, lamentablemente, no ha llenado las expectativas durante la presentación del premier en el Congreso.

Otro tema es la relación del Ejecutivo con la bancada oficialista. Mucha de la crítica del Ejecutivo hacia las gestiones anteriores o hacia las leyes que se han dado debe dolerles a varios congresistas de Fuerza Popular y Renovación Popular, lo que debe estar generando cierta distancia.

A esto se suma lo de las comisiones y sus presidencias en el Congreso, sobre todo en la Cámara de Diputados. Muchos han puesto el grito en el cielo, pero ¿de quién es la responsabilidad? ¿La izquierda tomó por asalto esas comisiones y se atrincheró en las presidencias? ¿Acaso no se trata del resultado de malas negociaciones?

Es el inicio del Gobierno y hay espacio para corregir, rectificar y ordenar. Pero tampoco es que exista mucho tiempo. La población y los problemas no van a esperar mucho. Si estos problemas persisten se generará un desorden interno, inestabilidad prematura, pérdida de credibilidad, caída en la aprobación, la consiguiente falta de confianza, y un empoderamiento de la oposición.

Guerra avisada no mata gente, señala el dicho. El de los abuelos y no el del ministro del Interior.

Enrique Castillo es periodista.

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