
Diego Esquivel escuchaba las historias increíbles que llegaban desde el sur mientras su carrera se estancaba en Buenos Aires: sueldos altísimos, un crecimiento vertiginoso y pequeñas empresas con tanto dinero que no sabían qué hacer con él.
Pronto comprendió que el auge energético de la ventosa Patagonia no era otra promesa vacía, sino una oportunidad de alcanzar la prosperidad que le resultaba esquiva en su ciudad natal. Así, a sus 38 años, se sumó a los miles de argentinos que se están mudando a las polvorientas llanuras de una región que pasó de estar relegada a convertirse en la mayor historia de éxito del experimento de libre mercado del presidente Javier Milei.
“Mi situación cambió por completo en solo seis meses”, dijo Esquivel, cuyo salario se triplicó cuando se mudó a la árida provincia de Neuquén para administrar un complejo habitacional para trabajadores petroleros. Divorciado y padre de cuatro hijos, ahora ayuda a su hija a pagar los gastos universitarios, algo que no podía permitirse con los US$ 900 mensuales que ganaba antes trabajando para una empresa de salud.
“En Buenos Aires no llegaba a fin de mes. Esa es la diferencia”, dijo.

Son votantes como Esquivel, que se define como independiente, quienes tienen la llave del futuro de Milei en un país conocido por sus bruscos vaivenes políticos. Aunque falta un año para las próximas elecciones presidenciales en Argentina, Wall Street y Buenos Aires ya están pendientes de si el modelo económico del libertario —y su papel al frente de la nueva derecha latinoamericana— logrará convencer a los votantes de respaldar su reelección. La administración Trump también tiene intereses en el éxito de Milei, después de extender el año pasado un salvavidas de US$ 20,000 millones a su gobierno.
Milei sí tiene resultados que mostrar: la inflación, que llegó a rozar el 300%, ahora está cerca del 30%; la economía probablemente creció dos años consecutivos. La pobreza está en su nivel más bajo en una década. Las principales agencias de calificación crediticia elevaron la nota de la deuda soberana argentina. Su programa insignia de incentivos a la inversión ha aprobado 27 proyectos hasta ahora, por un total de US$ 76,000 millones que irán ingresando gradualmente, mientras otras propuestas por US$ 133,000 millones siguen bajo evaluación.
Sin embargo, el optimismo de los inversionistas extranjeros oculta el malestar de los trabajadores, que está dividiendo al país. Mientras inversionistas como el multimillonario Peter Thiel destinan capital al petróleo y el gas en el sur, al litio en el norte y al cobre en el oeste, esas inversiones aún no se han trasladado a la economía real de Buenos Aires y otras grandes áreas metropolitanas, que suelen ser decisivas en las elecciones presidenciales.
En cambio, la pérdida de empleos, el fuerte aumento de las tarifas de servicios públicos y el endeudamiento de los hogares refuerzan entre los argentinos de clase media la sensación de que el crecimiento económico no los está beneficiando. Más de 32,000 empresas han cerrado desde que Milei asumió el poder, lo que redujo el número total de empleadores del sector privado a su nivel más bajo desde 2007.
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“Esta economía está empezando a mostrar dos Argentinas”, señaló Marcelo García, director para las Américas de la consultora Horizon Engage. “Los ganadores del programa económico de Milei pertenecen a sectores intensivos en capital. Los perdedores —entre ellos las pequeñas empresas, el comercio minorista y la construcción— son sectores intensivos en mano de obra”.
Solo el 39% de los argentinos aprueba su gobierno, frente al 43% a comienzos de año, según LatAm Pulse, una encuesta realizada en septiembre por AtlasIntel para Bloomberg News. No se trata de un cambio drástico, pero los inversionistas empiezan a inquietarse: los bonos soberanos de Argentina se cuentan entre los de peor desempeño de los mercados emergentes en los últimos dos meses.
Milei oscila entre negar que la situación sea difícil, culpar a sus predecesores por la crisis que heredó y reconocer que el corazón productivo del país sigue sufriendo.
“No estamos en el paraíso, esto no es Suiza, pero no podemos ignorar las condiciones iniciales”, señaló Milei en una conferencia el 20 de agosto. “La foto sigue siendo horrible, pero la película sigue siendo la mejor película de la historia argentina”.
El legado del libertario depende ahora de si el éxito de Neuquén puede extenderse al resto de la economía. Milei prometió un crecimiento del 5% para 2026 en el presupuesto presentado el año pasado, pero Argentina ahora va camino a expandirse apenas un 1.5%. Los datos de julio mostraron la mayor caída mensual desde la pandemia de covid-19, y es probable que la economía se haya contraído entre abril y septiembre, lo que marcaría lo que los economistas denominan una recesión técnica.
