
El gigante tecnológico estadounidense Nvidia, que el pasado octubre llegó a superar los cinco billones de dólares de capitalización bursátil, vuelve a mirar a China coincidiendo con la visita al país de su consejero delegado, Jensen Huang, para tratar la venta de sus microchips.
El ejecutivo inició el fin de semana un viaje de bajo perfil con parada en las nuevas oficinas de la empresa en Shanghái, en un contexto marcado por controles más estrictos de Estados Unidos a la venta de chips avanzados al gigante asiático y por los esfuerzos de Pekín por reducir su dependencia tecnológica.
Analistas de Bernstein argumentan que China seguirá fortaleciendo su ecosistema de chips de IA, al tiempo que los cambios en la regulación estadounidense inevitablemente repercutirán sobre la posición de Nvidia en su segundo mayor mercado.
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El foco del debate está en el chip H200, el segundo procesador de inteligencia artificial más potente de Nvidia. A principios de enero, Washington autorizó su venta a China, pero con límites en la cantidad de unidades y restricciones para evitar usos militares.
A pesar de esta luz verde condicionada, Pekín prepara límites a la cantidad de chips avanzados que sus empresas pueden comprar a fabricantes extranjeros, según Nikkei Asia, y les ha ordenado que “pausen” nuevos pedidos mientras impulsa la autosuficiencia.
Cuotas y demandas de chips en China
Las autoridades chinas no lo han reconocido oficialmente, pero, como es habitual, dejaron entrever su posición a través de la prensa oficial, la cual calificó las condiciones de EE.UU. a la venta de los H200 de “discriminatorias” con China, asegurando que buscaban mantener la brecha tecnológica.
Según Trivium China, los H200 son “los chips más potentes que Pekín puede obtener legalmente”, con prestaciones superiores a los que Washington permitía hasta ahora, lo que ayudaría a las empresas chinas de IA a “mantenerse competitivas”.

Si bien parece improbable que Pekín permita su entrada a gran escala, Bloomberg indicó recientemente que desbloqueará la situación, aunque, según Capital Economics, exigiendo a las grandes tecnológicas cuotas mínimas de compra de chips nacionales para permitirles beneficiarse de los chips más avanzados.
Este toma y daca afecta a los mercados: Bloomberg informa que las ventas de Nvidia en China, incluyendo Hong Kong, se desplomaron un 45% interanual en el último trimestre de 2025, contribuyendo a que la cotización de la compañía retrocediera un 7% desde octubre de 2025 y alrededor de un 1% desde el inicio de 2026.
Para la tecnológica, China representó un 13 % de sus ingresos en ese trimestre, antes de que se endurecieran las restricciones.
Perspectivas mixtas
Analistas de Wall Street consideran que la clave para Nvidia será asegurar un crecimiento global sólido mientras navega las consecuencias de la rivalidad entre Washington y Pekín.
Desde Morgan Stanley subrayan que la compañía mantiene “una posición dominante incluso sin el mercado chino”, mientras que Bank of America asegura que sus fundamentos siguen siendo “sólidos”.
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Otros analistas son más cautos: Seaport Research Partners advierte de que la pérdida de cuota en China y el auge de proveedores locales podrían afectar a ingresos futuros y erosionar la ventaja competitiva de Nvidia en su plataforma CUDA, clave para desarrollar aplicaciones de IA, frente a alternativas chinas o de código abierto.
Según medios especializados, la cuota de mercado de Nvidia en China podría también “reducirse drásticamente en los próximos años”, especialmente si el país logra fabricar chips tan avanzados como los Blackwell y los proveedores locales cubren hasta el 80% de la demanda interna.
Con todo, las tecnológicas chinas han reservado más de dos millones de chips H200 para 2026, muy por encima de las existencias actuales, lo que ha llevado a Nvidia a explorar cómo aumentar la producción con sus socios fabricantes, incluyendo la taiwanesa TSMC, que sigue subida a la ola y sus acciones suman un 11% este año.
Las limitaciones de Pekín
Mientras el Gobierno de Xi Jinping estudia permitir un acceso limitado a los chips H200, continúa impulsando la autosuficiencia tecnológica, priorizada en el plan quinquenal 2026‑2030, lo que ha favorecido espectaculares debutes bursátiles con subidas a triple dígito para firmas locales como Moore Threads.
Al mismo tiempo, las acciones de los principales fabricantes chinos de chips, SMIC y Hua Hong, han subido un 2.3% y un 32% en lo que va de 2026.
Sin embargo, la analista Leah Fahy destaca las “limitaciones” del ecosistema chino: “Sus chips aún sufren escasez de suministro y van muy por detrás de los más avanzados de EE.UU.”.
Además, China carece de la maquinaria para fabricarlos, tanto por las restricciones de Washington como por la renuencia de Pekín a aceptar tecnología estadounidense, agrega.
“El desafío para China no es solo alcanzar a EE.UU. en tecnología y destrezas, sino también desarrollar maquinaria que pueda dar resultados comparables con la litografía holandesa, la tecnología de fotorresistencia japonesa o la capacidad de producción de Taiwán”, sentencia.








