
Escenarios. La designación de Kevin Warsh como sucesor de Jerome Powell en la presidencia de la Reserva Federal (Fed), el banco central de EE.UU., trajo revuelo. El último viernes, poco después de que Donald Trump anunciara que se decantó por Warsh para ocupar ese cargo de relevancia para ese país y la economía global, los mercados de metales se precipitaron hacia una vorágine que, en cuestión de horas, se trajo abajo los precios de la plata, oro y cobre, entre otros minerales, a la vez que el dólar se vigorizaba tras una racha de varias semanas de debilidad que acentuaron la caída de 10% que esa divisa acusó contra una cesta de monedas duras en el 2025.
Si bien la elección de Warsh no fue la causante de los estragos en los commodities —como el oro, cuya cotización sufrió su mayor caída diaria en 42 años, o la plata, que marcó su peor sesión en la historia, luego de que estos mismos, además del cobre, estamparan máximos históricos también en enero—, se considera como el catalizador de esos bandazos.
El referido nombramiento fue el detonante del viernes negro de los metales, aunque este ya venía incubándose en semanas previas, pues a los fundamentos reales que apoyaron su escalada, como los crecientes riesgos geopolíticos, debilidad del dólar y su uso para la transición energética y tecnologías ligadas a la IA, se sumó una fuerte corriente especulativa que aceleró los precios y que, con la mínima excusa —en este caso la ascensión de Warsh—, se transformó en una ola vendedora con la que estos oportunistas recogieron pingues beneficios. Aunque esos commodities se recuperaron ayer.
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Kevin Warsh fue el mejor pretexto para la severa liquidación de metales el viernes porque, de todos los candidatos para presidir la Fed, es catalogado como el más hawkish, o menos proclive a bajar las tasas de interés para impulsar la economía. Pese a que desde el 2025 se mostró a favor de acelerar los recortes de la tasa de la Fed, basándose, entre otros argumentos, en que la IA genera eficiencias de productividad que neutralizan presiones alcistas sobre los precios, Warsh tiene una larga trayectoria que, para inversionistas y analistas, lo retrata como un proceloso guardián de la inflación a través de bajas muy conservadoras en las tasas.
Basta decir que, en plena crisis financiera, cuando era gobernador de la Fed y la inflación en EE.UU. era menor a 1% y la tasa de desempleo se acercaba a dos dígitos, manifestó su postura a centrarse más en mantener la tasa de interés para evitar un rebrote inflacionario, que en preocuparse por reanimar la actividad económica.
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Por ello, su elección implicaría, a priori, un menor deterioro del dólar, liquidez menos amplia en los mercados y, por tanto, un entorno no tan favorable para los minerales. Pero con Warsh se abren distintos supuestos, como el de una sujeción a los dictados de Trump o la lealtad a sus principios monetarios que refuerce la autonomía de la Fed. Del desenlace dependerá el contexto externo en que discurrirá la economía peruana, por lo que el BCR y el MEF harían bien en trazar escenarios posibles.







