
A un día del inicio del nuevo año escolar en la Franja de Gaza, las autoridades educativas y las familias palestinas se preparan para el retorno a las aulas de decenas de miles de niños, luego de tres años de una guerra que también ha golpeado severamente al sistema educativo.
“Alrededor del 85 % de nuestras escuelas han sufrido daños. Solo en la Gobernación Central, que está entre las menos afectadas, perdimos por completo 13 de nuestros 30 centros”, explicó a EFE desde su oficina en Nuseirat (centro) Mohamed Hamdán, director de Educación de la Gobernación de Deir al Balah.
Ante la falta de instalaciones, los maestros de Gaza darán este año clases en tiendas de campaña, detalla Hamdán. Por ello, y en vista de las altas temperaturas que se alcanzan en las tiendas, el Ministerio de Educación palestino decidió retrasar el inicio del curso a este sábado.
Estudiar sin pupitres
En una carpa habilitada como aula en el campamento de refugiados de Nuseirat, los estudiantes se preparan para recibir clases sentados sobre colchonetas, sin mesas ni sillas y en un espacio reducido que reemplazará a las aulas destruidas por los bombardeos.
“Estamos poniendo en marcha un programa educativo-lúdico para compensar a los alumnos por el gran déficit educativo que se ha producido durante la guerra. Pero, como se puede ver, estos lugares no están acondicionados para estudiar”, lamentó Ali Yihad al Durra, profesor de matemáticas.

“La instalación de escuelas móviles nos habría ahorrado mucho esfuerzo y molestias. Estas tiendas de campaña no tienen espacio siquiera para que los alumnos se sienten”, añadió.
Tres años de rezago educativo
Las estudiantes describen una realidad muy distinta a la educación que conocían antes de la guerra. Razán al Nayi, desplazada de la ciudad de Gaza, contó que durante los últimos tres años no pudo asistir regularmente a clases debido a los constantes desplazamientos.
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“Estos tres años de guerra han sido muy duros porque no he podido ir a clase de forma regular; íbamos de un sitio a otro, sin un lugar fijo donde estudiar. Ahora estudiamos en tiendas de campaña, sin mesas ni sillas; nos sentamos en el suelo durante muchas horas”, relató la estudiante, quien aspira a convertirse en cirujana.
El caso de Haya Tafesh, alumna del último curso de secundaria, refleja las consecuencias académicas de la interrupción de las clases. “Llevamos tres años sin que nos hayan enseñado nada y no entiendo nada de lo que se imparte”, señaló.
“Mi sueño era ser periodista y trabajar en los medios de comunicación, pero, por desgracia, el sueño no se cumplirá porque no he ido a clase en tres años. Ahora estoy en el último curso de secundaria y no entiendo nada: ni inglés, ni matemáticas, ni nada”, reconoció.

El costo de volver a clases
El retorno a las aulas también supone una presión económica para las familias. En los mercados de Jan Yunis (sur), los precios de los útiles escolares se han disparado mientras el poder adquisitivo de los hogares se ha reducido, según comerciantes citados por EFE.
Algunos vendedores incluso han tenido que instalar puestos improvisados frente a sus establecimientos, destruidos durante el conflicto, para continuar con sus actividades.
“Antes de la guerra, una mochila costaba 10 séqueles (2,80 euros) y las comprábamos de dos en dos. Hoy, llegan a 80 séqueles (22,70 euros). La situación es muy difícil. Una camiseta que antes costaba 10 ahora cuesta 50. El cuaderno de un séquel o de medio; hoy son diez”, explicó Ahmed Ashraf al Qarnawi, propietario de una papelería y padre de tres hijos.
Maysa Abu Taha, madre de dos niños que comenzarán primer curso y preescolar, resumió las dificultades que enfrentan las familias ante el regreso a clases.
“Los precios son desorbitados (…) No hay más que gastos: los niños necesitan además ropa y una no puede afrontar todos esos gastos. Para quien tiene un hijo es difícil, pero para quien tiene dos o tres es imposible”, afirmó.
Con información de EFE.