Solo cuatro de las 23 provincias argentinas y la ciudad de Buenos Aires han creado empleos formales en el sector privado desde que Milei asumió el poder. Neuquén crece más rápido que cualquier otra.
Del efectivo al “casino”
Matías Pizzio está contratando personal y ampliando sus operaciones en Neuquén. Trasladó tres camiones blindados durante 13 horas hacia el sur para custodiar efectivo destinado a bancos y cajeros automáticos. Como gerente general de la empresa de transporte de valores Huarpe Seguridad Integral, Pizzio desembarcó este año en la provincia, donde la bonanza petrolera ha dado lugar a una comunidad más próspera durante todo el año que necesita dónde depositar su dinero.
“Ese es el verdadero derrame económico que genera el desarrollo petrolero”, sostuvo Pizzio, de 39 años. “Vimos una gran oportunidad de negocio. El crecimiento de Neuquén y la demanda de nuestros clientes nos llevaron a instalarnos en la provincia”.
Pizzio puede estar transportando grandes cantidades de efectivo, pero otros advierten que muchos clientes no saben qué hacer con ese dinero. El asesor de inversiones Christian Lobenstein comenzó hace algunos años a organizar talleres en Neuquén para orientar a pequeños empresarios que estaban en condiciones de beneficiarse del auge energético. El gestor de cartera pronto se alarmó por el escaso nivel de educación financiera entre los habitantes de la zona.
Hace un par de años, le costó mucho convencer al dueño de una empresa que había obtenido contratos para perforar pozos petroleros de que los 600 millones de pesos —unos US$ 390,000— que mantenía inmovilizados en el banco podían rendir más en los mercados financieros antes de que una inflación del 200% erosionara su valor en una cuenta sin intereses.
“Le armé una estrategia de inversión, pero nunca logré que transfiriera los fondos”, contó Lobenstein. “Existe la idea de que el mercado de capitales es un casino y que, así como puede hacerte ganar un 10% un día, puede hacerte perder un 20% al siguiente”.
Los extranjeros parecen ser menos cautelosos a la hora de invertir en Argentina. Thiel compró una mansión de US$ 12 millones en el barrio más exclusivo de Buenos Aires y luego adquirió una participación considerable en Vista Energy SAB, la mayor petrolera privada de Argentina. Continental Resources, la empresa del magnate de Oklahoma Harold Hamm, está pujando por campos petroleros en el yacimiento de shale de Vaca Muerta. JPMorgan, Chevron y muchas otras compañías están financiando proyectos de petróleo y gas o participando directamente en la perforación.
Milei necesita que ese optimismo en el sur, el oeste y el norte de Argentina se traduzca el próximo año en votos en el densamente poblado este del país. En 2023, arrebató varias provincias disputadas al peronismo, el movimiento de izquierda que ha dominado la política argentina durante décadas. El libertario obtuvo el 60% de los votos en Neuquén apenas cuatro años después de que el entonces presidente promercado Mauricio Macri perdiera la provincia con el 37%.
Hoy, los principales rivales de Milei —los dirigentes peronistas Sergio Massa, Axel Kicillof y Máximo Kirchner, este último hijo de expresidentes— son igual de impopulares o incluso más, y todavía no está claro cuál de ellos se perfilará como principal contendiente el próximo año. Una oposición fragmentada y la disputa de poder dentro del peronismo podrían ser la mayor ventaja de Milei.
Pero incluso mientras Neuquén se convierte en la historia de éxito de Milei, residentes frustrados advierten que la economía local se está recalentando. Los pozos petroleros producen a toda marcha, pero las calles pavimentadas, el alumbrado público y la infraestructura básica siguen siendo escasos, mientras la llegada de nuevos habitantes presiona sistemas de transporte público, salud y educación concebidos para otra época. Con una población de unos 700,000 habitantes, la provincia recibió 21,000 nuevos residentes el año pasado, lo que obligó al gobierno local a comenzar a construir 160 nuevas aulas para miles de niños. Los residentes lamentan el estereotipo cada vez más extendido de recién llegados que aparecen sin empleo y sin estar preparados para los duros inviernos de las zonas menos pintorescas de la Patagonia.
Carlos Isa sigue apostando por Neuquén, pero dos años después de mudarse desde el norte de Argentina, está menos entusiasmado con su apuesta. El negocio marcha bien, aunque no tan bien como esperaba para Micronor, su empresa especializada en maquinaria para movimiento de tierras. Al igual que los precios internacionales del petróleo, excavar el terreno de donde se extrae puede ser un negocio volátil, y los costos de Isa en Vaca Muerta son más altos que en otras zonas del país.
