
La Junta de Paz de Donald Trump apunta a un orden internacional más crudo y transaccional, en el que la legitimidad multilateral cede ante la fuerza y los juegos de poder, lo que, de imponerse sobre la ONU, dejaría al organismo aún más debilitado y relegado a un papel casi simbólico, según expertos.
Trump firmó en Davos (Suiza) el acta de constitución de la Junta, concebida inicialmente para supervisar el alto el fuego en Gaza y que el mandatario pretende ampliar a otros conflictos globales.
Al menos 35 jefes de Estado y de Gobierno, entre ellos los de Israel, Argentina, Arabia Saudí y Egipto, han aceptado formar parte, mientras que otras naciones, como Francia, Noruega y Suecia, la han rechazado.
LEA TAMBIÉN: Esta es la lista de países invitados por Trump a la Junta de Paz para Gaza
El estatuto otorga amplios poderes a su presidente -es decir, Trump-, como el derecho de veto o de fijar la agenda, y prevé mandatos permanentes para los mayores contribuyentes financieros.
“La Junta de Paz que EE.UU. ha esbozado no representa una alternativa seria a la ONU en términos de derecho internacional. Más bien parece un club de países de alto poder”, argumenta el analista Richard Gowan, del International Crisis Group.
Para el experto, que Washington promueva este organismo “evidencia que no se toma muy en serio el ecosistema de la ONU”, a la que perjudica restándole credibilidad y autoridad.

Desde Naciones Unidas, la reacción es prudente pero distante: diplomáticos consultados por EFE reconocen dudas sobre la propuesta y temen que funcione como un “coto privado” de países afines a la voluntad de Washington.
En público, el secretario general, António Guterres, ha aseverado que la Junta es por ahora “amorfa” y que la ONU solo la respalda “de forma estrictamente limitada a su labor en Gaza”.
Más allá de ese marco, la organización insiste en que seguirá ciñéndose a su mandato, a la Carta de las Naciones Unidas y a sus mecanismos propios.
Una Junta a imagen y semejanza de Trump
Trump afirmó el miércoles en el Foro de Davos (Suiza) que el mundo es hoy “más rico, seguro y pacífico” gracias a su liderazgo y que la combinación de la Junta y la ONU sería “algo único en el mundo”.
Según Gowan, EE.UU. manda el mensaje a otras potencias de que no se va a tener en cuenta la diplomacia de la ONU y que ambos organismos podrían coexistir, especialmente si la Junta no asume otras actividades militares o de mediación fuera de Gaza.
“Tampoco conviene olvidar que el Consejo de Seguridad es, básicamente, un club de grandes potencias con derecho de veto. Ningún organismo puede ser completamente inmune a la política de poder, pero esta iniciativa refleja la visión de Trump sobre el mundo”, consistente en “concentrar demasiado poder en una sola persona y minar la idea de decisiones basadas en consenso”.
LEA TAMBIÉN: Noruega rechaza participar en la Junta de Paz de Trump para Oriente Medio
Mientras, el jurista canadiense Errol Mendes indica que Trump está afirmando abiertamente que “tiene derecho a violar todas las normas cuando, a su juicio, estén en juego sus intereses de seguridad”.
“Esa lógica hace añicos los cimientos de la ONU y refuerza la noción de que quienes concentran poder pueden imponer su visión sin dar explicaciones”, anota.
Gowan coincide en que, aunque la Junta no asuma responsabilidades militares, “su mera existencia erosiona la autoridad de la ONU”.
Un mundo “fragmentado y volátil”
Organizaciones como Human Rights Watch coinciden en señalar que el mundo necesita una ONU más fuerte, “no un organismo liderado por un solo presidente” con una Junta que “omite referencias a derechos humanos y concentra una autoridad que podría quedar al margen de cualquier control”.
Mendes advierte de que el riesgo último es la consolidación de un sistema internacional “fragmentado y volátil”, en el que las normas compartidas se sustituyan por la ley del más fuerte.

“Al margen de Trump y de la posible participación del presidente ruso, Vladímir Putin, no hay otras grandes potencias involucradas. China mantiene distancia, creo que no está interesada”, afirma, y agrega que la Junta refleja “un nuevo intento megalómano de Trump de crear su propia ONU rodeado de autócratas que carecen de la legitimidad necesaria”.
El experto recuerda que Trump “no está ni aportando a la ONU los fondos a los que se comprometió” e insta a los demás países a “reforzar los marcos multilaterales mientras dure esta etapa en Washington”, con la esperanza de que futuras administraciones vuelvan a respaldar “el imperfecto orden basado en normas que EE.UU. ayudó a construir”.








