Esta fotografía muestra el logotipo de la "Junta de la Paz" durante la reunión anual del Foro Económico Mundial (FEM) en Davos el 22 de enero de 2026. El presidente estadounidense, Donald Trump, exhibirá su nueva "Junta de la Paz" en Davos el 22 de enero de 2026, puliendo su postura como pacificador, un día después de desmentir sus propias amenazas contra Groenlandia. Originalmente concebida para supervisar la reconstrucción de Gaza tras la guerra entre Hamás e Israel, el estatuto de la junta no limita su función a la Franja, lo que ha suscitado la preocupación de que Trump quiera rivalizar con las Naciones Unidas. (Foto de Mandel NGAN / AFP)
Esta fotografía muestra el logotipo de la "Junta de la Paz" durante la reunión anual del Foro Económico Mundial (FEM) en Davos el 22 de enero de 2026. El presidente estadounidense, Donald Trump, exhibirá su nueva "Junta de la Paz" en Davos el 22 de enero de 2026, puliendo su postura como pacificador, un día después de desmentir sus propias amenazas contra Groenlandia. Originalmente concebida para supervisar la reconstrucción de Gaza tras la guerra entre Hamás e Israel, el estatuto de la junta no limita su función a la Franja, lo que ha suscitado la preocupación de que Trump quiera rivalizar con las Naciones Unidas. (Foto de Mandel NGAN / AFP)

La apunta a un orden internacional más crudo y transaccional, en el que la legitimidad multilateral cede ante la fuerza y los juegos de poder, lo que, de imponerse sobre la ONU, dejaría al organismo aún más debilitado y relegado a un papel casi simbólico, según expertos.

Trump firmó en Davos (Suiza) el acta de constitución de la Junta, concebida inicialmente para supervisar el alto el fuego en Gaza y que el mandatario pretende ampliar a otros conflictos globales.

Al menos 35 jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos los de Israel, Argentina, Arabia Saudí y Egipto, han aceptado formar parte, mientras que otras naciones, como Francia, Noruega y Suecia, la han rechazado.

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El estatuto otorga amplios poderes a su presidente -es decir, Trump-, como el derecho de veto o de fijar la agenda, y prevé mandatos permanentes para los mayores contribuyentes financieros.

La Junta de Paz que EE.UU. ha esbozado no representa una alternativa seria a la ONU en términos de derecho internacional. Más bien parece un club de países de alto poder”, argumenta el analista Richard Gowan, del International Crisis Group.

Para el experto, que Washington promueva este organismo “evidencia que no se toma muy en serio el ecosistema de la ONU”, a la que perjudica restándole credibilidad y autoridad.

El presidente de Paraguay, Santiago Peña (2i), el presidente de Kazajistán, Kassym-Jomart Tokayev (3i), el ministro de la Corte del Primer Ministro de Baréin, el jeque Isa bin Salman bin Hamad al-Khalifa (4i), el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif (5i), la presidenta de Kosovo, Vjosa Osmani (centro-derecha), el ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita (7d), el presidente de Argentina, Javier Milei (6d), el primer ministro de Mongolia, Gombojav Zandanshatar (5d), el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan (4d), el ex primer ministro de Bulgaria, Rosen Zhelyazkov (3d), el ministro de Asuntos Exteriores de Turquía, Hakan Fidan (2d), y el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, posan con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump (centro), sosteniendo una carta fundacional firmada en la reunión de la "Junta de la Paz" durante la reunión anual del Foro Económico Mundial (FEM) en Davos el 22 de enero de 2026. (Foto de Fabrice COFFRINI / AFP)
El presidente de Paraguay, Santiago Peña (2i), el presidente de Kazajistán, Kassym-Jomart Tokayev (3i), el ministro de la Corte del Primer Ministro de Baréin, el jeque Isa bin Salman bin Hamad al-Khalifa (4i), el primer ministro de Pakistán, Shehbaz Sharif (5i), la presidenta de Kosovo, Vjosa Osmani (centro-derecha), el ministro de Asuntos Exteriores de Marruecos, Nasser Bourita (7d), el presidente de Argentina, Javier Milei (6d), el primer ministro de Mongolia, Gombojav Zandanshatar (5d), el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan (4d), el ex primer ministro de Bulgaria, Rosen Zhelyazkov (3d), el ministro de Asuntos Exteriores de Turquía, Hakan Fidan (2d), y el presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, posan con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump (centro), sosteniendo una carta fundacional firmada en la reunión de la "Junta de la Paz" durante la reunión anual del Foro Económico Mundial (FEM) en Davos el 22 de enero de 2026. (Foto de Fabrice COFFRINI / AFP)

