Los terremotos que sacudieron Venezuela el miércoles se han convertido en la primera gran prueba política para la presidenta interina, Delcy Rodríguez, mientras el desastre evoluciona rápidamente hacia una disputa sobre la capacidad de gestión.
El viernes por la mañana, el número oficial de fallecidos había aumentado a casi 600, y las autoridades informaron que los heridos ascendían a 3,000. Se habían producido más de 200 réplicas.
Mientras el gobierno de Rodríguez acelera las tareas de rescate, la restauración de infraestructura y la obtención de ayuda internacional, la oposición ha puesto en marcha su propio operativo de apoyo. Esto incluye la organización de la respuesta humanitaria, la creación de plataformas paralelas para localizar a personas desaparecidas y la coordinación de la ayuda.
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Los esfuerzos paralelos reflejan cómo la asistencia ante desastres se ha convertido en un campo de batalla clave por la legitimidad en la Venezuela posterior a Maduro.
La forma en que Rodríguez gestione la crisis probablemente marcará el futuro de su administración tras la operación estadounidense de enero que sacó del poder al líder chavista Nicolás Maduro. Una respuesta eficaz podría ayudar a fortalecer el respaldo a su gobierno, mientras que un desempeño deficiente corre el riesgo de profundizar el malestar ciudadano y reforzar a la oposición encabezada por María Corina Machado.
Para Rodríguez, “la emergencia es simultáneamente riesgo y oportunidad”, escribió el analista político venezolano Benigno Alarcón en un informe. “Si la respuesta es rápida, transparente y eficaz, el gobierno interino puede recuperar legitimidad de desempeño. Si es opaca, militarizada, excluyente o corrupta, aumentaran el costo social, la presión internacional y la probabilidad de fracturas”.
A diferencia de las elecciones o de una negociación, los desastres naturales ofrecen a los gobiernos una oportunidad inmediata para demostrar la capacidad del Estado o dejar al descubierto sus limitaciones.
Precedente histórico
La historia ofrece antecedentes dispares para Rodríguez. En diciembre de 1999, Hugo Chávez enfrentó la tragedia de Vargas, cuando lluvias torrenciales y deslaves causaron decenas de miles de muertes en lo que hoy es el estado La Guaira. Aunque el desastre consolidó la imagen de Chávez como un líder comprometido, su gobierno rechazó las ofertas de asistencia militar de Estados Unidos, convirtiendo las labores de ayuda en otro frente de confrontación con Washington.
Rodríguez ha adoptado un enfoque radicalmente diferente. Su gobierno ha aceptado públicamente ofertas de ayuda de países de todo el espectro político, incluidos EE.UU. y aliados de Donald Trump como Chile, Ecuador, Paraguay y El Salvador, en una señal de mayor pragmatismo en materia de cooperación internacional.

La decisión también refleja la magnitud del desafío. Los dos terremotos —los más intensos registrados en Venezuela en varias décadas— llevaron al Servicio Geológico de EE.UU. (USGS) a emitir su nivel máximo de alerta PAGER, advirtiendo sobre posibles pérdidas humanas y económicas catastróficas.
De manera similar, cuando inundaciones y deslizamientos de tierra devastaron Las Tejerías en 2022, dejando decenas de muertos y miles de viviendas destruidas, Maduro rompió años de relativo aislamiento para visitar repetidamente la zona afectada y prometer ayuda estatal. En aquel momento, muchos interpretaron esas acciones como un intento por reconstruir su imagen de cara a las elecciones presidenciales de 2024, tras casi una década de colapso económico y crisis política.
Algunas experiencias iniciales ya ofrecen indicios de los riesgos políticos que implica una respuesta insuficiente, especialmente cuando la oposición venezolana sigue conservando un amplio respaldo pese a que Machado permanece en el exilio.
