
Decía Oscar Wilde que la mejor manera de librarse de una tentación era caer en ella. Y ninguna más poderosa que la de un gran desayuno multicalórico en familia o entre amigos. Un buen café propicia largas conversaciones y los guisos en sartén de hierro, los calentados de la víspera, las empanadas y los pasteles dulces hacen la diferencia. La Tiendecita Blanca o Rovegno (de San Isidro) son clásicos. También Queirolo en Pueblo Libre o La Bonbonniere cerca a la Av. Salaverry. Pero como a la familia siempre hay que sorprenderla, me puse a ello.
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