
Escribe: Omar Mariluz Laguna, periodista
Durante décadas, el Perú ha sido el caso de estudio favorito de los economistas: un país que crece mientras su clase política se incendia. Hemos vivido bajo la premisa del “piloto automático”, donde el BCR y el MEF actúan como pararrayos de una tormenta de ineficiencia estatal. Sin embargo, el reciente informe de S&P Global Ratings para el 2026 nos lanza una advertencia que ya no podemos ignorar: la cuerda se está tensando demasiado.
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El escenario que describe la calificadora para este año es, por decir lo menos, kafkiano. Mientras que países como Brasil o Costa Rica muestran señales de continuidad, en el Perú el término es “incertidumbre extrema”. No es para menos. Nos acercamos a un proceso electoral con 32 candidatos presidenciales inscritos. Para cualquier gerente general o director de finanzas, esto no es democracia; es un ruido blanco que impide proyectar inversiones a largo plazo. La fragmentación ha facilitado que figuras desconocidas capturen el poder en el último minuto, debilitando la predictibilidad que el mercado tanto ansía.

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A este caos se suma un hito que marca el fin de una era: la eventual salida de Julio Velarde tras 20 años al mando del BCR. Velarde no ha sido solo un funcionario; ha sido el ancla de confianza para el inversor extranjero y el guardián de nuestra moneda. S&P reconoce su gestión técnica, pero la pregunta que flota en los directorios es quién tendrá el peso técnico y político para sucederlo sin ceder a las presiones de un Congreso adicto al gasto populista.
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La paradoja peruana es que, técnicamente, las cifras nos sonríen. S&P proyecta un crecimiento promedio del 3% para el periodo 2026-2028, impulsado por la minería y la expansión portuaria. Tenemos un potencial superávit en cuenta corriente gracias a los precios del cobre y el oro. Pero la economía no es solo Excel; es percepción y seguridad. Según las encuestas citadas por la calificadora, el crimen, la inseguridad y la corrupción son las mayores preocupaciones del votante. Una sociedad que vive con miedo es una sociedad que no consume y un empresariado que no expande sus operaciones.
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El retorno a la bicameralidad aparece en el informe como una luz de esperanza para mejorar los contrapesos. Pero seamos realistas: un Senado no hace milagros si la base política está carcomida por la inefectividad. S&P ha mantenido nuestra calificación en BBB- con perspectiva estable, pero el mensaje es claro: si hay un giro hacia políticas que espanten la inversión, el “downgrade” será inevitable.
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El Perú se encuentra en esa zona gris donde el brillo de sus proyectos mineros y logísticos empieza a ser opacado por la sombra de una crisis de mando permanente. El 2026 no será solo una transición de bandas presidenciales, sino el momento en que descubriremos si el país es capaz de producir gobernantes a la altura de sus recursos. Si el sector privado y la sociedad civil siguen mirando este proceso desde la tribuna, corremos el riesgo de que el “piloto automático” finalmente se desconecte, dejándonos en medio de una tormenta perfecta sin nadie en la cabina. La estabilidad no es una herencia, es una construcción diaria que hoy, más que nunca, pende de un hilo.

Magíster en Economía, diplomado internacional en Comunicación, Periodismo y Sociedad, estudios en Gestión Empresarial e Innovación, y Gestión para la transformación. Cuento con más de 15 años de experiencia en el ejercicio del periodismo en medios tradicionales y digitales.







