
La Molina ha decidido alterar la lógica tradicional del crecimiento urbano: no más expansión inmobiliaria ni apertura indiscriminada de proyectos sin resolver antes su mayor restricción estructural. Así lo plantea su alcalde, Diego Uceda, al condicionar nuevas licencias para vivienda premium, desarrollos corporativos y parte de la oferta comercial a la ejecución del túnel La Molina–Surco, una infraestructura valorizada en S/ 3,600 millones (US$ 1,000 millones) que redefine la hoja de ruta para la inversión en el distrito.
La decisión no es menor para el mercado. En la práctica, implica que el crecimiento inmobiliario de alto valor en La Molina entra en una fase de contención regulatoria, a la espera de que se destrabe una obra que hoy es vista como el principal activo estratégico para sostener futuras valorizaciones del suelo.
El proyecto, actualmente en manos de ProInversión, contempla una vía de 9.5 kilómetros que conectará la avenida La Molina con la avenida El Derby, sin peaje y bajo el esquema de obras por impuestos, con un plazo estimado de ejecución de cuatro años.
Cabe señalar que La Molina obtuvo una calificación de grado de inversión “AA-” por parte de Moody’s y Pacific Credit Rating y alcanzó en 2025 una ejecución presupuestal del 100% del gasto.
INFRAESTRUCTURA Y LICENCIAS COMO FILTROS DEL MERCADO
Más que un anuncio de obra pública, el túnel se convierte en un punto de quiebre para el mercado inmobiliario local. “No voy a dar licencias para viviendas premium si no hay un túnel primero”, afirmó Uceda. “Hay intereses en hacer una ciudadela antes de Manchay, en la avenida La Molina. Perfecto, yo no me opongo a eso, pero ayúdenme a hacer el túnel primero”.

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Para los desarrolladores, el mensaje es claro: la expansión residencial de alto valor queda condicionada a una mejora previa en accesos y capacidad vial.
Hoy, no hay proyectos residenciales premium en desarrollo en el distrito. Según el alcalde, tras la ejecución del túnel, las viviendas existentes —especialmente las casas de gran metraje— podrían revalorizarse de forma significativa, y recién entonces se abriría espacio para nuevos desarrollos, aunque con una lógica distinta: proyectos de menor densidad y no urbanizaciones masivas.
La restricción también responde a factores técnicos. La Molina, advierte Uceda, presenta limitaciones de suelo para edificaciones altas, además de riesgos sísmicos y presión sobre servicios básicos. En ese sentido, la política municipal busca evitar una verticalización acelerada que comprometa la sostenibilidad urbana, como ha ocurrido en otros distritos de Lima.
Esa lógica de contención y selección no se limita al frente inmobiliario. También se expresa en la política municipal de licencias comerciales, concebida como un mecanismo de control más que de expansión. Uceda reconoce que no es sencillo establecer un promedio mensual de permisos otorgados, pero remarca que su gestión prioriza una fiscalización estricta en materia de salubridad y seguridad.
En el último año se abrieron tres restaurantes grandes y recientemente ingresó un chifa de alto perfil, tras cumplir con todos los requisitos municipales. En paralelo, se han cerrado establecimientos importantes por incumplimientos sanitarios, incluso cuando se trataba de locales consolidados.
Para operadores y marcas, La Molina se posiciona así como una plaza donde la licencia no es solo un trámite, sino un filtro de calidad, bajo una política explícita de menos velocidad y mayor control. Mientras que para el mercado, este enfoque se traduce en una oferta futura más acotada, pero potencialmente mejor valorizada, bajo la premisa de que la infraestructura y la regulación preceden al ladrillo y a la expansión comercial.
CENTRO FINANCIERO EN LA MOLINA EN DOS AÑOS
Aunque La Molina no es hoy un polo corporativo, el alcalde plantea un giro estratégico: el desarrollo de un centro financiero en el centro del distrito. No como réplica de San Isidro o Surco, sino como un nuevo nodo empresarial bajo condiciones urbanas específicas.
“Yo creo que tengo un lugar y que sería el mejor centro financiero, no de Lima, sino de todo el Perú. Y existe. Y está en el centro de La Molina”, remarcó Uceda, antes de invitar a los interesados: “Que vengan a conversar conmigo, bienvenidos”.

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No obstante, la iniciativa está supeditada a un proceso previo de ordenamiento urbano. El alcalde explicó que el área alberga actualmente pobladores asentados de manera rústica desde hace más de tres décadas, por lo que cualquier proyecto requerirá acuerdos entre municipalidad, vecinos e inversionistas.
En esa línea, advirtió que los desarrollos inmobiliarios no deberían estructurarse con expectativas de retorno acelerado y precisó que un eventual centro financiero en La Molina podría desarrollarse en un plazo de dos años, siempre que se diseñe adecuadamente y se construyan consensos previos.
