
Hace unos días, Carlos Rodríguez Pastor, presidente del Grupo Intercorp, compartió una visión del Perú –en el evento Alumni PAD 2026– que vale la pena rescatar. En tiempos en los que abundan el pesimismo y las quejas sobre lo que no funciona, resulta útil detenerse en tres ideas que invitan a mirar el país desde otra perspectiva.
La primera es que el Perú sigue siendo un país de enormes oportunidades. Las brechas en educación, salud, infraestructura o servicios básicos suelen verse únicamente como problemas, cuando también representan espacios para innovar, emprender y generar valor. Frente a ellas existen dos caminos: esperar que alguien más las resuelva –generalmente el Estado– o asumir el reto de construir soluciones. Lo segundo no implica reemplazar al sector público, sino complementarlo con iniciativas que mejoren la vida de las personas.
El mejor ejemplo es Lima Norte. En la década de los noventa muchos desconfiaban de su potencial de consumo y las inversiones se concentraban en otras zonas de la capital. Quienes decidieron apostar por ese mercado descubrieron una realidad distinta y abrieron un camino que luego se replicó en otras ciudades del país. Aun así, el Perú sigue teniendo enormes espacios por desarrollar.
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La segunda idea es que el país necesita una visión que trascienda los cinco años de un gobierno. Pensar en los próximos 25 años obliga a proyectar el futuro sin perder la capacidad de adaptarse a los cambios tecnológicos, económicos y generacionales. Basta preguntarnos cuántas empresas peruanas han superado el siglo de vida y, sobre todo, cuántas lo han logrado reinventándose permanentemente. La adaptación dejó de ser una ventaja; hoy es una condición para sobrevivir.
La tercera reflexión, quizá la más importante, pone el foco en las personas. ¿Contamos en nuestras organizaciones, públicas y privadas, con personas conscientes del impacto que tienen sus decisiones? No basta con ser un buen profesional o tener un trato cordial. Actuar con responsabilidad significa entender que cada decisión afecta a clientes, colaboradores, ciudadanos y familias. Las organizaciones más sólidas son aquellas que construyen una cultura basada en el propósito y el trabajo en equipo, en resumen, tener “buenas personas”.
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Ser optimista respecto del Perú no significa desconocer sus problemas. Significa entender que detrás de cada uno existe una oportunidad para hacer las cosas mejor. Lo difícil no es encontrar razones para quejarse; lo realmente desafiante es dejar de esperar que todas las soluciones provengan del Estado, del sector privado o de terceros.
Hace muchos años un jefe me dio una regla sencilla que sigue vigente: “Si vienes con un problema, trae también una alternativa de solución”. Tal vez esa sea una buena pregunta para todos: ¿queremos seguir siendo espectadores de los problemas o protagonistas de las soluciones?

Director periodísto (e) | Editor central, Ing. Economista de la UNI, diplomado en comunicación en la UDEP y estudios en Centrum. Más de 20 años de experiencia profesional en periodismo económico y comunicación, en negocios, finanzas y economía.







