A continuación, ofrecemos algunos consejos que puede seguir si utiliza audífonos en el trabajo, si dirige a alguien que los utiliza o si trabaja con alguien que siempre los lleva puestos. (Créditos: Freepik)
A continuación, ofrecemos algunos consejos que puede seguir si utiliza audífonos en el trabajo, si dirige a alguien que los utiliza o si trabaja con alguien que siempre los lleva puestos. (Créditos: Freepik)

A continuación, ofrecemos algunos consejos que puede seguir si en el trabajo, si dirige a alguien que los utiliza o si trabaja con alguien que siempre los lleva puestos:

Cuando usted es quien usa audífonos:

Explique sus intenciones. Si sus colegas no saben por qué está escuchando algo, harán sus propias suposiciones. Y si interpretan erróneamente que lo hace por entretenimiento o diversión, usted pagará un costo social por ello.

Uno de los efectos más claros de nuestros experimentos surgió a partir de una explicación breve e informal que contextualizaba el comportamiento antes de que los observadores lo hicieran por su cuenta. Incluso algo tan simple como: “Voy a poner música para terminar este informe” o “Voy a entrar en un bloque de , así que voy a aislarme del ruido” cambiaba la interpretación de forma significativa. No se trata de anunciar qué está escuchando, sino de evitar que sus colegas construyan una narrativa sobre usted que no elegiría por sí mismo. Los equipos pueden normalizar este tipo de claridad y tratar expresiones como “me pondré los audífonos para concentrarme por completo” como una práctica habitual, en lugar de considerarlas una explicación innecesaria.

Controle las señales visibles de “ocio”. Sus colegas no solo infieren sus intenciones a partir del hecho de que esté escuchando música; también observan cómo se comporta. Cantar, mover la cabeza al ritmo de la música o bailar de manera visible activa interpretaciones asociadas al “ocio”, incluso si en realidad la persona está concentrada. Una regla práctica útil es procurar que su concentración parezca concentración.

Las listas de reproducción instrumentales o con pocas distracciones pueden funcionar mejor en espacios compartidos, y una gran canción que le haga querer moverse probablemente sea mejor reservarla para un descanso o un entorno privado que para las horas de trabajo. No se trata de limitar el disfrute, sino de reconocer la rapidez con la que ciertas señales visibles pueden transformar las interpretaciones y reacciones de aquellos que observan.

Lo ideal sería establecer horarios cuando escuches música para que cuides tu sentido auditivo. (Crédito: Freepik)
Lo ideal sería establecer horarios cuando escuches música para que cuides tu sentido auditivo. (Crédito: Freepik)
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Cuando usted dirige a alguien que usa audífonos:

Trátelo como un problema de atribución, no de disciplina. Cuando surgen tensiones en torno al uso de audífonos en la oficina, el impulso inicial puede ser restringir o prohibir la música en el trabajo. Sin embargo, nuestra investigación sugiere que eso resuelve el problema equivocado. La cuestión no es que la música sea señal de falta de compromiso, sino que la ambigüedad en torno a escuchar música invita a la interpretación, y son esas interpretaciones negativas las que generan sanciones sociales.

Una medida más útil consiste en ayudar a los equipos a distinguir entre señales y evidencia. Los audífonos (o escuchar música) son simplemente una señal, no una evaluación del desempeño. Por ello, conviene partir de la idea de que una persona está siendo productiva, salvo que su rendimiento real indique lo contrario. Preguntas como “¿En qué está trabajando mientras escucha música?” son mucho más reveladoras que “¿Por qué está escuchando música?”, y contribuyen a construir una cultura en la que las contribuciones reales tienen más peso que la apariencia de estar comprometido con el trabajo.

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Cuando trabaja con alguien que siempre usa audífonos:

Sustituya el juicio por la curiosidad. La parte más insidiosa de esta dinámica es lo automática que puede llegar a ser. La cadena de pensamientos puede activarse rápidamente y, con frecuencia, sin reflexión alguna: lleva audífonos puestos, parece desconectado, ¿por qué debería molestarme en ayudarlo? Nuestros hallazgos muestran que estos saltos de interpretación ocurren incluso cuando la persona que escucha música está realmente comprometida con su trabajo.

El antídoto consiste en interrumpir esa cadena de pensamientos recurriendo por defecto a la curiosidad y no al juicio. Si un colega pasa por alto un detalle, aborde el trabajo en sí y no la señal: “¿Puede compartir su avance antes de las 3 de la tarde?” es mucho más productivo que decir: “Siempre está con los audífonos puestos”. Si siente que lo están ignorando, verifique su suposición con una pregunta rápida como “¿Es un mal momento para hablar?” en lugar de permitir que esa historia se consolide en su mente. Pequeños cambios como estos pueden evitar malentendidos que, silenciosamente, terminan erosionando la colaboración.

*Escrito por: Oguz Gencay (profesor adjunto de Comportamiento Organizacional en la Universidad de Bilkent), Michael Schaerer (profesor adjunto de Comportamiento Organizativo y Recursos Humanos en la Escuela de Negocios Lee Kong Chian) y Trevor A. Foulk (profesor asociado en la Facultad de Administración de Empresas Warrington de la Universidad de Florida)

SOBRE EL AUTOR

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