
A comienzos de la década de 2010, una bebida llegó al mercado peruano con una propuesta inusual: mezclar jugo de frutas con leche en un formato listo para beber. Bajo el nombre “Hugo, el que le puso la leche al jugo”, la marca —impulsada por Coca-Cola dentro de su portafolio de jugos— buscó abrir una nueva categoría en el segmento, despertando curiosidad entre los consumidores y ganando rápida notoriedad en el mercado.
La notoriedad del producto estuvo impulsada por una campaña publicitaria simple pero efectiva. Un personaje ficticio llamado Hugo era presentado como el creador de la bebida, acompañado del eslogan “Hugo, el que le puso la leche al jugo”, que rápidamente quedó en la memoria del público. Sin embargo, pese al interés inicial que generó, su paso por el mercado fue breve y terminó desapareciendo de las góndolas, aunque no del recuerdo de muchos consumidores peruanos.

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El origen de la idea: un jugo que buscaba crear una nueva categoría
El origen de “Hugo, el que le puso la leche al jugo” se enmarca en la estrategia de The Coca-Cola Company por ampliar su portafolio de bebidas no gaseosas en Sudamérica a finales de la década de 2000. En ese contexto, la compañía introdujo en 2010 esta bebida en el mercado peruano bajo el respaldo de su línea de jugos Frugos, con una propuesta poco común: combinar jugo de frutas con leche en un producto listo para beber. La iniciativa buscaba responder a la creciente demanda por bebidas prácticas y diferenciadas, intentando replicar la experiencia de un licuado en un formato envasado y de consumo inmediato.
El producto se lanzó en el país con sabores como naranja con plátano, durazno y chirimoya con naranja, y se comercializó en envases individuales y familiares. Aunque la leche estaba presente en una proporción menor dentro de la fórmula, la mezcla apuntaba a ofrecer una textura más cremosa que la de los jugos tradicionales. Con esta apuesta, Coca-Cola buscaba abrir un nuevo espacio dentro del mercado de bebidas listas para tomar, introduciendo una categoría híbrida entre jugo y lácteo que hasta entonces no tenía presencia relevante en el mercado peruano.

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La campaña que lo hizo famoso: “Hugo, el que le puso la leche al jugo”
La rápida notoriedad de “Hugo, el que le puso la leche al jugo” se explicó en gran medida por su estrategia publicitaria. Tras su llegada al mercado peruano alrededor de 2010, Coca-Cola apostó por una campaña centrada en una idea simple y memorable: presentar a “Hugo” como el supuesto creador de la bebida. La narrativa se construyó sobre un personaje ficticio que habría tenido la ocurrencia de mezclar jugo con leche y bautizar el producto con su propio nombre. Ese concepto se reforzó con el eslogan “Hugo, el que le puso la leche al jugo”, que se repitió en comerciales de televisión, material en puntos de venta y en los propios envases, logrando instalar rápidamente la frase en la memoria del público.
La comunicación se apoyó en una estética juvenil y cercana, con envases coloridos que incluían ilustraciones del personaje y frutas asociadas a los sabores del producto. La campaña buscaba transmitir la idea de un descubrimiento simple y cotidiano, como si la mezcla de jugo y leche hubiera surgido de un invento espontáneo. Este enfoque ayudó a que la marca se volviera rápidamente reconocible en supermercados y bodegas, y a que su eslogan trascendiera la publicidad para convertirse en una frase ampliamente recordada por los consumidores.
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Curiosidad y popularidad inicial: cuando todos hablaban de Hugo
Tras su lanzamiento en 2010, “Hugo, el que le puso la leche al jugo” generó una fuerte curiosidad en el mercado peruano. La mezcla de jugo de frutas con leche —una propuesta poco común para bebidas envasadas— despertó el interés de los consumidores, impulsado además por la intensa campaña publicitaria que acompañó su introducción. El producto se distribuyó rápidamente en supermercados, bodegas y tiendas de conveniencia, lo que facilitó su rápida visibilidad dentro del segmento de jugos listos para beber.
Ese interés inicial se reflejó en la rápida recordación de la marca y de su eslogan, que empezó a circular entre consumidores. Muchos compradores adquirían la bebida motivados por la curiosidad de probar una combinación inusual, lo que le permitió ganar notoriedad en poco tiempo. Sin embargo, análisis posteriores sobre el caso coinciden en que ese impulso respondió más a la novedad del concepto y a la campaña publicitaria que a un consumo sostenido, lo que con el tiempo evidenciaría sus dificultades para consolidarse en el mercado.
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Del boom al olvido: ¿por qué Hugo desapareció del mercado?
Pese al impacto inicial de su lanzamiento, “Hugo, el que le puso la leche al jugo” no logró sostener su crecimiento en el mercado peruano. Con el paso de los meses, varios consumidores cuestionaron su sabor y textura, que no siempre coincidían con la expectativa de un licuado natural. Además, aunque la campaña destacaba la mezcla de jugo con leche como su principal atributo, la bebida contenía una proporción reducida de leche en su fórmula, lo que generó una percepción de distancia entre la promesa del producto y la experiencia real de consumo, según análisis posteriores del caso.
A ello se sumó un problema de posicionamiento: el consumidor no tenía claro si se trataba de un jugo, una bebida láctea o un licuado, lo que dificultó su consolidación en una categoría. En un mercado donde los jugos naturales y los licuados caseros tienen fuerte preferencia, la propuesta híbrida perdió tracción. Con ventas que no sostuvieron el impulso inicial, el producto fue retirado del mercado pocos años después de su lanzamiento, cerrando el ciclo de una bebida que, pese a desaparecer, quedó en la memoria de muchos consumidores por su campaña publicitaria.
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