ELECCIONES. La victoria de Abelardo de la Espriella en Colombia llega en un momento particularmente relevante para América Latina. No solo porque pone fin a cuatro años de gobierno del izquierdista Gustavo Petro, sino porque ocurre en medio de un ciclo electoral que incluye a Colombia, Perú y Brasil, las tres economías más importantes de Sudamérica, descontando a Argentina.
Hace pocos meses, JPMorgan sostuvo que el 2026 podía convertirse en un punto de inflexión para la región. El banco observaba una preferencia creciente por candidatos asociados con inversión privada, disciplina fiscal y seguridad ciudadana. Colombia parece haber confirmado parte de esa hipótesis.
Los resultados ayudan a entender por qué. Aunque la diferencia fue menor a un punto porcentual, según cifras preliminares, la campaña estuvo dominada por temas distintos a los que marcaron la elección de Petro en el 2022. UBS destaca que la inseguridad, el narcotráfico y la expansión de grupos armados pasaron a ocupar el centro de la discusión pública. La economía también pesó. Y mucho.
Sin embargo, el resultado colombiano no debería interpretarse como una victoria sin matices de la derecha. Casi la mitad de los votantes respaldó a Iván Cepeda. El próximo presidente asumirá un país dividido. Fitch recuerda que el principal desafío será fiscal. El déficit supera el 6% del PBI y la estabilización de la deuda exigirá ajustes difíciles de ejecutar, independientemente del signo político del Gobierno.


La elección también tiene una lectura regional. El Wall Street Journal sostiene que Colombia se suma a una secuencia de cambios políticos observados en otros países latinoamericanos durante los últimos años. Pero consideramos que el elemento común no parece ser la ideología. Lo que surge una y otra vez en las urnas es la demanda de crecimiento, seguridad y capacidad de gestión.
Esa discusión coincide con un momento de cambios en la economía mundial. La competencia entre Estados Unidos y China, la transición energética y el desarrollo de infraestructura vinculada a la IA han aumentado el valor estratégico de recursos que abundan en América Latina. La pregunta es qué países ofrecerán las condiciones necesarias para captarlas.
Para el Perú, dados los resultados de la segunda vuelta, el resultado colombiano tiene una dimensión adicional. Ciertas declaraciones de Petro sobre el caso de Pedro Castillo y contra el Gobierno de Dina Boluarte derivaron en una crisis diplomática. La llegada de un nuevo Gobierno en ambos países –posiblemente afines– abre la posibilidad de normalizar una relación relevante para el comercio, la integración andina y la lucha contra el narcotráfico.
La elección colombiana ofrece una señal clara. Los mercados pueden celebrar el resultado, pero el verdadero examen comienza ahora. El nuevo Gobierno deberá demostrar que seguridad, inversión y disciplina fiscal pueden traducirse en resultados concretos.