“Mucha gente viene pensando que esto es un sueño dorado, pero hoy recomendaría cautela”, dijo Isa, de 50 años. “Creen que van a venir a Vaca Muerta y se van a hacer ricos. La verdad es que no funciona así”.

Los trabajadores de la industria petrolera representan apenas una pequeña fracción de la fuerza laboral, pero Isa y otros aseguran que esos altos salarios dominan de forma engañosa el imaginario popular en Argentina. Todos los sectores que se han subido al auge impulsado por la energía pagan mejor que en Buenos Aires, aunque buena parte de ese ingreso adicional se diluye por el mayor costo de vida en Neuquén.
Incluso el gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa, está pidiendo cautela a quienes buscan empleo.
“Cuando algunos salen en televisión y dicen tonterías sobre la cantidad de puestos de trabajo disponibles, no están reflejando la realidad”, señaló Figueroa en una entrevista, criticando a la élite de Buenos Aires. “Para conseguir trabajo en Vaca Muerta hay que capacitarse al menos un año; no se puede simplemente llegar y encontrar empleo de un día para otro”.
“Hablamos de cerrar”
De vuelta en Buenos Aires, Alicia Arce perdió a su principal cliente a comienzos de este año. La tienda de artículos de limpieza de esta mujer de 63 años está a una cuadra de FATE, la fábrica de neumáticos que cerró en febrero tras 80 años de actividad.
FATE se había convertido tanto en un símbolo de los empleos fabriles bien remunerados como de la historia proteccionista de Argentina, que encareció de forma exorbitante productos de uso cotidiano. La decisión de Milei de abrir más la economía al comercio exterior —incluidos los neumáticos importados— dejó a la planta mal parada después de dominar el mercado durante décadas.
La fábrica empleaba a casi 1,000 trabajadores, lo que garantizaba a Arce un flujo constante de clientes que compraban trapeadores, detergentes y otros productos esenciales al terminar sus turnos. Calcula que sus ventas han caído un 30% desde que Milei asumió el poder, ya que los salarios de los trabajadores no han logrado seguirle el ritmo a la inflación.
“Hemos hablado de cerrar”, confesó Arce, que administra el negocio junto con su esposo. “Llegamos al punto de no tener siquiera dinero suficiente para llenar el tanque de nafta. Entonces, ¿para qué exactamente seguimos manteniendo abierto este negocio?”
La economía argentina ha perdido más de 265,000 empleos privados desde que asumió Milei, aunque esa caída ha sido compensada en parte por una economía informal que sumó una cantidad similar de trabajadores, que a menudo ganan bastante menos que cuando tenían un empleo registrado.
Roberto Ambrosio es uno de ellos. El exoperador de máquinas de FATE sabía que la fábrica venía en declive, pero siempre pensó que lograría resistir; después de todo, había superado muchas otras crisis en Argentina. Sin embargo, empezaron a aparecer señales: los trabajadores llevaban un año y medio sin recibir aumentos salariales y la producción de neumáticos cayó gradualmente de 10,000 unidades diarias a 7,000. Ambrosio dejó de comer carne vacuna, un alimento básico en la dieta de los argentinos.
Desde que perdió su empleo, Ambrosio comenzó a hacer trabajos de pintura mientras veía a antiguos compañeros engrosar las filas de conductores de Uber. A su edad, no espera volver a conseguir un empleo asalariado. Vive del sueldo de su esposa junto con su hijo universitario, que sigue viviendo en casa. Su antiguo ingreso de 1.6 millones de pesos en la fábrica —ya por debajo del promedio nacional— desapareció. “Ahora, si tengo suerte, gano 300,000 pesos”.
Votante peronista de toda la vida, Ambrosio se opone firmemente a Milei.
“Uber te ayuda a pagar la luz o la nafta, pero no alcanza para mantener a una familia”, dijo Ambrosio. “Tuvimos que recortar gastos absolutamente por todos lados”.
Esquivel, el administrador del complejo habitacional que dejó el área de Buenos Aires para mudarse a Neuquén, votó por Milei hace tres años y volvió a apoyar a su partido en las elecciones legislativas de 2025. Pero de cara a las presidenciales del próximo año, ahora dice estar indeciso, pese a haber conseguido exactamente el tipo de empleo de alta demanda que Milei imaginó en una Argentina de libre mercado.
“Las decisiones del gobierno pueden afectarnos para bien o para mal, pero trato de no idealizar a ningún partido ni político”, sostuvo Esquivel. “La verdad es que no lo sé. Falta mucho para 2027 y todavía no decidí a quién voy a votar”.






