
El oro cayó por debajo de US$ 4,000 por onza por primera vez desde noviembre, mientras la fortaleza del dólar y la perspectiva de tasas de interés más elevadas ponen fin a un mercado alcista que se prolongó durante tres años.
El precio del metal llegó a descender hasta un 2.9%, a US$ 3,999.90 por onza, acumulando una segunda jornada consecutiva de pérdidas. El oro ha registrado ganancias de dos dígitos durante los últimos tres años, duplicando con creces su precio gracias a la fuerte inversión de bancos centrales, gestores de fondos e inversionistas minoristas.
Ese rally perdió impulso a finales de enero, poco después de que el oro alcanzara un máximo histórico cercano a US$ 5,600 por onza. Para junio, el precio ya acumulaba una caída superior al 20% desde ese pico, umbral que convencionalmente marca el inicio de un mercado bajista.

La principal causa detrás del deterioro del desempeño del metal fue el estallido de la guerra entre Estados Unidos e Irán. El aumento de los precios de la energía alimentó la inflación y aumentó la probabilidad de nuevas alzas de tasas, reduciendo el atractivo del oro frente a activos que generan rendimiento, como los bonos del Tesoro.
Aunque el petróleo retrocede mientras EE.UU. e Irán negocian un acuerdo de paz permanente, el nuevo presidente de la Reserva Federal, Kevin Warsh, sorprendió a los mercados con un tono más restrictivo en materia monetaria durante su primera reunión de política la semana pasada, ejerciendo presión adicional sobre el metal.
“El principal factor detrás de la reciente caída del oro ha sido una importante revisión de las expectativas sobre las tasas de interés”, escribió Ewa Manthey, estratega de materias primas de ING Groep NV, en una nota publicada el miércoles.
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Los analistas de Goldman Sachs Group Inc. señalaron que el tono restrictivo de Warsh probablemente reducirá las preocupaciones sobre la independencia de los bancos centrales en las economías desarrolladas. Esas inquietudes habían impulsado anteriormente apuestas por activos como el oro y el bitcoin dentro de la denominada “operación de depreciación monetaria”, una estrategia que favorece activos alternativos frente a monedas susceptibles a excesos fiscales, monetarios e inflacionarios.
Varios grandes bancos han reducido sus previsiones para el oro durante la última semana. Aunque las nuevas estimaciones siguen apuntando a precios superiores a los actuales, los analistas de Wall Street son considerablemente menos optimistas que antes. Goldman Sachs recortó en US$ 500 su proyección y ahora espera que el metal cierre el año en US$ 4,900 por onza. Deutsche Bank, por su parte, redujo en 17% su previsión para el cuarto trimestre.
Las continuas ventas de fondos cotizados respaldados por oro (ETF) muestran que uno de los apoyos tradicionales del mercado “está notablemente ausente”, señaló Deutsche Bank en un informe.

En China, el descuento del precio local frente a los contratos Comex de Nueva York sugiere además que las importaciones tampoco brindarán apoyo al mercado, agregaron los analistas del banco.
Aun así, el oro mantiene un punto de apoyo importante: la demanda de los bancos centrales. Estas instituciones aumentaron sus reservas al ritmo más rápido en más de un año durante el primer trimestre, y las encuestas indican que planean seguir comprando.
“El único pilar que sigue mostrando fortaleza es la demanda de los bancos centrales, y esperamos que continúe siendo así durante bastante tiempo”, concluyó Deutsche Bank.







