
La abrupta caída de Alex Saab, una de las figuras más influyentes del círculo de Nicolás Maduro durante más de una década, dejó al descubierto un cambio en la correlación de fuerzas dentro del oficialismo venezolano, marcado por la consolidación del poder de Delcy Rodríguez.
Saab, empresario colombiano que durante años suministró alimentos, combustible y medicamentos a una Venezuela cada vez más aislada, había contado con la protección directa de Maduro. Sin embargo, sus posiciones sobre política económica y acceso a los menguantes ingresos del Estado chocaban con la visión de Rodríguez, según fuentes cercanas a ambos bandos.
Dos semanas después de asumir la presidencia interina, Rodríguez lo destituyó del cargo de ministro de Industria sin precisar sus nuevas funciones, un movimiento interpretado como una señal clara de ruptura con el círculo político del exmandatario.
La salida de Saab resulta reveladora para analistas que siguen de cerca la política venezolana. Su asociación con Maduro se convirtió en un obstáculo para la nueva estrategia de Rodríguez, orientada a recomponer la relación con Estados Unidos y atraer inversión extranjera.

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Saab fue sancionado por EE.UU. en 2019 por presuntamente pagar sobornos para obtener contratos sin licitación y con precios inflados para importar cajas de alimentos destinados a los sectores más pobres, en una época marcada por la escasez extrema y la desnutrición infantil en amplias zonas del país.
Fue detenido en Cabo Verde y extraditado a Estados Unidos, donde permaneció 40 meses bajo custodia por cargos de lavado de activos, hasta ser liberado en un intercambio de prisioneros a fines de 2023.
Tras su retorno, Maduro lo reincorporó rápidamente al aparato estatal como director del Centro Internacional de Inversión Productiva de Venezuela (CIIP) y luego como ministro de Industria, reflejando la confianza personal que había depositado en él.
INTENTO DE LIMPIEZA DE IMAGEN
La remoción de Saab ocurre en momentos en que Rodríguez busca recomponer la imagen de Venezuela ante la comunidad internacional y los potenciales inversionistas.
Según especialistas, no resulta viable promover la inversión extranjera manteniendo como figura visible a quien fue uno de los principales recaudadores de fondos del régimen anterior.
Durante años, Saab operó bajo un mandato presidencial directo, fuera de las estructuras formales del partido gobernante, con credenciales diplomáticas y misiones especiales en el exterior, lo que hacía que su poder dependiera más de la lealtad personal que de instituciones.

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Ese tipo de poder se volvió frágil una vez que Maduro dejó la presidencia, abriendo espacio para que Rodríguez y su entorno comiencen a desmantelar silenciosamente esas redes.
NUEVO EQUILIBRIO INTERNO
Ahora, la líder venezolana enfrenta el reto de sostener un delicado equilibrio: mantener canales abiertos con Washington mientras convence a su coalición interna de que sigue comprometida con el proyecto político que heredó.
El desplazamiento de Saab no solo marca el fin de una figura clave del madurismo, sino también una señal del rediseño del poder en la Venezuela de Rodríguez.