Respecto al perfil de actividades que podrían articularse alrededor de ese polo empresarial, Uceda se refirió a los sectores de salud y educación en función de la infraestructura ya existente en el distrito.
Indicó que La Molina cuenta con servicios de salud públicos, municipales y privados, y que este año se inaugurará la Clínica Americana, además de la capacidad del Molisalud municipal para atender a 160,000 personas. En educación, mencionó la presencia de universidades y colegios de alto nivel, así como una población estudiantil que, según señaló, supera los 200,000 alumnos.
DE LOS MALLS A ESPACIOS ABIERTOS
En comercio, La Molina muestra un perfil más estable que expansivo. En los últimos años, el distrito incorporó dos centros comerciales —uno inaugurado hace tres años y otro el año pasado, operado por Parque Arauco— que hoy compiten por captar la demanda local. Según Uceda, ambos se encuentran aún en una etapa incipiente y el distrito difícilmente podría absorber otro mall adicional en el corto plazo.
El alcalde explicó que esta limitación no responde solo a una cuestión de oferta física, sino también al perfil de consumo de su población, puesto que el bolsillo del segmento clase A de La Molina no se va a centros comerciales a comprar ropa, sino a Estados Unidos o Europa.
“No se van a comprar su ropa a Saga, se van a Miami”, afirmó. Añadió que, bajo ese escenario, “está sucediendo que gente de Ate o de Santa Anita venga a gozar de los centros comerciales de La Molina, porque son lindos, hay poca gente y no están hacinados”.
Bajo esa lógica, la estrategia municipal apunta a reforzar formatos complementarios. Uceda anunció que hacia fines de marzo inaugurará un parque con patio de comidas y sostuvo que el distrito requiere ampliar su oferta de entretenimiento y servicios de proximidad, especialmente mientras no se concrete el túnel, que hoy limita la disposición de los vecinos a desplazarse fuera del distrito.
En esa línea, ve oportunidades para desarrollar un corredor gastronómico en la avenida La Fontana, frente a la Huaca Melgarejo, con restaurantes de primer nivel, una propuesta orientada a capturar consumo local de mayor valor agregado.
Asimismo, identificó al Parque Ecológico de La Molina, con 200 hectáreas, como el principal foco de inversión privada futura. Precisó, además, que ese espacio podría albergar proyectos turísticos, restaurantes, cafeterías e incluso hoteles, siempre que se concrete la transferencia de esos terrenos a favor de la municipalidad.
HOJA DE RUTA DE LA MOLINA PARA 2026
Más allá de la regulación urbana, Uceda introdujo una variable que no suele aparecer en el radar inmobiliario, pero que pesa en proyectos de gran escala: la continuidad política como factor de ejecución.
El alcalde adelantó que se quedará como regidor tras culminar su mandato y que asumiría el rol de teniente alcalde en la siguiente gestión, con el objetivo de asegurar la continuidad del túnel y de otros proyectos estratégicos.
“Tiene que haber continuidad. Es una vergüenza que los casi 90 congresistas hayas votado por la reelección y no hayan aprobado la reelección de lso alcaldes. Los alcaldes necesitamos ocho años, no cuatro”, se explicó Uceda. “Me voy a sacrificar y voy a ser regidor para que haya continuidad. Y no dejar en la cancha libre a un patita que venga y que no ha hecho nada. Salvo que sea mejor que yo”.
En un entorno donde los cambios de gestión suelen interrumpir obras, este anuncio apunta a reducir el riesgo institucional percibido por inversionistas que evalúan comprometer capital en infraestructura y desarrollos asociados.
De cara a 2026, Uceda adelantó un paquete de inversiones por S/ 320 millones, orientado a infraestructura deportiva, salud, cultura y promoción tecnológica, además de obras viales y de seguridad.
Según detalló, ese portafolio incluye la inauguración de complejos deportivos, postas médicas, una casa de la cultura y un centro de promoción tecnológica (CEPRO).
Dentro de esa agenda también figura un proyecto cultural de mayor escala: un teatro con infraestructura para ópera, coro y temporadas de artes escénicas, que —según indicó— dejaría encaminado para la siguiente gestión. Uceda sostuvo que existe un nicho de demanda local para este tipo de oferta, respaldado por una población con consumo cultural activo.
En el corto plazo, La Molina enfrenta una presión inmediata sobre su sistema vial. Este jueves 29 de enero se inició una “marcha blanca” del plan de desvío vehicular en la avenida Javier Prado, como parte del proyecto Vía Rápida Javier Prado, entre Los Frutales y Circunvalación del Golf, según informó Invermet.
Uceda reconoció que el cierre parcial por cerca de 75 días generará molestias vecinales, pero lo defendió como un costo inevitable del ordenamiento urbano: “Todo lo que sea obra, primero trae molestia, pero luego se olvida”.








