
El debate no fue el espacio más idóneo para que los candidatos pudieran presentar sus propuestas. Quizás fue el formato —escasos minutos para abordar temas tan complejos como la corrupción, seguridad, salud y educación— que impidieron a los candidatos poder ampliar sus ideas, la cantidad de candidatos —que hacía inviable dar el tiempo a cada uno para que pudieran explicar sus planteamientos— o las “puyas” entre algunos de ellos, con la finalidad de sobresalir y buscar salir del grupo de “otros” de las encuestas electorales.
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Tal vez hubiera sido mejor darle a cada candidato todo el tiempo que le había sido asignado para exponer sus ideas, en vez de buscar confrontarlos, pues eso provocó que se pierda el poco tiempo que se tenía para la explicación de las propuestas. Al final, las propuestas salieron a raudales, como listas de mercado, y se ofrecieron cosas inverosímiles —uno de ellos, incluso, llegó a mencionar que, de ser elegido, el Perú lograría clasificar al mundial. Lo que me quedó claro es que varios candidatos están “en la luna” porque muchas medidas que han sido propuestas ya existen o proponen cosas que no pueden hacer porque no tendrían las competencias para hacerlo, lo que demuestra que estos candidatos no tienen ni idea de cómo se debe gestionar un gobierno y cómo funciona el Estado.

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Como electora, tengo muchas dudas. ¿De dónde van a salir los miles de millones de soles que se prometen en salarios, becas, obras, viviendas, etc? Ni qué decir de las ideas, tan vagas y gaseosas, sobre cómo pretenden acabar con la corrupción, la inseguridad y la informalidad. ¿Qué me hubiera gustado escuchar?
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En primer lugar, qué deficiencias han encontrado en el sistema de control, en el de integridad —y otros como el de compras— que están favoreciendo la corrupción y cómo pretenden combatirlas. Una clave puede estar en reforzar la institucionalidad y promover procesos más transparentes y de rendición de cuentas. Además, el papel de la procuraduría, la fiscalía y el Poder Judicial es preponderante. Las investigaciones por corrupción deben ser sólidas y técnicas y los procesos céleres y eficaces. Lo mismo para el caso de los procesos contra la delincuencia. No es posible que criminales con condenas sigan libres y delinquiendo.
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Tenemos cuellos de botella en varios sectores (salud o infraestructura) y problemas de gestión en otros tantos. A nivel regulatorio, me pregunto si cada partido ha revisado si las reglas que operan en todos estos casos son las más eficaces y eficientes o si estamos ante fallos que nos están jugando en contra. En lo personal, he identificado varios sectores que podrían verse favorecidos con revisiones y mejoras.
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Finalmente, no quiero dejar de reflexionar sobre un tema ausente: la regionalización. Son muchos los ejemplos que nos muestran que es necesario revisarla. Los gobiernos regionales no han sido capaces de poder atender las necesidades de sus regiones y el crecimiento que habíamos visto años antes de su aprobación se ha estancado o retrocedido. Muchas de las reformas podrían empezar ahí. En cualquier caso, queda muy poco para elegir un nuevo gobierno y es mi deseo, por el bien de todos, que esta vez, elijamos bien.
María Antonieta Merino es docente de las universidades del Pacífico y de Lima.








