El ministro Pedro Olaechea hizo un balance de lo hecho en el sector pesquero del Perú durante el 2017. (Foto: Difusión)
El ministro Pedro Olaechea hizo un balance de lo hecho en el sector pesquero del Perú durante el 2017. (Foto: Difusión)

PESCA. En la década de 1970, el Perú ocupaba el primer lugar mundial como extractor de anchoveta y productor y exportador de harina y aceite de pescado (que se elaboran con esa especie). El Gobierno de entonces –una dictadura militar–, que controlaba la industria y la exportación harinera, no previó lo que finalmente ocurrió: la euforia provocada por la abundancia condujo a la depredación del recurso y como no se hizo nada para diversificar la producción con valor agregado, el sector se estancó.

Desde entonces hubo intentos por modernizar la pesca, la mayoría encabezados por el sector privado, orientados a reforzar la destinada al consumo humano directo. Un reflejo de ello es que la exportación de procesados –congelados y conservas, principalmente– figura entre los principales rubros no tradicionales.

El Gobierno anterior apuntó al impulso de la acuicultura, un filón que no ha sido explotado adecuadamente, y conformó una mesa ejecutiva que logró avances en la reducción de los trámites burocráticos. El actual, por su parte, comenzó a promover la formalización de los pescadores artesanales y la acompañó con mejoras de algunas caletas.

Pero todos han sido esfuerzos aislados, pues nunca ha existido una política de Estado para la pesca que sea integral, a largo plazo y orientada a contrapesar la participación de la anchoveta, que hoy representa el 60% del PBI pesquero. Es más, algunas de las acciones iniciadas están interrumpidas o caminan muy lentamente. Por ejemplo, no se sabe si lograron formalizarse los 8,000 pescadores previstos –el plazo culminó el 31 de diciembre– o si la mesa de acuicultura continúa reuniéndose.

Quizá los grandes volúmenes de anchoveta extraídos durante el primer semestre del año pasado, y su fuerte impacto sobre la industria y la exportación de harina de pescado, hicieron creer al Gobierno que ya no hacía falta pensar en nada más. Y una vez más, como en los 70, la naturaleza estropeó el optimismo reinante, pues antes del inicio de la segunda temporada de pesca se supo que el recurso no había crecido lo suficiente, pero como ya no tenemos una dictadura, la presión de algunos expertos logró que fuese suspendida.

El sector pesquero tampoco ha crecido lo suficiente. Sigue dependiendo de la misma especie que hace casi medio siglo y el Gobierno no ha sido capaz de articular una política que promueva la diversificación. Si ni siquiera ha sabido reaccionar a tiempo ante escándalos como la contaminación de conservas chinas, tal vez sea ilusorio exigirle que piense a futuro.

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