Marianao Vallenilla, profesora universitaria de 35 años residente en Caracas, afirmó que no había visto presencia de autoridades en Chacao, el sector donde vive: ni policías ni bomberos. Los vecinos de su edificio, explicó, estaban organizándose por su cuenta para contratar ingenieros que evaluaran la seguridad de la estructura.
“En cuanto a autoridades, nada, no nos dicen nada sobre qué hacer ahora”, señaló Vallenilla en un mensaje de audio por WhatsApp. Agregó que probablemente las personas que viven fuera de Venezuela sepan más sobre lo que ocurre que quienes están en el país.
Jonny Montoya, de 62 años, se encontraba con su madre de 84 años en El Rosal, un exclusivo distrito comercial al este de Caracas, cuando ocurrieron los terremotos. Aseguró que tiene pocas expectativas sobre la capacidad de Rodríguez para gestionar la crisis y calificó a su gobierno como una “banda criminal que ha hecho cosas peores que un terremoto”. Añadió que, si la comunidad internacional envía ayuda, “se la van a robar”.
A su juicio, será difícil que el gobierno pueda responder adecuadamente tras décadas de deterioro institucional bajo el oficialismo. “Los bomberos no tienen gasolina, no tienen cómo resolver el problema”, afirmó.
Una médica del Hospital Miguel Pérez Carreño compartió fotografías de ocho páginas manuscritas con los nombres de pacientes heridos y explicó que el centro asistencial estaba desbordado. Difundió la lista con la esperanza de que las familias pudieran localizar a sus parientes desaparecidos. Los hospitales venezolanos llevan años afectados por la escasez de medicamentos e insumos básicos.
La competencia entre las autoridades interinas y la oposición ya se desarrolla también en el ámbito digital. La administración de Rodríguez reutilizó VenApp —la aplicación móvil que anteriormente se empleaba para incentivar a los ciudadanos a denunciar a presuntos opositores del gobierno— como plataforma de emergencia para reportar personas desaparecidas y daños en infraestructura.
La oposición, por su parte, lanzó una plataforma paralela para ayudar a reunir a familias que buscan a personas desaparecidas y coordinar voluntarios, creando redes humanitarias alternativas mientras ambas partes compiten por demostrar quién puede movilizar ayuda con mayor rapidez y eficacia. La plataforma opositora ofrece una alternativa para quienes desconfían de la aplicación oficial. Actualmente registra más de 40,000 personas reportadas como desaparecidas, de las cuales unas 3,000 ya fueron localizadas. También permite informar daños en infraestructura, al igual que la aplicación gubernamental.
Machado permanece en el exilio desde finales del año pasado, cuando salió de Venezuela para recibir el Premio Nobel de la Paz en Oslo, lo que ha obligado a la oposición a coordinar las tareas de ayuda principalmente a través de voluntarios y redes digitales. La dirigente pidió a sus seguidores organizar la asistencia mediante las cuentas de campaña en redes sociales, mientras el sitio web de la oposición se ha convertido en un centro de recopilación de información sobre desaparecidos y daños materiales.
“En esta hora tan oscura, tan difícil, estamos juntos... no estás solo”, dijo Machado en un video publicado en sus redes sociales. “Muy muy pronto nos abrazaremos en Venezuela”.
El equipo de Machado también puso en marcha “Operación Todos con Venezuela”, una iniciativa destinada a movilizar ayuda humanitaria para las familias afectadas mediante una red de centros de acopio para alimentos, agua potable, ropa y suministros médicos.
Aun así, Montoya, residente de Catia, un sector popular de Caracas que durante años fue considerado un bastión del oficialismo, aseguró que todavía no ha visto esfuerzos de ayuda concretos ni por parte del gobierno de Rodríguez ni de la oposición.
“Si la legitimidad de Rodríguez dependía de su capacidad para atraer inversión extranjera y reactivar la devastada economía venezolana, la destrucción causada por los terremotos ha convertido esa tarea en un desafío mucho más difícil”, señaló por correo electrónico Tiziano Breda, del observatorio de conflictos ACLED.







