La feria Mistura reunió cocinas regionales, emprendimientos y restaurantes, en un proceso que contribuyó a proyectar la gastronomía peruana hacia nuevos públicos.
La feria Mistura reunió cocinas regionales, emprendimientos y restaurantes, en un proceso que contribuyó a proyectar la gastronomía peruana hacia nuevos públicos.

Antes de que la gastronomía peruana se convirtiera en una marca que viajaba por el mundo, hubo mujeres que cocinaban para sus familias, preparaban sus guisos para venderlos en el barrio o levantaban una picantería con lo que tenían a mano. Una receta pasaba de la casa a la mesa de los clientes; después, quizá, a un local más grande, a varios puntos de venta o a una cadena. En esa transformación —de saber cocinar a construir un negocio— también se fue haciendo el boom gastronómico peruano. Sin embargo, para entender cómo ocurrió ese salto, hay que regresar a los años noventa.

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