
El viernes, el JNE proclamó presidenta electa a Keiko Fujimori, de Fuerza Popular (FP), oficializando los resultados de la segunda vuelta –realizada el 7 de junio–, que ganó con una diferencia de 49,641 votos frente a Roberto Sánchez (Juntos por el Perú). El JNE también proclamó electos como primer y segundo vicepresidentes a Luis Galarreta y Miguel Torres. El cargo de vicepresidente ha dejado de ser básicamente decorativo, pues dos de ellos ejercieron la presidencia, el 2018 y el 2022, tras la salida del titular. El primero (Pedro Pablo Kuczynski) renunció porque el Congreso estaba por vacarlo y el segundo (Pedro Castillo) fue vacado por su intentona de golpe de Estado.
Las bancadas de FP tuvieron un rol muy activo en ambos casos, así como en la posterior defenestración de los reemplazantes (Vizcarra y Boluarte), que fueron sustituidos sucesivamente, cada uno, por dos congresistas –ya no había vicepresidentes disponibles–. En total, ocho presidentes en diez años. Todo este caos generó inestabilidad política que se tradujo en incertidumbre empresarial, obligando a la postergación de planes de inversión privada a mediano y largo plazo, lo que afectó la creación de empleos y la producción de bienes y servicios. Y con tantos gobiernos, y nombramientos de ministros, viceministros y demás, no hubo lugar para la aplicación de políticas integrales y duraderas, como por ejemplo para combatir la criminalidad.
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Los empresarios necesitan un entorno relativamente estable y predecible, por eso es que en abril del 2021 y de este año, tras conocerse los resultados de las respectivas primeras vueltas, entraron en pánico y sus expectativas se desplomaron, según la encuesta mensual que realiza el BCR. El temor fue causado por el pase a segunda vuelta de las opciones antisistema. En junio del 2021, tras la segunda vuelta, las expectativas volvieron a caer –se habían recuperado ligeramente en mayo–, pues ya era predecible el triunfo de Castillo.
Pero este año ocurrió lo contrario. La encuesta empresarial del BCR para junio se realizó en la segunda quincena, cuando la victoria de Fujimori se veía venir, y las expectativas mejoraron notoriamente (son seis a 3 meses y otras seis a 12 meses), al punto que todas se ubicaron en el tramo optimista. La postura de Sánchez, incluidas sus amenazas de no respetar contratos y de deshacerse del presidente del BCR, Julio Velarde, era la receta ideal para espantar empresarios, de modo que su positiva visión del futuro inmediato responde a la victoria de Fujimori. El nuevo Gobierno tendrá la responsabilidad de no defraudar al empresariado.