Desde Naciones Unidas, la reacción es prudente pero distante: diplomáticos consultados por EFE reconocen dudas sobre la propuesta y temen que funcione como un “coto privado” de países afines a la voluntad de Washington.

En público, el secretario general, António Guterres, ha aseverado que la Junta es por ahora “amorfa” y que la ONU solo la respalda “de forma estrictamente limitada a su labor en Gaza”.

Más allá de ese marco, la organización insiste en que seguirá ciñéndose a su mandato, a la Carta de las Naciones Unidas y a sus mecanismos propios.

Una Junta a imagen y semejanza de Trump

Trump afirmó el miércoles en el Foro de Davos (Suiza) que el mundo es hoy “más rico, seguro y pacífico” gracias a su liderazgo y que la combinación de la Junta y la ONU sería “algo único en el mundo”.

Según Gowan, EE.UU. manda el mensaje a otras potencias de que no se va a tener en cuenta la diplomacia de la ONU y que ambos organismos podrían coexistir, especialmente si la Junta no asume otras actividades militares o de mediación fuera de Gaza.

Tampoco conviene olvidar que el Consejo de Seguridad es, básicamente, un club de grandes potencias con derecho de veto. Ningún organismo puede ser completamente inmune a la política de poder, pero esta iniciativa refleja la visión de Trump sobre el mundo”, consistente en “concentrar demasiado poder en una sola persona y minar la idea de decisiones basadas en consenso”.

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Mientras, el jurista canadiense Errol Mendes indica que Trump está afirmando abiertamente que “tiene derecho a violar todas las normas cuando, a su juicio, estén en juego sus intereses de seguridad”.

Esa lógica hace añicos los cimientos de la ONU y refuerza la noción de que quienes concentran poder pueden imponer su visión sin dar explicaciones”, anota.

Gowan coincide en que, aunque la Junta no asuma responsabilidades militares, “su mera existencia erosiona la autoridad de la ONU”.

Un mundo “fragmentado y volátil”

Organizaciones como Human Rights Watch coinciden en señalar que el mundo necesita una ONU más fuerte, “no un organismo liderado por un solo presidente” con una Junta que “omite referencias a derechos humanos y concentra una autoridad que podría quedar al margen de cualquier control”.

Mendes advierte de que el riesgo último es la consolidación de un sistema internacional “fragmentado y volátil”, en el que las normas compartidas se sustituyan por la ley del más fuerte.

El presidente estadounidense, Donald Trump, habla en la reunión de la "Junta de la Paz" durante la reunión anual del Foro Económico Mundial (FEM) en Davos el 22 de enero de 2026. (Foto de Mandel NGAN / AFP)
El presidente estadounidense, Donald Trump, habla en la reunión de la "Junta de la Paz" durante la reunión anual del Foro Económico Mundial (FEM) en Davos el 22 de enero de 2026. (Foto de Mandel NGAN / AFP)

Al margen de Trump y de la posible participación del presidente ruso, Vladímir Putin, no hay otras grandes potencias involucradas. China mantiene distancia, creo que no está interesada”, afirma, y agrega que la Junta refleja “un nuevo intento megalómano de Trump de crear su propia ONU rodeado de autócratas que carecen de la legitimidad necesaria”.

El experto recuerda que Trump “no está ni aportando a la ONU los fondos a los que se comprometió” e insta a los demás países a “reforzar los marcos multilaterales mientras dure esta etapa en Washington”, con la esperanza de que futuras administraciones vuelvan a respaldar “el imperfecto orden basado en normas que EE.UU. ayudó a construir”.

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