
Escribe: Pipo Reiser, gerente general de Sinba
Seguir volcando recursos públicos para limpiar lo que no supimos gestionar es, literalmente, tirar el dinero a la basura.
El 6 de enero se declaró en emergencia Carabayllo. Esta vez la causa no fue una ola de extorsiones, sino el abandono total del servicio de recolección de residuos sólidos en el distrito. Esto causó montañas de basura en las calles, que llegaron incluso a invadir las vías públicas, y con ello, riesgos sanitarios y de salud pública por todos lados.
La reciente declaratoria de emergencia en la gestión de residuos de Carabayllo no es un hecho aislado, sino el síntoma de una patología sistémica en nuestra capital. Con calles desbordadas de desperdicios y una emergencia sanitaria de 60 días decretada por el Ministerio del Ambiente, el caso de este distrito nos obliga a mirar más allá del camión recolector y analizar las grietas financieras y estructurales de un modelo que simplemente ya no da más.
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El primer punto crítico es la fragilidad financiera. Se ha reportado que la municipalidad de Carabayllo arrastra una deuda superior a los S/ 10 millones con la empresa operadora del servicio. Esto el reflejo de una desconexión entre la recaudación de arbitrios –que solo tres de cada 10 vecinos pagan– y las fricciones entre municipios acostumbrados a acumular deudas con sus proveedores, y empresas con contratos débiles que no les dan las garantías para sostener sus costos. El reto de recaudación se podría resolver fácilmente anexando, como se hace en otros países como Colombia, el servicio de gestión de residuos a la boleta de un servicio básico como el agua o la luz.
En el Perú pretendemos gestionar los residuos bajo un esquema de “emergencia perpetua”, donde los malos manejos distritales terminan siendo subsidiados por el gobierno central. No es sostenible, ni fiscal ni ambientalmente, que se utilicen recursos de todos los peruanos para “apagar incendios” causados por la incapacidad de gestión local y por un sistema que, desde el origen, es insostenible.
El modelo de gestión fraccionada por distritos es un anacronismo. Lima es una sola unidad logística, pero está dividida en 43 “feudos” que negocian contratos de recolección de manera independiente. Esta atomización impide generar economías de escala, debilita la capacidad de negociación frente a los operadores y condena a ciertos distritos —con menor recaudación— a servicios precarios y contratos sin estabilidad económica.
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Pero el problema real va aún más allá. El verdadero reto es la persistencia del modelo lineal: extraer materias primas, consumir descartables y enterrar “basura” (en realidad, recursos). Los contratos actuales premian el “tonelaje dispuesto”, es decir, se paga por cuánta basura se entierra en un relleno sanitario, no por cuánta se aprovecha. Esto incentiva el desperdicio y desincentiva una gestión sostenible e integral de residuos sólidos.
Si Carabayllo, y Lima en su conjunto, apostaran por una economía circular, esos residuos nunca llegarían al vertedero. Al contrario, se transformarían en valor como abono, materia prima industrial o energía, lo que reduciría drásticamente la contaminación de un sistema que no solo colapsa las arcas municipales, sino también a los ecosistemas que nos rodean, además de generar empleo e industrias localmente.

La emergencia en Carabayllo debe ser el punto de quiebre para transitar hacia una gestión provincial unificada, o al menos por macrozonas, y con enfoque de valorización de residuos. Necesitamos contratos que garanticen predictibilidad financiera, pero que también exijan metas de circularidad.
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Pero tampoco esperemos con los brazos cruzados. No es necesario esperar a que el Estado nos traiga la solución. Existe muchísimo que se puede hacer en casa —y en las empresas– para cambiar esta realidad. Cuestionar y reducir empaques, embalajes y compras innecesarias, segregar los residuos entre lo que se puede aprovechar y lo que no, hacer compost y conectar con proveedores y sistemas local de reciclaje, son acciones podemos empezar hoy y que pueden reducir el desperdicio en hasta 80%.








