Nuestro sistema financiero ha demostrado capacidad para adaptarse en otros escenarios complejos. (Foto: iStock)
Nuestro sistema financiero ha demostrado capacidad para adaptarse en otros escenarios complejos. (Foto: iStock)

En cada proceso electoral, todos entramos en modo alerta: sube la incertidumbre, se mueve el dólar y aparecen dudas sobre la permanencia de las reglas de juego. Es parte del ciclo. Sin embargo, en el sistema financiero, temas como la digitalización, innovación e inclusión financiera, felizmente, no dependen del resultado de una elección. No son agendas de derecha o izquierda. Son reformas prácticas y necesarias para el ciudadano y las empresas. La inclusión financiera, por ejemplo, beneficia a todos: permite a más peruanos acceder al crédito, reduce la informalidad, mejora la productividad y la calidad de vida. ¿Quién no quisiera impulsarla o acelerarla?

Felizmente, hoy el Perú cuenta con un plan claro sustentado en la agenda del BCR y la SBS, más el apoyo del sector privado. En poco tiempo, pasaremos de un modelo cerrado, fragmentado y complejo a un modelo abierto, interoperable, inclusivo y fácil para el usuario. Es lo que permite el modelo de Open Finance y esquemas como el Banking as a Service (BaaS), donde los servicios financieros ya no dependerán exclusivamente de los bancos y podrán ser ofrecidos por distintas empresas, generando más competencia y mejores servicios.

Un dato adicional. Recientemente, el superintendente de la SBS, Sergio Espinosa, dio cuenta del gran apetito de bancos globales: existen más de 10 solicitudes de licencias en trámite, entre empresas de seguros, bancos digitales, financieras, empresas de crédito y emisoras de dinero electrónico. Varios son grupos del exterior.

El Perú tiene varias ventajas. Primero, más del 40% de brecha en inclusión financiera, lo que significa que millones de personas están o fuera del sistema o subatendidas (sólo 30% accede al crédito). Es una oportunidad evidente de crecimiento. Segundo, nuestro país ha construido una regulación que, salvo casos puntuales, permite innovar y no pone trabas. A eso se suma la confianza que proyectan la SBS y el BCR que tienen una visión común y coordinan agendas, lo que da más consistencia al proceso. Y tercero, los avances en interoperabilidad de pagos reducen barreras, facilitan el acceso a nuevos servicios y promueven que el sistema funcione mejor en conjunto.

En un contexto como el actual, es imposible además no destacar que, a pesar de la volatilidad política, el Perú mantiene estabilidad económica. La protección a la inversión privada –y la dificultad de cambiar esas reglas sin amplios consensos– sigue siendo un factor relevante. La autonomía constitucional del BCR y SBS también ayuda a blindarlas del ciclo político.

A pesar de que lo anterior no elimina todos los riesgos, nuestro sistema financiero ha demostrado capacidad para adaptarse en otros escenarios complejos. Y los jugadores globales cuando evalúan el Perú si bien pueden ver incertidumbre política, también ven grandes brechas por cerrar, infraestructuras que avanzan y una regulación que permite innovar y competir.

En conclusión: Si nos preguntan si la transformación financiera continuará, la respuesta es sí. Podría variar en algo la velocidad, pero claramente seguirá en marcha.

Ljubica Vodanovic es socia de Vodanovic.

Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad del autor.

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