
El próximo presidente de Perú será un maestro de escuela rural poco conocido que promete nacionalizar las industrias y controlar los medios de comunicación, o la hija de un exmandatario encarcelado, una polarizadora figura de derecha que está bajo fianza por presunta corrupción.
Con 92% de los votos escrutados después de que 18 candidatos se postularan el domingo, la segunda vuelta será entre Pedro Castillo del partido Perú Libre, que obtuvo 19.1% de los votos, y Keiko Fujimori, que obtuvo un 13.4%.
Fujimori, del partido Fuerza Popular, advierte que los planes de su rival de reescribir la Constitución y hacerse cargo de compañías estratégicas lo convierten en un peligro para la democracia.
Haciendo alusión a imágenes de la década de 1990 cuando su padre estaba en el cargo y las guerrillas maoístas de Sendero Luminoso aterrorizaban al país, llamó a Castillo un “coche bomba” para la estabilidad de la nación que haría estallar en mil pedazos los últimos 30 años de desarrollo.
Castillo, de 51 años, dice que son los operadores políticos como ella, la hija de Alberto Fujimori y que se enfrenta a múltiples acusaciones de corrupción, los que hicieron posible su candidatura.
A juicio de Castillo, los peruanos se han quitado las vendas de los ojos ya que durante mucho tiempo se les ha dicho que solo los políticos, los académicos constitucionales, los políticamente eruditos, aquellos con grandes currículums, pueden dirigir un país, pero ellos han tenido suficiente tiempo, décadas, y es cosa de ver cómo han salido del país.
Perú, el segundo mayor productor de cobre del mundo, ha tenido un año excepcionalmente difícil. Sus 33 millones de habitantes tienen una de las peores tasas de muertes por COVID y han pasado por tres presidentes en seis meses. El Congreso está dividido y en constante conflicto con el presidente. Los resultados del domingo sugieren que la lucha continuará.
Siempre se supo que sería una carrera presidencial desordenada e impredecible, pero Castillo superó todas las expectativas. Quien fuera un líder sindical durante una huelga de maestros en el 2017, era un virtual desconocido hace solo unas semanas. Sus promesas de inyectar un 20% del presupuesto nacional en educación y salud, y obligar a las empresas mineras y otras multinacionales a mantener su dinero en Perú lo ayudaron a arrasar con los votos en las zonas rurales.
También obtuvo el apoyo de aquellos que están hastiados de las élites políticas y empresariales. Puede que no haya un país en el mundo con más destituciones, y en los últimos 40 años se ha desarrollado casi una puerta giratoria entre el complejo presidencial y la prisión.
En la campaña electoral, Castillo se hizo conocido por su sombrero de paja blanco y su lápiz de gran tamaño, una referencia a sus promesas educativas. Montó a caballo para emitir su voto.
A medida que se extendía la noticia de su victoria, los seguidores corearon: “¡No más pobres en un país rico!”
El partido de Castillo tiende al socialismo y habla sobre la construcción de vínculos más estrechos con los Gobiernos socialistas en Venezuela, Nicaragua y Cuba. Sus enemigos, incluido el exministro del Interior, Ricardo Valdez, lo acusan de tener conexiones con los tipos de organizaciones subversivas que el padre de Fujimori trabajó para erradicar.
Fujimori
Keiko Fujimori, de 45 años, es una de las figuras más conocidas del país, que creció ante la opinión pública como la primera dama de facto de su poderoso y controvertido padre. Alberto Fujimori era querido por acabar con la hiperinflación y vencer a las “guerrillas de izquierda” que amenazaban con convertir al Perú en un estado fallido, recuerda Bloomberg.
Pero también tuvo rasgos autoritarios, disolviendo el Congreso y aferrándose al poder. Está cumpliendo una sentencia de 25 años por los asesinatos de presuntos simpatizantes del terrorismo por un escuadrón de la muerte.
Como congresista, Keiko Fujimori ha intentado rescatar el legado de su padre incluso cuando se enfrenta a sus propios desafíos legales. Fue liberada bajo fianza en mayo y aún está a la espera del juicio por acusaciones de que aceptó más de US$ 1 millón en contribuciones ilegales de campaña durante su fallida candidatura presidencial del 2011. Ella ha negado las acusaciones.
Fujimori dijo que fue durante esos días oscuros en la cárcel que se prometió a sí misma que se presentaría a la presidencia por tercera vez si salía. Ahora está lista para enfrentar a Castillo durante una segunda vuelta en junio. El nuevo presidente asumirá el cargo el 28 de julio.
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