
1. El discurso de la presidenta Keiko Fujimori constituye un hito importante de su presidencia y nos permite avizorar un cambio de rumbo en la vida institucional, económica y social del país. Sin duda, tras muchos años de zozobra, desorden y oportunidades perdidas, lo anunciado por la mandataria es bienvenido. ¡Enhorabuena!
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2. Algunos políticos y analistas han preferido centrarse en las supuestas ausencias. Es importante notar que estas, antes que un olvido de la presidenta, reflejan lo que les gustaría haber escuchado a los comentaristas en cuestión. Hay que ser consciente de que no se puede complacer a todos y que, en un discurso de 45 minutos, no es posible ni conveniente abarcar todos los puntos de la agenda a trabajar –sobre todo si no se cuenta con toda la información requerida para esto–. Es de esperar que en los próximos meses, el Gobierno precise los detalles de las importantes reformas que se anunciaron y, también, qué es lo que hará en los campos que no fueron tocados en el discurso.

3. El mensaje incluyó muchos elementos de un buen diagnóstico en vez de presentar un relato triunfalista. La presidenta fijó siete objetivos con un cronómetro de 1,826 días y rendición de cuentas ministerio por ministerio. En lo económico, si Elmer Cuba logra traducir esa ambición en indicadores verificables, será una novedad refrescante en un país donde nos hemos acostumbrado a la opacidad estatal y a la falta de rendición de cuentas de los funcionarios públicos.
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4. La señora Fujimori dejó entrever que la reforma del Estado y la promoción de la inversión privada constituirán pilares fundamentales de su Gobierno. Esto es muy positivo, pues transformar el aparato estatal para ponerlo al servicio de los ciudadanos, sobre todo de los más vulnerables, es fundamental para reducir la inequidad en el Perú. Asimismo, promover la generación de riqueza por parte del sector privado es una condición necesaria para progresar de manera sostenida. Ojalá que el Gobierno fortalezca la labor que viene realizando ProInversión en materia de destrabe y promoción de inversiones; es de lo poco rescatable que recibe. También habrá que ponerle la mira a regulaciones innecesarias y contraproducentes, que lo único que logran es empobrecernos y generar más burocracia. Es muy probable que el nuevo Gobierno nos dé más luces al respecto con el pedido de delegación de facultades legislativas.
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5. Sin duda, los anuncios en materia de seguridad ciudadana y de acciones para enfrentar el fenómeno de El Niño resultaban indispensables. Atacar ambos frentes con recursos extraordinarios y facultades delegadas es proteger la actividad productiva de la que dependen millones de hogares. Como en todo, los resultados dependerán en gran parte del liderazgo y esfuerzo de aquellos a quienes se nombre para enfrentar estos problemas. Al respecto, los nuevos ministros y los asesores del Gobierno constituyen una fuente de optimismo.
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6. El balance es auspicioso y ahí está la oportunidad. El cronómetro recién empieza a correr, y varias decisiones importantes todavía están por definirse. El tiempo es corto, pero no hay que apresurarse, hay que hacer las cosas bien. ¡Buena suerte y mucho trabajo!
Carlos E. Paredes es director de Intelfin y profesor de Economía de la USMP.








