Tenemos que estar listos con un plan realista para echarle combustible a nuestro vehículo económico. (Foto: Minem)
Tenemos que estar listos con un plan realista para echarle combustible a nuestro vehículo económico. (Foto: Minem)

En los últimos días se publicó la proyección del Banco Mundial sobre el crecimiento económico del Perú, comparada con otros países sudamericanos. Para el año en curso, proyectan un crecimiento del producto del 2.7%, cifra más baja que en los dos años anteriores y mediana en comparación con otros países de la región. Argentina tiene un repunte, Chile parece estancado, junto con Colombia y Ecuador. El único país que tiene un crecimiento económico más fuerte es Paraguay, con más de 4%, y también, obviamente, Guyana, el pequeño país que está en medio de un auge petrolero que está ocurriendo en toda la costa norte de Sudamérica, desde Guyana hasta el norte de Brasil, pasando por Surinam.

Basta con decir que la cifra prevista para el Perú es baja, sobre todo para un país que tiene tantas necesidades de inversión productiva y social (salud y educación) y que se encuentra en un auge de los precios de los principales metales que exportamos: oro, plata y, sobre todo, cobre. Si tuviéramos un país que políticamente aprovechara mejor las circunstancias del mercado mundial, deberíamos estar entre el 4% y el 5% de crecimiento anual del producto bruto interno (PBI).

No nos debe sorprender este desempeño mediocre cuando estamos en medio de un año electoral imprevisible. Parece increíble, pero hemos tenido 35 candidatos presidenciales y en la elección del domingo 12 la cédula electoral le daba al votante la facultad de escoger no solo entre los 35 candidatos presidenciales, sino también entre senadores, diputados y el llamado Parlamento Andino. Y, además, en el caso del Senado, el votante tuvo que escoger no solo a senadores, sino también a un grupo llamado “nivel nacional” y a otro llamado “nivel regional”.

Al escribir esta columna, no conocemos todavía los resultados de la elección, pero sí podemos decir que, para que el Perú siga creciendo económicamente, aunque modestamente, deben seguirse algunos mandamientos o pautas esenciales: 1) Que el siguiente Congreso elimine, como su primer acto, las leyes que en los últimos meses han creado un grave peligro de inestabilidad fiscal, como tuvimos hace cuarenta y cincuenta años, con resultados funestos; 2) Es fundamental que se haga una campaña técnica para mantener la actual alta dirección del Banco Central de Reserva (BCR); no queremos un banco central que imprima dinero para prestarle al Gobierno, que a su vez está agobiado con gastos ilegalmente mandados por el Congreso; 3) Descartar públicamente y con carácter permanente varias de las locuras económicas que proponen algunos partidos políticos, sin entender lo que están haciendo, por ejemplo, la idea loca de usar parte de las reservas internacionales para financiar gastos del fisco, echando a la basura las políticas prudentes fiscales que el Perú ha mantenido en los últimos treinta y cinco años. ¡Fin a la locura!

Los tres puntos señalados son solo para lograr que tengamos un crecimiento económico mínimo. En realidad, debemos buscar uno mucho más dinámico, que esté alrededor del 4% al 5% anual. ¿Cómo lograrlo?

Aunque se dice que la economía y la política en el Perú actual van por “cuerdas separadas”, la verdad evidente es que el desorden y la corrupción que lo promueven están haciendo un daño muy grande a nuestro país. Algunos indicadores de este daño están claramente a la vista: anemia infantil galopante en casi todo el país, sistema educativo público con grandes insuficiencias, gasto fiscal descontrolado, el cual aumentará en los próximos meses con compromisos equivocados del sector defensa y, finalmente, una estructura de gobiernos regionales que no funcionan y generan gastos innecesarios.

Todo esto hace que la productividad, que es la clave del desarrollo, haya bajado estrepitosamente en el último decenio. Y las inversiones que se hubieran podido hacer, sobre todo en sectores productivos, tales como la minería y la agroindustria, se han hecho a un ritmo lento. Hay que correr, el llamado bono demográfico (tasas de natalidad que permiten un crecimiento rápido de la población joven y una expansión lenta y controlada de la población de adultos mayores dependientes) se está acabando en muchos países de América Latina. El momento de actuar es ahora, por eso el gobierno y el parlamento que vengan deben considerarse en emergencia. De otra manera, nos iremos a la mediocridad en el preciso momento en que tenemos la posibilidad de salir adelante.

Claro, no hay que olvidarse de las crisis y vaivenes internacionales que están ocurriendo delante de nuestros propios ojos, elevando fuertemente el precio de los combustibles y frenando la actividad económica internacional. Pero esos problemas pasarán, y tenemos que estar listos con un plan realista para echarle combustible a nuestro vehículo económico, que a veces se parece a un Toyota nuevo y otras, lamentablemente frecuentes, se porta como una carcocha.

Pedro Pablo Kuczynski es expresidente de la República.

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