
La literatura universal ha recreado mentes de personajes que, intentando hacer daño a ocasionales adversarios, van sumergiéndose, ellos mismos, en decadencias superlativas. El gitano Heathcliff, personaje de la novela Cumbres Borrascosas, puede ser un buen ejemplo de ese extremo psicológico.
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Con una dosis de realismo alguien podría afirmar que no es necesario trasladarnos a la ficción literaria y a siglos pretéritos para escrutar conductas autodestructivas, cuando en nuestros tiempos abundan dichas prácticas. Y es verdad, el ejemplo más elocuente lo tenemos en nuestra sufrida nación y su inefable Congreso; pero, si bien el proceder de un cuerpo legislativo que destituye –presidentes de la República– sin tener idea de quien sería su reemplazante podría encajar en una conducta producto de un aparente desorden mental, mi humilde punto de vista se inclinaría por descartar la teoría de la pérdida de juicio.

Por el contrario, me animo a presumir que el juicio está en sus cabales, sólo que tiene un sesgo absolutamente marcado por el beneficio personal y crematístico; aunque, finalmente, un juicio tan exclusivamente orientado hacia esas dos prioridades también podría ser digno de una tesis psiquiátrica; considerando, adicionalmente, que sus protagonistas son plenamente conscientes de que el destino de su conducta no es otro que el abismo.
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El 18 de marzo se presentará el gabinete ministerial ante el mencionado cuerpo legislativo para buscar su voto de confianza. La cordura nos diría que, ante las varias crisis que enfrenta el país y la estabilidad que se requiere para encararlas, el cuerpo colegiado debiera actuar con sensatez, pero ya veremos si algún rezago de misericordia para con este maltrecho país, al cual juraron lealtad, aún anida en ese cada vez más deslucido hemiciclo. Por lo pronto, el miércoles por la mañana en un conocido programa periodístico, nada menos que su vicepresidente declaró que él se inclinaba por la negación de la confianza. El argumento esgrimido por el personaje quedará, también, para los anales de la psicología; dijo que encontraba improvisación en el proceder del gabinete ministerial.
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Estamos a 30 días del proceso electoral más complejo y trascendente de los últimos años, en medio de algunas crisis graves a enfrentar: escasez, al mismo tiempo, de gas natural y de carburantes provenientes del petróleo; huaicos, desbordes de ríos e inundaciones en varias ciudades del país; inseguridad ciudadana que sigue sin dar tregua; por mencionar algunas; mientras un recientísimo gabinete de ministros, que puede tener sus puntos flacos, pero en líneas generales cumple con su rol, hace esfuerzos por solucionar los problemas. En estas circunstancias, ¿a alguien –con sana intención– se le ocurriría licenciar al gabinete? La respuesta, a todas luces, es no, salvo que se trate de ese grupo de congresistas que, con saludables excepciones (es preciso decirlo), ha construido ladrillo a ladrillo y con todo el esmero posible su monumental desprestigio.
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En conclusión: ¿los niveles de autodestrucción que se construyen en la ficción podrán ser superados por la realidad?, en pocos días lo sabremos.
Jorge Zapata Ríos es presidente de la Confiep.







