
El Perú fue el penúltimo país de Sudamérica en legalizar el voto femenino. Fue en 1956, durante el Gobierno de Manuel Odría. Es que en asuntos de derechos civiles, nuestro país siempre ha estado vergonzosamente rezagado. Y ese retraso no se manifiesta únicamente en la política gubernamental sino que también está presente en el mundo empresarial.
Un informe de Aequales –red de organizaciones en América Latina comprometidas con la igualdad de género y la equidad–, que reseñamos en nuestra edición de ayer, da cuenta que mientras en la región el 25% de empresas es dirigido por una CEO, en el Perú ese porcentaje es 15%, cinco puntos porcentuales menos que en el 2022. En cuanto a los directorios corporativos, la participación femenina es 26% en el Perú y 31% en América Latina. En cuanto a la brecha salarial, ha habido una ligera reducción en el país, según el INEI. Pero ellos siguen percibiendo un ingreso promedio superior al de ellas.
En el caso del Estado, aparte de ministerios que tienen que ver con política social, como el de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, y el de Inclusión y Desarrollo Social, la presencia de mujeres es escasa. Por ejemplo, recién en diciembre del 2009, nuestro país tuvo su primera titular del MEF, Mercedes Aráoz. A la fecha, cuatro han ejercido ese cargo, mientras que los hombres se cuentan por decenas; y solo en una ocasión, durante el Gobierno de transición de Francisco Sagasti, tuvimos un gabinete paritario. Para las elecciones generales de abril, de los 36 candidatos a la presidencia, solo cuatro son mujeres. Apenas hemos tenido una mandataria, que sucedió a Pedro Castillo cuando este fue vacado por el Congreso. Dina Boluarte destrozó el argumento de que una mujer puede ser mejor gobernante que un hombre, pues su gestión figura entre las peores que ha tenido el país. También fue vacada.
Este domingo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, aunque por lo visto, en el Perú no hay mucho que celebrar. No está mal que los comercios y servicios, físicos o digitales, se adornen de globos y otros ornamentos de color rosa, pero ese día no fue establecido para verse y sentirse “regia” sino para luchar por la igualdad de género, la equidad laboral y los derechos reproductivos, y en contra de la violencia y el abuso. Y quizás nuestras lectoras se sorprendan del origen socialista de su día (de principios del siglo XX) y que fue reivindicado por el movimiento feminista de los años 60 y 70. Sin embargo, la inclinación política no importa cuando se trata de exigir igualdad de derechos.







