
El caballito de totora se lució en uno de los mayores centros del surf mundial, la ciudad australiana de Gold Coast, ubicada al norte del país. Fue en el Roxy Pro Gold Coast, una de las etapas de la World Surf League, el circuito profesional en el que campeonaron los peruanos Felipe Pomar y Sofía Mulanovich, en 1965 y el 2004, respectivamente, así como Piccolo Clemente, en longboard (2013 y 2015). El debut en playas australianas de la ancestral balsa de origen moche ocurrió el 2016, por iniciativa de Roberto Meza ( “El Muelas”), uno de los más comprometidos promotores del surf en el Perú.
Fue una especie de gira, porque el caballito de totora también fue exhibido en la emblemática Bondi Beach, en Sídney, y otras playas de ese inmenso país. Así que el evento realizado por Promperú en febrero de este año, que el Gobierno califica como “novedoso” fue en realidad una “reactivación”, aunque necesaria y oportuna. Y sorpresiva, considerando que la agencia no ha estado tan activa como antaño y no se limitaba a participar en ferias turísticas.
Tanto la gira organizada por Meza como la presentación de Promperú tuvieron como invitado especial al maestro Carlos Ucañán Arzola (“Huevito”), quien construye caballitos de totora en Huanchaco y es respetado por su labor en preservar esa tradición. De hecho, en la reactivación organizada por Promperú elaboró uno y procedió a correr las olas de Gold Coast. Fue en el marco de la World Surfing Conservation Conference (WSCC), evento enfocado en la sostenibilidad de los ecosistemas marinos.
El objetivo principal fue promover las playas del norte peruano y su oferta de aventura, naturaleza y bienestar. En Australia, el surf es uno de los deportes más practicados, a lo que debe añadirse el espíritu aventurero y el gusto por viajar de sus habitantes. A pesar de que no existen vuelos directos desde y hacia el Perú, el año pasado, nos visitaron 34,721 australianos, 27% más que el 2024. Pero para que la promoción genere más turistas, es necesario que también se ponga atención a la oferta, empezando por el transporte.
Habría que empezar la coordinación para implementar vuelos directos, es decir, sin trasbordo. Entre Buenos Aires y Sídney hay 400 vuelos directos a la semana (con escala en Nueva Zelanda), y Argentina recibe a más de 50,000 australianos al año. La conectividad con el norte peruano tampoco es adecuada. A lo que hay que sumar la inseguridad y algo esencial: la provisión de servicios de salud y de información turística. Ojo, si un australiano visita una playa sucia, no volverá.







