
Desde hace dos meses, el mundo vive pendiente de lo que pasa en el mercado petrolero, a raíz del bloqueo del estrecho de Ormuz, inicialmente por los iraníes y después como una reacción de Estados Unidos. Oriente Medio está en plena guerra y lo que se pensó que iba a ser un conflicto corto se está alargando. Las expectativas son muy inciertas por el momento. Países relativamente pacíficos, tales como los Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Kuwait, están pasando por un momento dificilísimo, con emigración masiva de extranjeros que fueron allá a jubilarse bajo el sol y la desaparición de turistas que venían disfrutando del lujo y la puntualidad de aerolíneas líderes, como la famosa Emirates.
Pero lo que está sacudiendo al mundo es el efecto del cierre de Ormuz sobre el mercado petrolero. El estrecho es la entrada al golfo Pérsico, que tiene más de 1000 kilómetros de largo, con una entrada relativamente angosta de 30 kilómetros de ancho entre Irán, al norte, y el sultanato de Omán, al sur. Por ahí, en tiempos normales, pasan buques y petroleros que transportan unos 20 millones de barriles de petróleo al día, equivalentes al 20% de la producción mundial, además de una proporción significativa del gas natural que produce el planeta, en gran parte proveniente de Qatar.
Al principio, los analistas pensaron que el bloqueo del estrecho sería un fenómeno corto, pero ahora todo indica que podría prolongarse, con diversas consecuencias indeseables, entre ellas inflación en el mundo (que ya empezó en Estados Unidos, la economía más grande del planeta), desabastecimiento de fertilizantes (en gran parte derivados del gas natural) y, finalmente, una recesión económica mundial. Para China e India, en particular, hay consecuencias importantes, porque la mayor parte del petróleo que importan pasa a través del estrecho de Ormuz.
El origen del conflicto radica en que el Gobierno teocrático y dictatorial de Irán se resiste a desmantelar su programa de enriquecimiento de uranio con fines militares, asunto en el cual Estados Unidos, lamentablemente no seguido por otros países importantes, insiste desde hace varios años. En todo este lío está involucrado el Gobierno de Israel, que ha mostrado que se defenderá con todo para eliminar el poder bélico del régimen teocrático y militar iraní.
El Perú está muy alejado de este conflicto, pero ya vive las consecuencias de lo que ocurre a miles de kilómetros de aquí. El petróleo y la gasolina, cuyos precios internacionales se cotizan en dólares, afectan el costo del transporte y también el precio de los fertilizantes.
El planeta ha reducido mucho su dependencia del petróleo desde la primera gran crisis de abastecimiento y precios de 1973. Eso es positivo, pero lo que demuestran los acontecimientos de las últimas ocho semanas es que esa dependencia continúa, aunque en una proporción menor. El alza del precio del petróleo y del gas beneficia a varios países: el mismo Estados Unidos, que es estadísticamente el principal productor del mundo, y, obviamente, los países de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo).
El principal beneficiado, aparte de los mencionados, es Rusia, gran exportador de petróleo. El objetivo de los países europeos y, en menor medida, también de Estados Unidos ha sido, después de la invasión ilegal de Ucrania por Rusia en el 2022, castigar a los rusos por su violación del derecho internacional. Pero el efecto ha sido, en gran parte, el contrario: las sanciones contra Rusia la han beneficiado, porque el precio de lo que produce ha subido notablemente.
En todo este lío, la posición de China es clave como aliado de Rusia. La mayor parte del petróleo que importa China pasa por el estrecho de Ormuz, mientras se construyen ductos más directos entre Rusia y China, a lo largo de miles de kilómetros y en terrenos de difícil acceso.
El peligro de esta situación, muy grave, es que el mundo está a las puertas de una recesión económica a raíz del alza de los precios del petróleo, que sigue siendo la principal fuente de energía, a pesar de los esfuerzos realizados en los últimos treinta años para reducir esa dependencia. El diésel en Estados Unidos se acerca a los US$ 6 por galón, en comparación con los US$ 4 de hace pocas semanas.
Este aumento pone en jaque a las empresas transportistas de carga por carretera, que son las que más movilizan mercadería en Estados Unidos. Aunque es autosuficiente, no puede impedir el alza de los precios de los hidrocarburos sin un apoyo decidido de otros países, principalmente europeos.
No está claro si la recesión causada por el precio del petróleo ya empezó o no. Las últimas cifras muestran que la economía norteamericana sigue fuerte, pero esa sería una situación fugaz si no se restablece el flujo del petróleo y el gas en los próximos días.
¿Qué lecciones hay para el próximo Gobierno que tendrá el Perú en pocas semanas? La primera y más importante es que tenemos que promover la exploración de gas, para que Camisea pueda seguir produciendo. La segunda es que debemos promover la búsqueda de petróleo, a pesar de la oposición ambientalista, en cierta medida justificada, porque, si hubiera nuevos campos, reduciríamos significativamente nuestra dependencia de importaciones inciertas.
El acercamiento reciente del Gobierno peruano hacia Estados Unidos es, en ese sentido, positivo, porque las principales empresas petroleras son estadounidenses, seguidas por las europeas.
¿Vendrá la paz? Yo y muchos otros esperamos que sí, pero la incertidumbre es inmensa y nos pasará la cuenta pronto. Esperemos que así no sea.
Pedro Pablo Kuczynski es expresidente de la República.
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