
Director del MBA de Pacífico Business School
Para dimensionar al sector privado en nuestra economía, un dato importante es que, al cierre del 2019, generaba empleo formal a más de 3.8 millones de peruanos (equivalente al 21.3% de la PEA) y representa más del 80% de la inversión total en el Perú por lo que es, sin lugar a dudas, el principal motor para el crecimiento de nuestra economía.
Durante esta crisis sanitaria todos los peruanos hemos chocado con la realidad de que, si bien estábamos creciendo económicamente y somos vistos como un país atractivo para la inversión extranjera, esto no se reflejaba en el acceso a servicios básicos como salud, saneamiento, entre otras que deberíamos tener como personas.
Esta crisis sanitaria no solo ha cambiado radicalmente nuestro estilo de vida, sino que ha generado la destrucción de más de 1.7 millones de empleos formales y la contracción del PBI (más de 32% en mayo y 40.5% en abril).
Para lograr reactivar la economía y reducir el desempleo, el Estado debe fomentar la inversión privada y el destrabe de grandes proyectos ya que la empresa privada es el principal generador de empleo formal en nuestro país. Además, este no es el único beneficio que trae consigo el sector, sino que también contribuye con el progreso de sus zonas de influencia, desarrolla las capacidades de sus trabajadores y genera bienestar general en la sociedad. Una fórmula muy cierta y que deberíamos utilizar como guía en estos momentos es “a más inversión, se genera más empleo, lo que se traduce en menos pobreza”.
Esta pandemia ha mostrado la cara solidaria de una parte importante del sector privado, donde no solo asumió un rol significativo en el sostenimiento de cadenas logísticas vitales como la de alimentos, medicamentos y productos de protección, sino que también ha realizado grandes aportes, no solo de equipos de protección personal, kits de aseo y fondos de ayuda, sino que también ha puesto a disposición equipos completos de sus organizaciones para encontrar soluciones a problemas nacionales como la falta de ventiladores mecánicos y plantas de oxígeno que son tan necesarios en esta coyuntura.
Solo para poner algunos ejemplos de los donativos vistos durante esta pandemia por el sector privado1, son la campaña de Alicorp “Ayuda al que ayuda” que donó alimentos y productos de limpieza a poblaciones vulnerables y personas de la primera línea de defensa; el Grupo Hochschild creó un fondo de apoyo económico para alumnos de la UTEC y Tecsup en situación de vulnerabilidad para que puedan costear sus estudios; la PUCP en conjunto con Brein (hub de innovación de Breca), Diacsa, Zolid Design y Energy Automation Technologies desarrollaron el ventilador mecánico MASI que ayudará a aumentar la oferta de camas UCI en nuestro país; Intercorp donó más de 500 tablets a EsSalud y productos para la implementación de la Villa Panamericana; Gloria ha donado más de 680 toneladas de productos; CFI a través de sus subsidiaria Agrícola Cerro Prieto y Huaura Power, donaron hipoclorito de calcio para desinfectar el equivalente a 250Km en mercados, centros de salud y poblados; entre otras.
En resumen, la empresa privada es uno de los pilares fundamentales de nuestra economía y de la generación de empleo pero que, además, tiene la capacidad de sumar y responder con gran solidaridad y empatía frente a los grandes desafíos. Debido a esto, el sector público debería buscar asociarse con el privado para compartir capacidades y delegar tareas donde no es especialista.
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